Señores, ¿Qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa.
Hechos de los Apóstoles 16: 30-31
Repensar la misión, una reflexión en torno a Pablo y Silas. (Hechos 16: 16-34)
La misión según Dios
A través del relato de Pablo y Silas en Hechos 16, descubrimos que la misión no consiste simplemente en hacer cosas “en nombre de Dios”. Incluso acciones aparentemente correctas pueden no generar verdadera liberación. La misión, desde la perspectiva del evangelio, es mucho más profunda: es una apuesta por la dignidad, la humanización y la transformación real de las personas y sus realidades.
Una liberación que nos confronta
El encuentro con la esclava nos sitúa ante una tensión incómoda. Ella dice la verdad, pero su voz es despreciada. Pablo actúa, pero lo hace desde la irritación, no desde la compasión. Y aunque hay una acción espiritual, no hay una liberación completa: la mujer sigue siendo esclava.
Este momento del relato nos obliga a mirar con honestidad nuestras propias prácticas. Nos recuerda que no todo lo que hacemos en nombre de Dios libera de verdad. Nos invita a discernir no solo nuestras acciones, sino también nuestras motivaciones, y a preguntarnos si realmente contribuimos a transformar la vida de las personas o simplemente a tranquilizar nuestra conciencia.
El miedo que todos conocemos
Pedro no es un villano en el Evangelio. Es, en muchos sentidos, el discípulo más cercano a nuestra experiencia. Quiere seguir a Jesús, pero también quiere protegerse. Ama a su maestro, pero teme las consecuencias de identificarse con él en un momento de peligro.
El relato revela algo profundamente humano: el miedo puede empujarnos a ocultar lo que creemos, a negar aquello que en otros momentos afirmamos con convicción.
En ese patio, iluminado por el fuego de los guardias, Pedro representa la tensión que todos conocemos entre la fidelidad y la autoprotección.
La verdad que no se esconde
En contraste, Jesús no se oculta. Su respuesta al interrogatorio refleja una vida vivida a la luz. No hay doble discurso ni cálculo estratégico. Su autoridad nace precisamente de esa coherencia entre palabra y vida.
El Evangelio de Juan subraya así un tema central: la verdad no es solo una idea, sino una forma de vivir. Jesús encarna una verdad que no depende del reconocimiento de los poderosos ni de la seguridad personal.
Su camino no está guiado por el miedo, sino por la fidelidad a la misión recibida.
Seguir a Jesús en un mundo inseguro
Este pasaje resuena con fuerza en nuestro presente. Vivimos en un mundo marcado por la incertidumbre, la violencia y las dinámicas de poder. En muchos contextos, confesar la fe, defender la dignidad humana o apostar por el Evangelio puede resultar incómodo o arriesgado.
El relato nos plantea una pregunta directa: ¿cómo respondemos nosotros al miedo?
Podemos esconder nuestra identidad, adaptarnos al entorno para evitar conflictos, o podemos intentar vivir con la transparencia del Evangelio, aun sabiendo que la vulnerabilidad forma parte del camino.
Una comunidad de testigos
Para la comunidad de la Església Protestant Sant Pau, este texto es también una llamada colectiva. La iglesia no está llamada a ser una comunidad perfecta, libre de miedo. Está llamada a ser una comunidad que aprende a vivir desde la verdad.
Pedro niega, pero su historia no termina ahí. El Evangelio seguirá narrando su restauración y su envío. La gracia de Dios no elimina nuestra fragilidad; la transforma en lugar de aprendizaje y misión.
Así, el contraste entre Jesús y Pedro no busca humillar al discípulo, sino revelar el camino del Evangelio: un camino de verdad, de integridad y de esperanza.
El coraje del Evangelio
Seguir a Jesús no significa no tener miedo. Significa aprender a no dejar que el miedo tenga la última palabra.
El Evangelio nos invita a reconocer nuestras negaciones, pero también a escuchar la llamada de Cristo a vivir desde la verdad. A ser testigos que, aun en medio de la vulnerabilidad, no renuncian a la luz recibida.
Porque allí donde la verdad se vive con humildad y coraje, el Evangelio sigue abriendo caminos de vida.
Este artículo está basado en la predicación del 15 de marzo de 2026 en la Església Protestant Sant Pau, si quieres puedes visitar nuestro culto
El descubrimiento de una liberación más profunda
La historia da un giro en la cárcel. Las puertas se abren, las cadenas caen, pero Pablo y Silas no huyen. Permanecen. Y es en ese gesto donde sucede el verdadero milagro: la transformación del carcelero.
La liberación de Dios no siempre consiste en escapar, sino en transformar. El carcelero, símbolo del sistema opresor, pasa del miedo a la vida, de la desesperación a la alegría, de la violencia a la hospitalidad. La gracia de Dios no solo alcanza a la víctima, sino también a quien forma parte de la opresión.
Nuestro propio camino
Este relato nos interpela profundamente. Nos cuestiona sobre qué entendemos por liberación y sobre cómo vivimos nuestra fe. ¿Buscamos simplemente evitar el dolor y las dificultades, o estamos dispuestos a que Dios actúe en medio de ellas para transformar la realidad?
También nos invita a revisar desde dónde vivimos: no desde el miedo, el control o la escasez, sino desde una gracia que sostiene incluso en la fragilidad. Una gracia que no nos coloca por encima de los demás, sino que nos hace partícipes de un mismo proceso de transformación.
La misión hoy
Para la Església Protestant Sant Pau, esta palabra es una llamada clara: a vivir una fe que no huye de las “cárceles” de nuestro tiempo —emocionales, sociales y espirituales—, sino que entra en ellas para transformarlas desde dentro.
Es una invitación a ser comunidad que escucha, que discierne con humildad, que reconoce la dignidad de cada persona y que cree que la gracia de Dios puede abrir caminos incluso donde todo parece cerrado.
Una comunidad que entiende que la misión no es escapar del mundo, sino participar en su transformación.
Este artículo está basado en la predicación del 26 de abril de 2026 en la Església Protestant Sant Pau, si quieres puedes visitar nuestro culto


