¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?
Mateo 7: 9-11
Del miedo a la confianza (Mt. 7: 7-11)
«El Dios al que un hombre da culto dicta y determina la conducta de dicho hombre.»
¿Qué imagen de Dios guía nuestra vida? A lo largo de la historia, y todavía hoy, se han transmitido imágenes de un Dios asociado a la guerra, la ira, el castigo o la exclusión. Pero cuando miramos a Jesús descubrimos otro rostro de Dios. lo largo de la historia, muchas personas han aprendido a relacionarse con Dios desde el miedo. Un Dios asociado a la ira, al castigo, a la guerra o a la condena ha marcado la espiritualidad de generaciones enteras. Pero cuando abrimos los evangelios y escuchamos a Jesús, descubrimos una imagen profundamente diferente. Jesús no habla de un Dios lejano y amenazante, sino de un Padre cercano al que llama Abba, una palabra cargada de confianza, intimidad y ternura.
El Padre que cuida de sus hijos
Las enseñanzas de Jesús están llenas de esta convicción. «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis». Si incluso nosotros, con nuestras limitaciones, sabemos dar cosas buenas a nuestros hijos e hijas, cuánto más nuestro Padre celestial cuidará de quienes acuden a Él. El Dios de Jesús no gobierna mediante el miedo, sino mediante el amor; no busca la sumisión de sus hijos, sino su crecimiento, su libertad y su plenitud.
El miedo que todos conocemos
Pedro no es un villano en el Evangelio. Es, en muchos sentidos, el discípulo más cercano a nuestra experiencia. Quiere seguir a Jesús, pero también quiere protegerse. Ama a su maestro, pero teme las consecuencias de identificarse con él en un momento de peligro.
El relato revela algo profundamente humano: el miedo puede empujarnos a ocultar lo que creemos, a negar aquello que en otros momentos afirmamos con convicción.
En ese patio, iluminado por el fuego de los guardias, Pedro representa la tensión que todos conocemos entre la fidelidad y la autoprotección.
La verdad que no se esconde
En contraste, Jesús no se oculta. Su respuesta al interrogatorio refleja una vida vivida a la luz. No hay doble discurso ni cálculo estratégico. Su autoridad nace precisamente de esa coherencia entre palabra y vida.
El Evangelio de Juan subraya así un tema central: la verdad no es solo una idea, sino una forma de vivir. Jesús encarna una verdad que no depende del reconocimiento de los poderosos ni de la seguridad personal.
Su camino no está guiado por el miedo, sino por la fidelidad a la misión recibida.
Seguir a Jesús en un mundo inseguro
Este pasaje resuena con fuerza en nuestro presente. Vivimos en un mundo marcado por la incertidumbre, la violencia y las dinámicas de poder. En muchos contextos, confesar la fe, defender la dignidad humana o apostar por el Evangelio puede resultar incómodo o arriesgado.
El relato nos plantea una pregunta directa: ¿cómo respondemos nosotros al miedo?
Podemos esconder nuestra identidad, adaptarnos al entorno para evitar conflictos, o podemos intentar vivir con la transparencia del Evangelio, aun sabiendo que la vulnerabilidad forma parte del camino.
Una comunidad de testigos
Para la comunidad de la Església Protestant Sant Pau, este texto es también una llamada colectiva. La iglesia no está llamada a ser una comunidad perfecta, libre de miedo. Está llamada a ser una comunidad que aprende a vivir desde la verdad.
Pedro niega, pero su historia no termina ahí. El Evangelio seguirá narrando su restauración y su envío. La gracia de Dios no elimina nuestra fragilidad; la transforma en lugar de aprendizaje y misión.
Así, el contraste entre Jesús y Pedro no busca humillar al discípulo, sino revelar el camino del Evangelio: un camino de verdad, de integridad y de esperanza.
El coraje del Evangelio
Seguir a Jesús no significa no tener miedo. Significa aprender a no dejar que el miedo tenga la última palabra.
El Evangelio nos invita a reconocer nuestras negaciones, pero también a escuchar la llamada de Cristo a vivir desde la verdad. A ser testigos que, aun en medio de la vulnerabilidad, no renuncian a la luz recibida.
Porque allí donde la verdad se vive con humildad y coraje, el Evangelio sigue abriendo caminos de vida.
Este artículo está basado en la predicación del 15 de marzo de 2026 en la Església Protestant Sant Pau, si quieres puedes visitar nuestro culto
La imagen de Dios que moldea nuestra vida
Esta imagen de Dios no es un detalle secundario. El Dios al que una persona da culto acaba modelando también su manera de vivir y relacionarse con los demás. Cuando imaginamos a Dios como un juez implacable, fácilmente terminamos construyendo relaciones marcadas por la exclusión y la dureza.
Cuando descubrimos al Padre revelado por Jesús, aprendemos a mirar a las personas con compasión, paciencia y esperanza.
Una palabra para hoy
Una comunidad que refleja el amor del Padre
En la Església Protestant Sant Pau queremos seguir aprendiendo a vivir desde esa imagen de Dios. Aspiramos a ser una comunidad donde nadie tenga que ganarse el amor de Dios ni el respeto de los demás; una iglesia abierta, acogedora e inclusiva, que anuncie con palabras y hechos que el Padre de Jesús sigue llamando a todas las personas a sentarse en una misma mesa.
Porque allí donde el amor vence al miedo, el evangelio continúa transformando vidas.
Este artículo está basado en la predicación del 14 de junio de 2026 en la Església Protestant Sant Pau, si quieres puedes visitar nuestro culto


