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Vida abundante: una promesa que orienta el camino
Comenzar un nuevo año es también una invitación a discernir. No todo lo que encontramos en el camino da vida. Jesús lo expresa con claridad cuando habla del ladrón que roba y destruye, y de Él mismo como fuente de vida abundante (Juan 10:10). En la Iglesia Protestante Sant Pau —Iglesia Evangélica, Iglesia Cristiana abierta y acogedora— este mes de enero se sitúa ante esa llamada: elegir lo que cuida, restaura y hace crecer.
Elegir lo que da vida
Las dificultades persistentes, los miedos, el cansancio o ciertas actitudes deshumanizadoras pueden desgastar los vínculos y robarnos la esperanza. Frente a eso, Jesús no impone un camino, sino que se ofrece como vida abundante: una vida que nace del amor de Dios y que reconoce la dignidad de todas las personas. Como comunidad, esta invitación anima a no normalizar lo que destruye ni a acostumbrarse a una fe sin consuelo. La gracia abre espacio para volver a respirar y recomenzar.
Cuando Jesús invita a caminar
El primer domingo se leerá Juan 1:35-51. Jesús invita a acercarse y ver. No ofrece respuestas cerradas, sino una presencia y un camino compartido. La vida abundante suele empezar así: con una búsqueda sincera, una palabra sencilla y la decisión de dar un primer paso. La fe se vuelve más clara cuando se camina acompañada, sin prisas y con confianza.
La alegría que transforma lo cotidiano
El segundo domingo meditaremos en Juan 2:1-11. En Caná, Jesús convierte el agua en vino y la celebración recupera la alegría. Este signo recuerda que Dios puede renovar lo sencillo y sostener la vida diaria cuando parece faltarle sabor. La vida abundante no siempre llega en grandes gestos, sino en la capacidad de transformar lo habitual desde la confianza, el cuidado y la gratitud.
Un templo para la vida plena
El tercer domingo reflexionaremos sobre Juan 2:13-25. Jesús limpia el templo y denuncia lo que lo ha convertido en un lugar de negocio. Es una llamada a recuperar lo esencial: la fe no puede quedar atrapada en lo superficial ni en lo que vacía el corazón. La vida abundante también es aprender a distinguir lo que acerca a Dios de lo que distrae y endurece. La gracia abre un espacio nuevo para la verdad y la coherencia.
Nacer de nuevo a la luz
El cuarto domingo se proclamará Juan 3:1-21. En el diálogo con Nicodemo, Jesús habla de nacer de nuevo, de dejarse renovar por el Espíritu. La vida abundante implica abrirse a procesos de cambio, confiar en que la luz puede vencer la oscuridad y aceptar que siempre es posible recomenzar. El amor de Dios no humilla: levanta, sana y vuelve a poner en pie.
Por qué oramos este mes
Este enero oramos con gratitud por todo lo recibido durante 2025 y ponemos el nuevo año en las manos de Dios. Pedimos que 2026 sea un tiempo de crecimiento integral para la comunidad y para cada persona. También oramos para que los espacios de formación y acompañamiento, como los estudios bíblicos, sean lugares donde la vida abundante se haga visible: en la palabra compartida, en la escucha y en el cuidado mutuo.
Vida comunitaria que hace crecer
Durante este mes se retoman los estudios bíblicos y la vida comunitaria continúa reuniéndose en torno al culto semanal. Las predicaciones se comparten también a través de YouTube, para poder escucharlas con calma y seguir profundizando en la fe. Para conocer mejor cómo es el culto, se puede visitar Ven al culto. También es posible seguir las reflexiones en Predicaciones.
Una iglesia que elige la vida
Elegir la vida abundante es un camino que se recorre día a día. Como comunidad evangélica, cristiana y protestante, el deseo es seguir discerniendo, orando y caminando en fidelidad, confiando en que Dios continúa abriendo caminos de vida en medio del mundo. Que este inicio de año sea un tiempo de luz, de gracia y de esperanza compartida.
Este artículo está basado en el boletín de enero de 2026 de la Iglesia Protestante Sant Pau.


