La Luz que ilumina a todo ser humano vino para quedarse en nosotros. Lo queramos o no. Pero pasa el tiempo, y la vamos cubriendo de tierra hasta que nuestras entrañas se convierten en su tumba. ¡Necesitamos resurrección!
La parábola de los dos hijos en Mateo 21 nos pregunta qué hacemos con nuestro «sí» y recuerda que siempre podemos cambiar de rumbo y volver a empezar.
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