Una reforma que sigue viva
Hay aniversarios que nos invitan a recordar el pasado. Otros pueden ayudarnos también a mirar el presente y preguntarnos hacia dónde queremos caminar. Cada 31 de octubre, las iglesias protestantes recuerdan la Reforma, pero hacerlo hoy puede significar algo más profundo que volver la mirada hacia un acontecimiento histórico.
La Reforma nació del deseo de volver a poner la fe en el centro y de preguntarse cómo podía la Iglesia vivir con mayor fidelidad al Evangelio. Esa pregunta continúa abierta. ¿Qué necesita seguir vivo? ¿Qué necesita ser revisado? ¿Qué formas de vivir y comunicar la fe siguen ayudándonos a anunciar a Jesucristo y cuáles necesitan ser transformadas?
Durante este mes de octubre, la Església Protestant Sant Pau quiere acercarse a la Reforma precisamente desde esa perspectiva: con raíces profundas y una mirada abierta. Reformar no significa cambiar por cambiar, sino conservar aquello que da vida y tener la valentía de revisar lo que ya no ayuda a comunicar el Evangelio.
Volver al Evangelio
Una de las intuiciones fundamentales de la Reforma fue recordar que ninguna tradición humana puede ocupar el lugar que corresponde al Evangelio.
Las tradiciones pueden acompañarnos, transmitir memoria y ayudarnos a vivir la fe. Pero también necesitan ser examinadas a la luz de Jesucristo. Una iglesia viva no convierte sus propias costumbres en algo intocable, sino que vuelve una y otra vez a preguntarse qué expresa realmente la buena noticia de Dios en cada tiempo.
Esta actitud no nace del desprecio por lo recibido. Nace precisamente del deseo de cuidar aquello que merece permanecer.
Por eso podemos hablar de una Reforma que sigue viva. No como una ruptura constante con el pasado, sino como una disposición a escuchar, discernir y dejarnos transformar cuando descubrimos que determinadas maneras de hacer las cosas ya no permiten comunicar con claridad la gracia y la esperanza del Evangelio.
La gracia en el centro
La Reforma también nos devuelve a una convicción esencial de la fe cristiana: nuestra relación con Dios comienza en la gracia.
No vivimos intentando demostrar constantemente nuestro valor ante Dios. Vivimos desde la experiencia de sabernos acogidos y amados.
Esta diferencia transforma profundamente la espiritualidad. Cuando la gracia ocupa el centro, la fe deja de ser una carrera para demostrar que somos suficientes y puede convertirse en una respuesta agradecida al amor recibido.
Desde ahí podemos crecer, comprometernos, revisar nuestra vida y aprender a caminar de otra manera. La gracia acoge y, precisamente porque acoge, abre posibilidades de transformación.
Esta manera de comprender la fe forma parte también de quiénes somos como Església Protestant Sant Pau: una comunidad cristiana protestante que quiere vivir el Evangelio desde la gracia, la acogida, la reflexión bíblica y el compromiso con nuestro tiempo.
Creer también significa pensar
La Reforma puso nuevamente la Escritura en manos de la comunidad creyente y recordó la importancia de acercarnos personalmente a la Palabra.
Pero leer la Biblia no significa renunciar al pensamiento. Al contrario, la libertad de conciencia nos recuerda que creer también implica aprender a pensar desde la fe.
Esto requiere una lectura responsable, crítica y abierta de las Escrituras. Una lectura que dialogue con el contexto, que busque comprender y que mantenga a Jesucristo como centro del Evangelio.
La fe madura puede hacerse preguntas. Puede escuchar otras voces. Puede reconocer que nuestra comprensión también crece y necesita ser revisada.
Una comunidad protestante que conserva viva esta herencia no teme las preguntas. Las recibe como oportunidades para profundizar, discernir y buscar con mayor honestidad la voluntad de Dios.
De la esclavitud a la libertad
El primer domingo de octubre nos acercaremos a dos relatos atravesados por la experiencia de amenaza y liberación. El Evangelio recoge Mateo 2:13–15, donde José, María y Jesús deben huir a Egipto, mientras que la lectura de la predicación será Éxodo 14:5–7, 10–14 y 21–29.
En ambos relatos encontramos personas que atraviesan situaciones en las que la vida necesita ser protegida y donde el camino hacia la libertad no resulta sencillo.
El Éxodo ocupa un lugar fundamental en la memoria bíblica precisamente porque recuerda a un pueblo que Dios escucha en medio de la opresión y acompaña hacia una nueva posibilidad de vida.
También las iglesias pueden necesitar recordar de qué esclavitudes han sido liberadas y qué nuevas formas de libertad están llamadas a cultivar.
Una fe que vuelve a sus fundamentos
El segundo domingo escucharemos Mateo 5:17 y nos acercaremos a Éxodo 19:3–7 y 20:1–17.
El texto nos devuelve a la alianza y a los diez mandamientos, a los principios entregados a un pueblo que acaba de experimentar la libertad.
La conexión resulta especialmente sugerente en un mes dedicado a la Reforma. Reformar también puede significar volver a los fundamentos para recordar qué sostenía nuestra fe desde el principio y preguntarnos cómo vivir esos principios en nuestro propio contexto.
La fidelidad no consiste necesariamente en repetir cada forma del pasado. Puede expresarse también en la capacidad de conservar el corazón del mensaje mientras encontramos maneras nuevas de encarnarlo.
Elegir a quién servimos
El tercer domingo el Evangelio será Mateo 4:8–10 y la lectura de la predicación será Josué 24:1–15.
Ambos textos plantean una cuestión de lealtad y discernimiento. Jesús rechaza una propuesta basada en el poder y reafirma que la adoración pertenece a Dios. Josué, por su parte, coloca al pueblo ante la responsabilidad de decidir a quién quiere servir.
La Reforma también puede leerse desde esta pregunta: ¿qué ocupa realmente el centro de nuestra vida y de nuestras iglesias?
Las instituciones, tradiciones y formas religiosas pueden ser valiosas, pero encuentran su sentido cuando permanecen al servicio del Evangelio. Cuando se convierten en un fin en sí mismas, necesitan ser nuevamente examinadas.
Una iglesia donde todas las personas tienen voz
Otra de las grandes herencias protestantes es el sacerdocio universal: la convicción de que la Iglesia no pertenece a una pequeña élite religiosa.
La comunidad cristiana está formada por personas llamadas a participar, discernir, servir y asumir responsabilidad.
Esto implica reconocer que cada persona aporta dones, experiencias, preguntas y miradas que pueden enriquecer a la comunidad. Una iglesia participativa aprende también a escuchar voces nuevas y a reconocer que el Espíritu puede hablarnos a través de personas y experiencias que quizá antes no habíamos sabido escuchar.
Por eso una Reforma que sigue viva necesita comunidades capaces de reconocer errores, aprender y responder a las preguntas de cada generación.
No se trata de perder nuestras raíces. Se trata de tener raíces suficientemente profundas para poder mirar con apertura el mundo que Dios nos invita a servir.
Octubre: un mes para encontrarnos
La vida comunitaria de octubre nos ofrecerá distintas oportunidades para seguir creciendo y compartiendo la fe.
Los estudios bíblicos continuarán cada jueves a las 19:30 h por Zoom, como espacio para acercarnos juntos a la Escritura, preguntar, dialogar y aprender.
El sábado 10 a las 18:00 h tendrá lugar la reunión de jóvenes en nuestra iglesia, y el viernes 30 a las 19:00 h se reunirá por Zoom el espacio Jesús Inclusivo.
Uno de los momentos centrales del mes será el Culto Unido de la Reforma, que celebraremos el domingo 25 de octubre a las 11:00 h en la Església Protestant de Barcelona-Centre, en la calle Tallers, 26. Será una oportunidad para encontrarnos con otras comunidades y celebrar juntos una herencia de fe que continúa invitándonos a volver al Evangelio.
Y cada domingo seguimos reuniéndonos alrededor de la Palabra, la oración, el canto y la comunión. Si quieres conocer cómo vivimos estos encuentros, puedes visitar Ven al culto.
Raíces profundas y mirada abierta
Recordar la Reforma puede ser mucho más que recordar una fecha.
Puede convertirse en una oportunidad para preguntarnos qué necesita seguir siendo reformado en nuestras iglesias, nuestras comunidades y nuestra propia manera de vivir la fe.
Quizá algunas cosas necesiten ser cuidadas porque continúan dando vida. Otras pueden necesitar ser revisadas porque ya no ayudan a comunicar el Evangelio con claridad. Y habrá también caminos nuevos que solo podremos descubrir si aprendemos a escuchar.
Una iglesia reformada sigue siendo una iglesia dispuesta a reformarse.
Con raíces profundas y una mirada abierta, queremos continuar buscando una fe centrada en Jesucristo, alimentada por la Palabra, sostenida por la gracia y vivida en una comunidad donde todas las personas puedan encontrar dignidad, voz y responsabilidad.
Església Protestant Sant Pau, una iglesia cristiana evangélica donde la fe se vive como gracia compartida, acompañamiento y esperanza. Una fe que acoge.
Este artículo está basado en el boletín de octubre de 2026 de la Església Protestant Sant Pau.



