Agua viva: cuidar la creación para que la vida florezca
Hay imágenes bíblicas capaces de hablarnos de esperanza incluso cuando contemplamos una realidad herida. Una de ellas aparece en Ezequiel 47:1–12: del templo brota un río que avanza, crece y transforma todo aquello que encuentra a su paso. Allí donde llega el agua, la tierra vuelve a dar fruto y la vida puede florecer.
Durante este mes de septiembre, la Església Protestant Sant Pau se une al Tiempo de la Creación 2026 bajo el lema «Agua viva». La visión de Ezequiel nos invita a contemplar nuevamente nuestra relación con la Tierra y a reconocer que formamos parte de una creación profundamente interconectada.
El agua, la tierra, los árboles, los animales y las personas compartimos una misma casa. Cuidarla forma parte de nuestra responsabilidad y también de nuestra espiritualidad. La fe puede ayudarnos a mirar la crisis ecológica desde la esperanza activa: reconociendo aquello que necesita restauración y preguntándonos qué cambios, pequeños o grandes, podemos asumir para proteger la vida.
Un río que transforma lo que encuentra
La visión de Ezequiel comienza con una corriente pequeña. El agua sale del templo y va creciendo hasta convertirse en un río suficientemente profundo como para dar vida allí donde antes había esterilidad.
La imagen resulta especialmente significativa porque la transformación se produce a medida que el agua avanza. La vida vuelve a aparecer, los árboles crecen y aquello que parecía incapaz de renovarse encuentra nuevas posibilidades.
También nosotros podemos dejarnos alcanzar por esa imagen. El cuidado de la creación comienza muchas veces en decisiones concretas que, unidas a las de otras personas, pueden producir cambios mayores.
Consumir de manera más responsable, cuidar el agua, reducir aquello que desperdiciamos, proteger los espacios que compartimos o apoyar formas de vida más respetuosas con la Tierra pueden convertirse en expresiones sencillas de una espiritualidad que reconoce la creación como don de Dios.
La esperanza cristiana no nos aparta de la realidad. Puede impulsarnos precisamente a participar en su restauración.
Cuidar la creación es cuidar la vida
La visión de Ezequiel presenta una creación donde todo está relacionado. El agua transforma la tierra, la tierra alimenta los árboles y aquello que vuelve a florecer hace posible también la vida de las personas.
Esta interdependencia nos recuerda que el bienestar humano y la salud de la creación están profundamente unidos. Cuando los ecosistemas se deterioran, las consecuencias alcanzan también a comunidades, familias y personas, especialmente a quienes disponen de menos recursos para protegerse.
Por eso el cuidado de la creación forma parte del compromiso cristiano con la dignidad y con la vida. Cuidar la Tierra es también cuidar a quienes la habitan.
Como comunidad cristiana podemos cultivar una espiritualidad que contemple, agradezca y proteja. Una fe que reconoce el regalo de la creación y que aprende a relacionarse con ella desde el respeto, la responsabilidad y la esperanza.
Este compromiso forma parte también de quiénes somos como Església Protestant Sant Pau: una comunidad que desea vivir el Evangelio de manera comprometida con la dignidad humana, la justicia y el cuidado de la creación.
Relaciones que protegen la vida
El primer domingo de septiembre continuaremos nuestro recorrido por los diez mandamientos con Éxodo 20:12–16.
Después de los mandamientos que orientan la relación con Dios, el Decálogo dirige progresivamente nuestra mirada hacia la convivencia. Aparecen relaciones familiares, el respeto a la vida, la fidelidad y el cuidado de aquello que pertenece a otras personas.
La libertad recibida también se aprende en la manera en que vivimos juntos. Una vida digna necesita relaciones donde podamos reconocer el valor de las demás personas y construir espacios de respeto, confianza y cuidado.
Una humanidad llamada a cuidar el jardín
El 13 de septiembre celebraremos un culto especial del Tiempo de la Creación 2026. La lectura propuesta será Génesis 2:4b–15.
El relato nos sitúa en el jardín y presenta al ser humano dentro de la creación, formando parte de ella y recibiendo la tarea de cultivarla y cuidarla.
Esta imagen dialoga de manera especial con el lema «Agua viva». La Tierra aparece como espacio recibido, habitado y confiado a nuestro cuidado. Nuestra relación con ella puede expresarse desde la gratitud y también desde la responsabilidad.
El culto será una oportunidad para orar, escuchar la Palabra y renovar comunitariamente nuestro compromiso con una creación que necesita cuidado y restauración.
Salir, caminar y convertirse en bendición
El tercer domingo nos acercaremos a Génesis 12:1–9, el relato de la llamada de Abram.
Dios lo invita a ponerse en camino hacia una realidad que todavía desconoce. La promesa está acompañada por una vocación: recibir bendición para convertirse también en bendición.
Esta dinámica puede ayudarnos a pensar nuestra propia fe. La relación con Dios abre caminos que nos llevan más allá de nosotros mismos. Aquello que recibimos puede convertirse en cuidado, servicio, hospitalidad y esperanza para otras personas.
También nuestra relación con la creación puede vivirse desde esa lógica: recibir con gratitud y aprender a devolver cuidado.
La presencia de Dios en medio de los procesos
El último domingo del mes la lectura será Génesis 39:1–23, un momento de la historia de José marcado por cambios profundos y circunstancias difíciles.
El relato acompaña a una persona cuya vida atraviesa situaciones que no ha elegido y muestra cómo la presencia de Dios continúa formando parte de su camino.
También nosotros vivimos etapas en las que resulta difícil comprender hacia dónde se dirige nuestra historia. La fe puede ofrecernos un espacio desde el cual atravesarlas, buscar sentido y continuar caminando acompañados.
La esperanza bíblica no depende de que todo resulte sencillo. Puede crecer también en medio de procesos complejos, sostenida por la confianza y por la presencia de otras personas que caminan a nuestro lado.
Septiembre: un mes para encontrarnos
La vida comunitaria de septiembre tendrá también momentos especiales para compartir la fe y fortalecer nuestros vínculos.
El domingo 13 de septiembre a las 11:00 celebraremos el culto especial del Tiempo de la Creación 2026 bajo el lema «Agua viva», una ocasión para unir oración, reflexión bíblica y compromiso con el cuidado de la Tierra.
Además, el 26 de septiembre tendrá lugar el Día del Presbiterio en la Primera Església Protestant a Rubí, un encuentro entre comunidades pensado para estrechar los lazos fraternales y compartir juntos una jornada de convivencia.
Y cada domingo continuaremos reuniéndonos alrededor de la Palabra, la oración, el canto y la Cena del Señor. Si quieres conocer mejor cómo celebramos y qué puedes encontrar cuando nos visitas, puedes consultar Ven al culto.
Una comunidad atravesada por el agua viva
La imagen con la que comenzamos el mes puede acompañarnos durante todo septiembre: un río que avanza y deja vida a su paso.
También una comunidad puede preguntarse qué ocurre allí donde pasa. Si nuestras palabras cuidan, si nuestras decisiones protegen, si nuestras relaciones permiten que otras personas respiren y si nuestra manera de habitar el mundo contribuye a que la vida pueda seguir floreciendo.
El Tiempo de la Creación nos ofrece una oportunidad para renovar nuestra mirada. Podemos contemplar con gratitud aquello que hemos recibido, reconocer las heridas que necesitan atención y asumir compromisos posibles desde nuestra realidad cotidiana.
Que el agua viva que procede de Dios renueve nuestra mirada y nuestro compromiso, para ser una comunidad que cuida la creación, protege la vida y trabaja con esperanza por su restauración.
Església Protestant Sant Pau, una iglesia cristiana evangélica donde la fe se vive como gracia compartida, acompañamiento y esperanza. Una fe que acoge.
Este artículo está basado en el boletín de septiembre de 2026 de la Església Protestant Sant Pau.


