El pasado lo tenemos delante de nuestros ojos para aprender a no repetir errores, y ¿el presente..? El presente siempre es efímero, siempre es fugaz. A cada instante creamos futuro. Es nuestro destino, ¡crear futuro!
La parábola de los dos hijos en Mateo 21 nos pregunta qué hacemos con nuestro «sí» y recuerda que siempre podemos cambiar de rumbo y volver a empezar.
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