
«¿Qué buscáis?» (Juan 1:38)
Comenzamos el 2026 caminando en comunidad
El primer culto del año, celebrado el 4 de enero de 2026 en la Església Protestant Sant Pau, fue vivido como una apertura sencilla y profunda del nuevo tiempo que comenzamos. No como un inicio marcado por certezas o grandes propósitos, sino como una invitación clara a caminar en comunidad, confiando en que Dios sigue obrando en cada historia.
La alabanza musical nos ayudó a situarnos interiormente en esta actitud: una escucha serena, sin prisa, que nos dispuso a acoger la Palabra no como respuesta inmediata, sino como proceso. Desde el inicio, el culto nos recordó que la fe no se impone ni se acelera; se acompaña.
La fe como camino compartido
La reflexión bíblica, a partir del inicio del Evangelio de Juan, nos situó ante una fe que no nace cerrada ni definida, sino que se despliega en el tiempo. Las primeras personas que siguen a Jesús lo hacen movidas por una pregunta —«¿Qué buscáis?»— más que por una convicción acabada.
En ese relato, creer no significa tenerlo todo claro, sino atreverse a permanecer, a compartir la vida, a dejarse mirar. Jesús no ofrece explicaciones previas; ofrece una experiencia: «Venid y ved». Y esa experiencia transforma poco a poco la manera de estar en el mundo.
Reconocimiento y nombre nuevo
La predicación nos recordó que Jesús ocupa el centro no como idea ni como doctrina, sino como presencia viva. Cuando la fe se desplaza hacia la costumbre, el control o el protagonismo, pierde su orientación. La comunidad cristiana existe para señalar a Cristo, no para señalarse a sí misma.
El texto no idealiza el seguimiento: no todas las personas responden de la misma manera ni al mismo ritmo. Algunas permanecen, otras desaparecen del relato. Y, sin embargo, cuando se produce el encuentro, ocurre algo decisivo: Jesús reconoce, conoce y nombra de nuevo. Como en el caso de Simón, que pasa a ser Pedro. El encuentro con Cristo no borra la historia personal, pero la reinterpreta y abre un futuro nuevo.
Una imagen para acompañar el comienzo del año
La respuesta a la Palabra estuvo acompañada por una imagen: La vocación de San Mateo, de Caravaggio. El cuadro no muestra certezas ni decisiones cerradas, sino un instante de desconcierto y llamada. Mateo parece decir: «¿Yo?». Y ahí, precisamente ahí, comienza la fe.
Jesús no impone nada. Señala. Su gesto es sobrio, casi frágil. Como Juan el Bautista cuando dice: «He aquí el Cordero de Dios». La luz atraviesa la escena sin obligar, iluminando de manera desigual. Algunos permanecen en la sombra; otros empiezan a percibirla. Es el «venid y ved» hecho imagen.
El cuadro acepta la diversidad de procesos sin juzgarlos. No todos reaccionan igual, y eso también es profundamente evangélico. Nuestra tarea no es controlar resultados, sino ser fieles a la invitación.
Una comunidad que acompaña procesos
Este comienzo de año nos recordó que, si la fe es un proceso, la iglesia está llamada a ser un espacio que acoja búsquedas, dudas y ritmos distintos. Acompañar sin forzar, sostener sin controlar, confiar en que Dios sigue obrando incluso cuando no vemos resultados inmediatos.
Tras el culto, compartimos un picapica sencillo mientras, de manera muy simbólica, desmontábamos juntas y juntos el árbol de Navidad. Un gesto cotidiano que marcó el paso de un tiempo a otro, recordándonos que la vida comunitaria se teje también en lo pequeño, en lo compartido, en lo que se hace entre todas las personas.
Así comenzamos el 2026: sin respuestas cerradas, pero con una invitación clara a caminar en comunidad, a dejarnos mirar por Jesús y a seguir diciendo, con humildad y esperanza: venid y ved.
Si quieres profundizar en la vida de la comunidad y en los temas que nos acompañan este mes, te invitamos a leer el boletín de enero.
Algunas imágenes del culto
Compartimos algunos momentos del primer culto del año vivido en comunidad:








