Jesús dice: «Venid y ved». ¿Qué estás buscando?

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La fe como proceso y no como respuesta inmediata

El inicio del Evangelio de Juan no presenta una fe cerrada ni una adhesión inmediata. Presenta un proceso. Personas que buscan, que se acercan con preguntas más que con certezas, y que se dejan atraer sin tener todavía del todo claro por qué. En este relato, la fe no nace de una convicción doctrinal, sino de una experiencia que se va desplegando en el tiempo.

Las primeras comunidades joánicas, a las que se dirige este evangelio, vivían una situación compleja. Experimentaban exclusión, tensiones internas y crisis de identidad. En ese contexto, la fe no podía sostenerse como un sistema cerrado, sino como una relación viva, frágil y comprometida. Juan narra cómo la fe surge cuando alguien se deja tocar por Jesús, incluso cuando aún no sabe poner palabras a lo que está viviendo.

Una pregunta que orienta el camino

La primera palabra de Jesús en este relato no es una afirmación, sino una pregunta: «¿Qué buscáis?». No es una pregunta retórica ni moralizante. Es una pregunta que orienta el proceso y que obliga a mirar hacia dentro. Los discípulos responden: «Rabí, ¿dónde vives?». No preguntan por una dirección física, sino por la posibilidad de habitar con él, de compartir la vida.

En el Evangelio de Juan, «ver» no significa simplemente mirar. Ver es reconocer, comprender, creer. Es dejar que la experiencia transforme la manera de estar en el mundo. Por eso Jesús responde: «Venid y ved». No ofrece una explicación previa, ofrece una experiencia. La fe comienza cuando alguien se atreve a caminar con él.

Jesús en el centro, no como idea sino como presencia

Este texto sitúa a Jesús en el centro del proceso de fe. No como una doctrina que se aprende, ni como un modelo que se imita desde fuera, sino como una presencia con la que se entra en relación. Todo lo demás —estructuras, actividades, tradiciones— solo tiene sentido si ayuda a este encuentro.

El riesgo aparece cuando la fe se desplaza hacia otros centros: la costumbre, la seguridad, el control o incluso el propio protagonismo. El Evangelio recuerda que la comunidad cristiana no existe para mirarse a sí misma, sino para señalar a Jesús, como hace Juan el Bautista: «Ese es el Cordero de Dios». La fe pierde su orientación cuando deja de girar en torno a él.

Un proceso con resultados distintos

El relato no idealiza el seguimiento. Dos discípulos siguen a Jesús, pero solo uno —Andrés— da el siguiente paso. El otro desaparece del relato. La fe no es automática ni uniforme. Cada persona responde desde su momento, su historia y sus límites. Dios respeta esa libertad, aunque eso implique caminos incompletos o silencios que no se explican.

Andrés, en cambio, comparte una experiencia sencilla: «Hemos encontrado al Mesías». No lo demuestra ni lo explica todo. Lo comparte. Y lleva a su hermano Simón hasta Jesús. En ese encuentro ocurre algo decisivo: Jesús lo mira, lo conoce y lo nombra de nuevo. Cambiar el nombre es tocar la identidad. El encuentro con Jesús no deja intacto a quien se abre a él.

Buscar, acoger y acompañar procesos

Este texto invita a una mirada honesta sobre la vida comunitaria. Si la fe es un proceso, la iglesia está llamada a ser un espacio que acoja búsquedas, dudas y ritmos distintos. No todas las personas avanzan igual ni llegan al mismo lugar. Acoger implica paciencia, humildad y la renuncia a imponer itinerarios únicos.

Jesús no exige certezas previas ni corrige de entrada las preguntas incómodas. Acompaña, dialoga y permite que la experiencia madure. Esa actitud interpela también a la comunidad cristiana hoy: acompañar sin forzar, sostener sin controlar, confiar en que Dios sigue obrando en cada historia.

¿Qué estás buscando?

La pregunta sigue abierta. ¿Qué se busca cuando se participa en un culto? ¿Qué se busca al formar parte de una comunidad? ¿Qué se busca en la vida de fe? El Evangelio no ofrece respuestas cerradas, pero sí una invitación clara: volver a Jesús, permanecer en él y dejar que su presencia transforme la manera de vivir.

La fe no es un punto de llegada, es un camino. Un camino que se recorre con otros, con dudas, con momentos de claridad y también de silencio. Y en ese caminar, Jesús sigue diciendo: «Venid y ved».

Si deseas acercarte o conocer más de cerca la vida comunitaria, puedes encontrar información sobre el culto y los encuentros en la página Ven al culto. También puedes ver la predicación completa en el canal de YouTube.

Iglesia Protestante Sant Pau, una iglesia cristiana evangélica donde la fe se vive como gracia compartida, acompañamiento y esperanza. Una fe que acoge.

Este artículo está basado en la predicación del pastor Ismael Gramaje, compartida el 4 de enero de 2026 en la Església Protestant Sant Pau.

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