El celo por tu casa me consumirá
Juan 2:17,
El episodio de Jesús en el templo es uno de los relatos más conocidos del Evangelio. Sin embargo, leído desde el Evangelio de Juan, adquiere una profundidad que va más allá de la imagen de una purificación puntual. No se trata solo de una denuncia concreta, sino de una revelación sobre quién es Jesús y qué significa realmente encontrarse con Dios.
El texto de Juan 2:13–25 invita a mirar con atención cómo la fe puede deformarse cuando pierde su centro, y cómo Jesús irrumpe para devolver sentido, dignidad y verdad a la experiencia espiritual.
Un gesto profético que denuncia un sistema
Cuando Jesús entra en el templo y expulsa a quienes comerciaban con animales, no está rechazando el templo como espacio sagrado. Su gesto es profundamente simbólico y profético. El lugar destinado al encuentro con Dios se había convertido en un mercado donde la fe era manipulada y explotada, especialmente a costa de las personas más vulnerables.
El sistema religioso, pensado para acompañar la búsqueda espiritual y la reconciliación, había derivado en una estructura que priorizaba el beneficio y el control. Jesús se opone a esta perversión porque vacía de sentido la relación con Dios y convierte la espiritualidad en una carga.
La casa de Dios y la dignidad de las personas
El templo debía ser un espacio de comunión, oración y restauración. Allí el pueblo acudía para pedir perdón, buscar orientación y expresar su confianza en Dios. Sin embargo, la convivencia entre autoridades religiosas y mercaderes había normalizado prácticas que deshumanizaban la fe.
La denuncia de Jesús no es violenta ni arbitraria. Su oposición es clara, pero orientada a proteger la dignidad de quienes se acercaban con una fe sencilla. Cuando la religión deja de servir a las personas y comienza a servirse de ellas, pierde su razón de ser.
Jesús se revela como el verdadero templo
En el Evangelio de Juan, este episodio aparece al inicio del ministerio de Jesús. No es casual. Juan sitúa aquí una afirmación central: Jesús no solo denuncia un sistema religioso, sino que se presenta como el nuevo lugar de encuentro con Dios. Cuando habla de la destrucción y reconstrucción del templo, el texto aclara que se refiere a su propio cuerpo.
Con esta imagen, Juan proclama que la presencia de Dios ya no queda vinculada a un edificio ni a un sistema ritual. En Jesús, Dios se hace accesible. Él es la Palabra que se hace carne y pone su tienda entre las personas. Toda mediación que pretenda apropiarse del acceso a Dios queda cuestionada.
Una llamada a la responsabilidad de la comunidad
Este texto interpela también a la vida de la iglesia hoy. La fe vivida en comunidad es algo serio y frágil a la vez. Allí donde se pierde la vigilancia comunitaria, pueden reaparecer dinámicas de abuso económico, emocional o espiritual. Ninguna tradición ni forma eclesial está libre de este riesgo.
La comunidad cristiana está llamada a cuidar que su vida responda al proyecto humanizador del Evangelio. La transparencia, la corresponsabilidad y la centralidad de Jesús no son añadidos opcionales, sino expresiones concretas de una fe que quiere ser fiel a su origen.
Recordar para vivir una fe que transforma
El texto subraya que los discípulos “recordaron” las palabras de Jesús después. En la espiritualidad de Juan, recordar no es un ejercicio intelectual ni una repetición piadosa. Es una acción del Espíritu que permite releer la vida, la historia y la comunidad desde la luz de Cristo resucitado.
Recordar es dejar que la fe se encarne, que cuestione inercias, que despierte responsabilidad y compromiso. Es vivir el Evangelio como una experiencia viva que humaniza, restaura y abre caminos de esperanza.
Para más información sobre el culto y la vida comunitaria, está disponible la página Ven al culto.
Església Protestant Sant Pau – Una fe que acoge.
Este artículo está basado en la predicación del 18 de enero de 2026 en la Església Protestant Sant Pau.


