Habitar en familia, o el hogar de Dios

Dios hace habitar en familia a las personas desamparadas” (Sal. 68:6a)

La soledad hace enfermar a las personas que la sufren. El sentimiento de soledad al que me refiero es un sentimiento de desamparo actual, y de angustia ante la prospectiva que trazamos. La experiencia de soledad y desamparo nos acongoja y cierra las puertas a la esperanza, incapacitándonos para cargar y encargarnos de la vida.

Sin embargo, Dios, desplegando su asombrosa gracia, nos salva, nos hace habitar en familia (Sal. 68:6a). El sentimiento de soledad y desamparo se disuelve en la experiencia de salvación. Somos salvados de nuestro infausto presente y de los posibles nubarrones que en el futuro pudiéramos otear. La enfermedad originada en el desamparo cede. ¡No estamos solos! Nuestra peregrinación al otro mundo posible es en familia, en una parentela compuesta de hermanas y hermanos que están los unos por los otros al cien por cien. Y así, en el hogar de Dios, vivimos seguros hasta la eternidad. ¡Ese es el deseo del Dios de Jesús para cada uno de nosotros!

De forma abrupta suspendo mi escrito preguntándome, “¿será una ensoñación lo que escribo..?” Espero en la gracia de Dios que no sea así.

Selah

¡Tened un bendecido cuarto domingo de adviento!

Ignacio Simal, pastor de Betel + Sant Pau

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Foto: Sasha Freemind en Unsplash

Mediadores del amor sanador de Cristo

sanidad«Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo; y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad […] Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios.» (Lc. ‭13:10-13‬)

Es causa de gran tristeza -para los corazones acompasados al corazón de Dios- observar como en los espacios donde debiera experimentarse la sanidad del espíritu existan enfermos de las entrañas, sin esperanza de remisión.

El espacio donde Cristo, según su promesa, se hace presente (Mt. 18:20) es lugar privilegiado para la sanidad del alma. Es donde los creyentes, como sacerdotes los unos de los otros, median el perdón de Dios a través del amor, el abrazo y la acogida.

La sanidad del espíritu acontece mediante la confesión de nuestras luchas, pecados y debilidades los unos a los otros, sabiendo que el amor cubre multitud de pecados y siempre se apega a la discreción de lo escuchado. No en vano leemos en las Escrituras (Stgo. 5:16) que debemos confesarnos nuestras ofensas unos a otros, y orar unos por otros, a fin de ser sanados. A fin de cuentas creemos con todas la fuerzas que nos concede la gracia de Dios, que la oración eficaz del justo puede mucho.

El espacio donde los creyentes, junto al Espíritu del Resucitado, se encuentran, es lugar de salud y fortaleza, donde recibimos socorro y ánimo a fin de perseverar en la fe y en el amor. Como también dicen los textos sagrados, «considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras» (Heb. 10:24).

¡Ser iglesia es ser un espacio de libertad, perdón y sanidad del alma!

Soli Deo Gloria

Ignacio Simal, pastor

No es bueno que el ser humano esté solo – ¡Descarga el Boletín de octubre!

no es buena la soledad
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Sabes de dolores. Sabes lo que es sentirte por dentro como alguien al que la faltan las fuerzas (Sal. 88:5b). Sabes lo duro que es llevar el dolor en una soledad envuelta en silencio. Sí, cuantas veces no te habrás dicho, «a Dios imploro ánimo y fuerza, en Él espero». Pero bien sabes que ya Dios dijo y nos advirtió, desde la noche de los siglos, que «no es bueno que el ser humano esté solo». Por eso su gracia nos introdujo -nos introduce- en su familia, para que por fin no nos falte nunca una mano amiga que nos abrace, ni unos oídos que escuchen nuestro dolor, y mientras nos escuchan no dejemos sentir en nuestro pecho su abrazo. Vivir nuestra fragilidad y lágrimas en comunidad es una experiencia profundamente sanadora, ¡lo sé!

«No es bueno que el ser humano esté solo», dijo Dios en el principio. No te escandalices si digo que mi soledad y Dios no son suficientes para sanar el dolor que siempre nos acecha. De ahí que Dios, reitero, nos hiciera parte de una comunidad. La comunidad de fe nunca, nunca, debiera ser terreno hostil para aquel, para aquella, que siente en toda su radicalidad su propia fragilidad. Debe ser el espacio más adecuado para confesar unos a otros nuestros sentires y dolores. Y Dios, siempre bueno, se hace presente en medio nuestro. ¡La gracia de Dios en forma de comunidad siempre está presente! Al menos ¡eso espero!

Sola Gratia. Soli Deo Gloria

Ignacio Simal, Pastor de Betel+Sant Pau

 

La hora es grave

«Los días son malos» (Ef. 5:16b)

Sí, la hora es grave. Siempre y en todos los tiempos ha sido grave. Creo que fue Salvador Pániker el que dijo que el mundo siempre ha pensado de sí en clave de crisis. También las iglesias. Por eso afirmo que la hora es grave, siempre ha sido grave. Y de ahí salto a la conclusión de que las palabras de esperanza se nos quedan pequeñas por insuficientes. Se nos quedan pequeñas a los que nos confesamos cristianos y al resto de las personas que no lo son. Lo necesario en esta hora es la proclamación de la esperanza encarnada en comunidades que se reúnen y se alientan en torno al Espíritu de Jesús Resucitado. Esa es la misión de las iglesias, la encarnación de la esperanza.

Solo Cristo. Sola fe. Sola gracia.

Ignacio Simal, Pastor de Betel+Sant Pau

 

La gracia, fundamento del mundo distinto

«Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores?» (Mc. ‭2:16‬)

AcogidaLa comunidad cristiana, reunida en torno a la mesa de Jesús, es la casa del Dios de toda gracia. En ella hay lugar para aquellas personas que las que se consideran «justas» y «sanas» en cuerpo y alma las colocan en el paquete de «las otras», las transgresoras impenitentes de la ley divina. En la mesa de la casa de Dios los primeros lugares están reservados para ellas.

Ya nos enseñó nuestro Maestro «que los publicanos y las rameras van delante de [los justos y sanos] al reino de Dios.» (Mt. ‭21:31‬)

Soli Deo Gloria

Ignacio Simal, pastor de Betel+Sant Pau

Las iglesias ¿signo del mundo distinto en medio de la historia?

«El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Mc. 1:15)

El centro de la buena noticia (Evangelio) de Jesús es la presencia del mundo distinto, según Dios, en medio de la historia. Solo la experiencia de ese otro posible (el reino de Dios se ha acercado) es la condición de posibilidad de que las personas caigan en la cuenta de que debieran dar otra dirección a su vida (arrepentimiento), y comprometieran su existencia con la buena noticia de Jesús (creer en el Evangelio).

Solo la manifestación del Espíritu y el poder de Dios a través de comunidades que visibilizan mundo distinto es lo que es capaz de persuadir a las personas a encauzar sus existencias a través del camino de Jesucristo (1Cor. 2:1-4). Solo cuando la santidad es entendida como separación del Imperio para hacer “contraimperio” es revolucionaria y trastoca el mundo no-distinto en el que nos movemos (Hch. 17:6).

De ahí que la pregunta que toda comunidad cristiana debiera hacerse constantemente, a modo de examen de conciencia, es: ¿qué signos-rastros del mundo distinto según Dios (reino de Dios) se palpan en su espacio? Ahí está el meollo de la cuestión que responderá acerca de nuestra fidelidad al camino de Jesucristo, al Evangelio de Dios.

Ignacio Simal, pastor de Betel+Sant Pau

Dónde se manifiesta el poder de la Cruz

El poder del Dios de Jesús y la radicalidad del Evangelio se ponen de manifiesto, especialmente, en el vigor de la vida interna de las comunidades cristianas. Tal vez, en ningún otro espacio se muestran tan claramente como en las comunidades que son de la fe de Jesús. De ahí que a través de la predicación del Evangelio se pone de manifiesto (en las comunidades de fe) la reconciliación obrada en la cruz de Cristo: ¡la Palabra de la cruz es poder de Dios en los que transitan el camino de salvación del sistema «imperial»! De otra forma haríamos vana la cruz de Cristo (1Cor. 1:17,18).

Soli Deo Gloria

Ignacio Simal, pastor de Betel+Sant Pau