Sí, la gracia de Dios siempre es asombrosa

«El hermano mayor se irritó al oír esto y se negó a entrar en casa. Su padre, entonces, salió para rogarle que entrara.» (LUCAS 15:28 BLP)

Así fue, el hijo mayor, irritado, no quiso entrar en la casa de donde surgían cánticos de fiesta, la casa de la reconciliación universal. Sin embargo, el padre bueno, el padre misericordioso, salió a rogarle que entrara. Él se negó en redondo. Su pureza le impedía entrar a una casa contaminada por personas de pasado obscuro, pero acogidas y abrazadas por el padre de toda gracia y misericordia.

El padre bueno y misericordioso de la parábola señalaba -y señala- a un Dios que rompe con todas las convenciones sociales y religiosas. Un Dios que abraza al “hijo pródigo”, haciéndole participar de la fiesta, y un Dios que, al mismo tiempo, ruega al “hijo irritado” que participe de su alegría. ¡Dios convoca a todos a la fiesta de la reconciliación! La reconciliación tanto de lo que está el cielo, como de lo que está en la tierra. Sí, la gracia de Dios, como canta el viejo himno, siempre es asombrosa.

Ignacio Simal

Tristeza e impotencia

Bombardeados en Siria, abandonados por Turquía, gaseados en Grecia: Europa vuelve a fallar a los refugiados”, rezaba el titular de un diario digital. Tristeza e impotencia del ciudadano y la ciudadana medianamente sensibles ante lo que Europa está haciendo y dejando de hacer ante los millares de refugiados que pusieron su esperanza en ella.

Y es que la injusticia y la falta de equidad campean a sus anchas por la tierra. ¿Poner más nombres a las injusticias que están ocurriendo? ¿Acaso no las conocemos..?

Sed, sentimos sed a raudales. Sed de una justicia superior que devuelva la historia a las manos de las mujeres y hombres de buena voluntad; esos hombres y mujeres del sentido común y del mundo distinto.

Por ello, con el poeta hebreo de la antigüedad, decimos: «Estamos sedientos de Dios, del Dios vivo, ¿cuándo llegaremos a ver el rostro de Dios?» (Sal. ‭42:3‬ ‭BTI‬‬).

Ignacio Simal

Las puertas del cielo son enemigas de las prisas

“Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta. Y tuvo gran hambre, y quiso comer; pero mientras le preparaban algo, le sobrevino un éxtasis; y vio el cielo abierto…” ‭‭Hechos‬ ‭10:9-11‬

Las puertas del cielo son enemigas de las prisas. Y nosotros, pobres humanos de vida corta, tenemos prisa. Y claro está, constantemente estamos golpeando el picaporte del cielo, esperando que el que está al otro lado responda a nuestra insistencia. Pero no, la ley del Espíritu no funciona a fuerza de insistencia y espera. Más bien, y curiosamente, las puertas del cielo se abren cuando ya no esperamos que nadie nos atienda. Así el apóstol Pedro, mientras realizaba su rutinaria oración del mediodía, sintió hambre, y cuando esperaba el ansiado alimento, sucedió lo absolutamente inesperado: le sobrevino un ”éxtasis”, y vio las puertas del cielo abiertas. Así es la experiencia del Espíritu, cuando dejas de insistir y esperar es cuando, de repente y de improviso, te sentirás envuelto en su viento. Y así, sin prisas, sin insistencia, sin método ni estrategias, se abren las puertas del cielo ante nuestros ojos.

-Ignacio Simal

El abrazo inclusivo de Dios

Si la iglesia no es la encarnación del abrazo inclusivo de Dios hacia todos los seres humanos y, al mismo tiempo, el grito de protesta en medio de un mundo injusto y falto de equidad, traiciona su misión y el evangelio que anuncia, y deviene en pura y dura ideología.

Ignacio Simal

“Cuando la Palabra nos sale al encuentro en un autobús”

Mientras viajo en autobús, de regreso a casa, observó la carretera y la noche. Su combinación hace que las luces de los coches se me asemejen a estrellas fugaces que se cruzan conmigo, o que me adelantan. Una de las canciones que me acompaña en este momento es “Tonight”, de Sibylle Baier.

Decido dejar de leer el libro que estoy leyendo, para pasar a leer un par o tres de salmos. Me quedo absorto en el salmo 106. Merece la pena leerlo y meditarlo por entero. Pero uno de sus versículos llama poderosamente mi atención. Me detengo, y vuelvo a leerlo: “El Señor los libró muchas veces, pero ellos se obstinaron en su idea, se hundieron en su propia culpa” (Sal .106:43 BTI).

Ante su repetida lectura, me digo: Dios mío, ¡cuántas veces nos has librado de la desdicha y de la pena! Sin embargo parece que siempre nos hallamos en el mismo lugar cuando los problemas azuzan nuestra existencia. Sí, nos obstinamos en la idea de que tú, el Dios que derrocha generosidad y gracia, se ha ausentado de nuestra vida. Y nos hundimos en nuestra propia culpa, en nuestra falta de fe. Quė pronto olvidamos esas actuaciones tuyas que, en el pasado, nos liberaron del peligro e iluminaron nuestro rostro.

Señor, ¡gracias! Gracias, porque a pesar de nuestra obstinación, miras de frente nuestra angustia, recuerdas tu Alianza, y te compadeces de nosotros (Sal. 106:45,46). ¡Tan inmenso amor nos tienes!

El autobús sigue su carrera llevándome de nuevo a casa. Sigo viendo “estrellas fugaces” que se cruzan conmigo, o me adelantan. Sibylle Baier sigue cantando para mí. Y mi corazón está agradecido, muy agradecido por esa Palabra que nos sale al encuentro cuando menos los esperamos.

Soli Deo Gloria

Ignacio Simal, 2005

Tiempo de cuaresma, tiempo de reflexión

Hoy, gran parte de la cristiandad celebra el “miércoles de ceniza”. Pórtico que da inicio al tiempo litúrgico de Cuaresma. Un tiempo en el que se nos invita a la reflexión en los caminos por los que discurre nuestra existencia.

Hacemos memoria de la “multitud de testigos” que nos precedieron (Heb. 12:1). Nos invitan a correr “con perseverancia la carrera que tenemos por delante”. Especialmente fijamos nuestra mirada en Jesús, ”el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien, por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios” (‭‭Heb. ‭12:2‬ ‭NVI‬‬). Considerar su vida, nos hace recuperar el resuello, dejar a un lado el cansancio y animarnos a su seguimiento en el camino de la cruz. Sabemos que su cruz, al igual que la nuestra, se resuelve en la experiencia de la resurrección.

Hermanos, hermanas, reflexionemos en los caminos por los que discurre nuestra existencia, y de ser necesario, recompongamos nuestra vida. ¡La gracia de Dios nos auxilia!

-Ignacio Simal

Cuando se desbordan las aguas…

«Por eso todo fiel te implora en los momentos de angustia; y aunque a raudales se desborde el agua, no les podrá dar alcance.» ‭‭Salmo ‭32:6‬ ‭BTI‬‬

No me cansaré de decir y/o escribir sobre la importancia de fortalecer nuestro ser interior. Es en el recinto de nuestro espíritu donde se inician y consuman tanto las victorias como los fracasos existenciales, cuando “a raudales se desbordan las aguas” a nuestro alrededor. Que éstas alcancen nuestra interioridad dependerá de nuestra fuerza y resiliencia, y ello no se consigue de la noche a la mañana. Lo sabéis, lo sabemos. De ahí que, reitero, nos conviene implorar constantemente el nombre de Jesús, el Cristo. Y lo debemos hacer, especialmente, en los tiempos de bonanza, pues en ellos nos preparamos para cuando se “desborden las aguas”. De hacerlo así, la calamidad solo afectará la superficie, no al centro neurálgico del ser humano, es decir a su espíritu. Así, con el salmista, podremos decir, “aunque se desborden a raudales las aguas a nuestro alrededor, éstas nos nos alcanzarán”. La gracia del Espíritu obrando en nuestro espíritu nos sostendrá. En ello nos alegramos, ¡aleluya!

Ignacio Simal

En momentos críticos, no pienses, “todo está perdido”; ya que no es así, no todo está perdido. ¡Huyamos del catastrofismo existencial! La gracia de Dios posibilita nuevos comienzos, la gracia hace posible infinitas resurrecciones existenciales.

Huellas de la gracia de Dios

Siete veces cae el justo

Caemos una y otra vez, y otras tantas veces nos levantamos. La persona justa se sabe envuelta en yerros. Ya nos dirá la sabiduría que “siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse” (Pr. 24:16). La experiencia vital nos lo confirma.

De ahí que decir, o dar la impresión, de que nunca erramos, es hacer a Dios mentiroso, pone en evidencia que no hay verdad en nosotros, y que la Palabra no es la brújula que encamina nuestra existencia, viviendo así engañando, y engañándonos, hiriendo e hiriéndonos (1 Jn. 1:8-10).

Las personas justas, al saberse envueltas en yerros, son profundamente misericordiosas con los errores ajenos, y sus palabras siempre funcionan como buen ungüento sobre los corazones heridos.

-Ignacio Simal

Intolerancia

“La intolerancia no es sólo un pecado del conservadurismo eclesial, sino también del progresismo” (F.J. Vitoria Cormenzana)