Corrección envuelta de misericordia

«Que el justo por amor me corrija y me reprenda…” SALMOS 141:5 BTI

Que una persona justa se nos acerque con un corazón vestido de amor y nos corrija siempre será una bendición para nuestra existencia, ya que su corrección estará encauzada por palabras llenas de misericordia. Y la misericordia en la corrección mutua es la condición “sine qua non” para lograr la sanidad de la persona confrontada. La corrección misericordiosa es auténtica medicina restauradora: nos hace regresar al camino de la verdad, nos salva y nos perdona (Stgo. 5:19,20).

Soli Deo Gloria

Ignacio Simal, pastor de Betel + Sant Pau

Jesús nos sacó a un lugar de abundancia

«Hiciste cabalgar hombres sobre nuestras cabezas; pasamos por el fuego y por el agua, pero tú nos sacaste a un lugar de abundancia» (Salmos 66:12 LBLA)

Algunos de nosotros, antes de que Jesús saliera a nuestro encuentro, tuvimos que navegar por el océano de la existencia no sin enfrentarnos al misterio del significado de la vida. Tal vez pasamos por «fuego», tal vez atravesamos aguas tumultuosas, pero el Jesús que nos convocaba, nos sacó «a un lugar de abundancia».

La abundancia, en este momento vestida de sobriedad, la hallamos en la compañía de hermanos y hermanas. Ellos, ellas nos ofrecieron sus vidas para hacerlas una junto a la nuestra. También nos introdujeron en el arcano de las enseñanzas de Jesús que nos acercaron al significado de la vida. De nuestra vida. Ello nos permitió acceder al «para qué» de la existencia: estamos aquí par dar testimonio de que otro mundo, es posible aquí y ahora. Un mundo que podemos crear aquí y ahora por la gracia del Dios que nos mostró el Galileo.

Llegará el tiempo -no atisbo el «cuándo»- en el que nos alegraremos en la consecución final de este mundo como un lugar de abundancia, ya desvestido de sobriedad, en el que todos los seres humanos no necesitaremos expresar dolor, ni gemido, por la ausencia de justicia.

En cualquier caso, disfrutemos y compartamos lo poco o mucho que tengamos a fin de construir, experimentar y confesar que Dios hizo «cabalgar hombres sobre nuestras cabezas; pasamos por fuego y por el agua, pero [Él] nos sacó a un lugar de abundancia».

Soli Deo Gloria

Ignacio Simal, pastor de Betel + Sant Pau

Alzheimer, una muestra pictórica

alzheimer

Jordi Bretcha, artista plástico y miembro de nuestra comunidad, presentará y expondrá en nuestra iglesia una muestra de su obra pictórica “Alzheimer”. Hasta el mes de enero (2018), la muestra se podrá visitar en la “Església Protestant Betel+Sant Pau”, los domingos de 11:00 a 13:00 horas, La inauguración de la muestra se celebrará el próximo 19 de noviembre, domingo.

En el encuentro personal con Jesús de Nazaret no hay palabras de recriminación

«Tú, Dios, no rechazas el corazón dolorido y humilde.» SALMOS 51:19b BTI

Dios no utiliza los errores que hallamos cometido para estar constantemente recordándonoslos, o hacer chantaje emocional con ellos. Al menos ese no es mi dios, y espero que tampoco el tuyo. Confío en que seamos capaces de aprender de la conducta manifestada en Jesús de Nazaret. Una conducta de acogida misericordiosa a los considerados «enfermos y pecadores».

En el encuentro personal con Jesús de Nazaret no hay palabras de recriminación, sino de acogida. Tan sólo escuchamos una palabra: ¡Sígueme! Dios no rechaza a la persona con un corazón dolorido y humilde ¡en absoluto! Dios no añade dolor al dolor, exclusión a la exclusión, lágrimas a las lágrimas… Me viene a la memoria en este momento una narración evangélica que es paradigmática en relación con lo que estoy diciendo. Es la historia protagonizada por Zaqueo, un recaudador de impuestos:  «Al llegar Jesús a aquel lugar, miró hacia arriba, vio a Zaqueo y le dijo: — Zaqueo, baja en seguida, porque es preciso que hoy me hospede en tu casa. Zaqueo bajó a toda prisa, y lleno de alegría recibió en su casa a Jesús» (Lc. 19:5-6 BTI). Y es que el Evangelio que hemos conocido tiene solamente un centro, y lo denominamos «gracia», no «ley».

Soli Deo Gloria

Ignacio Simal, pastor de Betel + Sant Pau

Lo que cuenta es el corazón

Lo que distingue al auténtico judío es su interior, y la auténtica circuncisión es la del corazón, obra del Espíritu y no de reglas escritas. Y no serán los seres humanos, sino Dios, quien la alabe.” Ro. 2:29 BTI

Lo que cuenta es el corazón, el interior del ser humano. No tanto su pulcritud a la hora de cumplir con reglas escritas (letra). Lo que distingue a alguien que confiesa a Jesucristo del que no, es su interioridad. Y ello sólo lo conoce Dios y el propietario del corazón en cuestión.

Si uno se considera interiormente superior al resto del género humano, ¡tiene un problema! Un problema que debe resolver inmediatamente si realmente desea ser integro a la manera cristiana. Debe iniciar un peregrinaje interior que le conduzca, entre otras cosas, a una limpia conciencia, a la misericordia, a sentir hambre y sed de justicia, a la mansedumbre y a la paz (Mt. 5:1ss). No en vano nos enseñará Jesús de Nazaret que “lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre» (Mt. 15:18). Y también: “El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas» (Mt. 12:35). Todo lo que podemos llegar a ser en aras del mundo nuevo de Dios y su justicia se decide en el corazón.

Debemos considerar como único tesoro de nuestra vida la búsqueda incesante de la justicia, fiel compañera del mundo nuevo que proclamó Jesus. Porque nuestro tesoro no está ni en la letra pura y dura, ni en lo que nos ofrece la sociedad en la que nos movemos, sino, reitero, en el mundo nuevo de Dios.

El mundo nuevo se inicia y se abre paso, de entrada, en el corazón. Es en el interior donde el Espíritu nos instruye en el noble arte del nomadismo espiritual que origina su obra en nosotros, a fin de entrar en la tierra prometida de la libertad interior, que ni nos esclaviza -obviamente-, ni nos impele a esclavizar a nuestros prójimos. ¡Todo se decide en el corazón humano! De ahí que “sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida” (Pr. 4:23).

Soli Deo Gloria

Ignacio Simal, pastor de Betel + Sant Pau

No me importa a la iglesia que vayas, si detrás del Calvario estás

Mientras realizaba mi habitual caminata diaria vino a mi mente una vieja canción evangélica. De esas que colocamos en el apartado de «coritos» -de paso, no sé a quién se le ocurrió llamar así a esas breves canciones que en ocasiones entonamos-. Pues bien, resulta que mientras la recordaba, trataba de darle un interpretación un tanto personal, pero conectada con la prédica de Jesús de Nazaret. Pasados unos minutos, me puse a cantarla a media voz (alguien que me escuchara en ese momento, de conocerla, diría que más bien que cantarla la desentonaba). La canción o «corito» dice:

No me importa a la iglesia que vayas
si detrás del calvario tu estás,
si tu corazón es como el mío,
dame la mano y mi hermano serás
//Dame la mano, dame la mano,
dame la mano y mi hermano serás//

Y sí, es verdad, siempre será verdad, que «no me importa a la iglesia que vayas, si detrás del calvario tú estás«, porque detrás del Calvario están los hermanas y hermanos más pequeños de Jesús; y allí, al otro lado del Calvario, escuchamos todo el clamor de la sangre inocente derramada a lo largo de esta historia de trazos inhumanos y brutales. Sí, estar «detrás del calvario» es tomar partido por los que sufren la historia, es ponerse del lado los que son obligados a ser comparsa de los poderosos, es solidarizarse con aquellos a los que no se les permite ser protagonistas de la Historia, ni siquiera de sus historias personales. Estar «detrás del calvario» nos implica en la vida y mensaje de Jesús de Nazaret; nos hace asemejarnos, aunque sea un poquito, a él.

Cuando el centro de nuestro corazón está ocupado por aquellas personas que ocuparon el corazón del Nazareno es la prueba veraz de que hemos atravesado el umbral del Calvario para introducirnos en el espacio de los excluidos de la Historia. Y de pronto caemos en la cuenta que nuestro corazón de piedra ha mutado en un corazón de carne, y a partir de ahí «en nombre de aquel a quien la religión, la sociedad y el estado sacrificaron en otro tiempo, -nos solidarizamos- hoy con las víctimas de la religión, la sociedad y el estado del modo como aquel Crucificado se hizo su hermano y su libertador» (Moltmann, J. El Dios crucificado. Sígueme, 1975. Pág. 73).

Pues bien, como reza el cántico, los que tienen ese mismo corazón son mis hermanos y hermanas. Ese es el tipo de ecumenismo que despierta mi interés, un ecumenismo que siembra «mundo nuevo» por dondequiera que pasa. Y acabó ya, acabo ya cantando de nuevo, «no me importa a la iglesia que vayas, si detrás del calvario tú estás…«

Soli Deo Gloria

Ignacio Simal Camps, pastor de Betel + Sant Pau

Que viu el poble de Déu en un estat d’injustícia?

Les comunitats cristianes, per si mateixes, esdevenen una denúncia profètica del sistema injust en què vivim. L’oració i la pietat bíblica ens comprometen a denunciar/practicar la justícia al nostre entorn més proper. I l’entorn més pròxim dels cristians són les comunitats de fe on desenvolupem la nostra vida relacional.

És d’aquí que la gran preocupació/dedicació de -per exemple- l’apòstol Joan era que l’amor s’expressi, en primer lloc, a la família de la fe en Jesús de Natzaret. Perquè l’amor, l’amor vers el proïsme, s’expressa per la tria de la justícia. De tal manera que és impossible, o almenys n’hauria d’ésser- que en el context del poble de Déu s’escaigui el sadollament d’alguns quants i la gana de molts. L’abundància d’alguns pocs provoca vergonya/escàndol dels qui res no tenen (1 Cor. 11, 20-22). Una tal situació és un acte de desamor i, per tant, un acte d’injustícia.

La justícia, en les Escriptures, té poc a veure amb donar a cada un el que li pertoca. Justícia és el concepte central que governa totes les relacions socials. Significa rectificar situacions entre persones i grups, viure-hi segons l’exigència de la situació social. Vol dir, doncs, justícia per al oprimit (un exemple de rectificació de situacions el trobarem a 1 Jn. 3, 16-17). Perquè aquest és el pecat fonamental del nostre poble: la conformitat amb la desigualtat social i econòmica dels nostres germans, els quals experimenten en primera persona el sistema diabòlicament injust que articula el veïnatge universal en què desenvolupem, en diem, la missió que ens encomanà Jesús de Natzaret.

Per a res no serveix que optem, com a cristians, per la justícia al món si les nostres comunitats reflecteixen el sistema que ens regeix, amb les seves desigualtats social i econòmica. Ens hauria de fer, això, d’acotar-ne els ulls avergonyits i envermellits, en n’adonar-nos que potser estem practicant el pecat (1 Jn. 3, 8). Joan, el deixeble estimat, escriví unes paraules que ens haurien de travessar el cor: tothom que no fa justícia i que no s’estima els germans no és de Déu (1 Jn. 3, 10), si més no, no pas del Déu que es manifestà per mitjà de la persona de Jesús de Natzaret.

Dit això, tornem a la pregunta que dóna el títol a aquesta nota: que viu el poble de Déu en un estat d’injustícia? Qui hagi llegit aquestes ratlles estarà plenament capacitat per respondre la pregunta per si mateix.

Escoltem la veu del Ressuscitat, qui ens parla alt i clar per mitjà de les Escriptures, i no endurim els nostres cors (Heb. 3, 15). Encara som a temps de rectificar!

Soli Deo Gloria

Ignacio Simal Camps, pastor de Betel + Sant Pau

(Trad. català: Artur Eiximenis)