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	<title>Església Protestant Sant Pau</title>
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	<description>Comunitat evangèlica i protestant a Barcelona, oberta i senzilla, centrada en Jesús.</description>
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		<title>Llamados&#8230; ¿pero a qué?</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Oct 2026 10:05:52 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[¿A qué nos llama Dios hoy? Ismael Gramaje reflexiona sobre Josué 24, la memoria de la fe y nuestra misión de ser bendición para todas las personas.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<article>

  <p><strong>Predicación de Ismael Gramaje | Domingo 18 de octubre de 2026</strong></p>

  <p><strong>Lectura bíblica:</strong>
    <a href="https://www.bible.com/es/bible/128/JOS.24.NVI"
       target="_blank" rel="noopener noreferrer">Josué 24:1–15 [16–26]</a>
  </p>

  <p>En Siquén, Josué reúne al pueblo de Israel para recordar su historia: la llamada de Abraham, la liberación de Egipto y el camino recorrido bajo el cuidado de Dios. Esa memoria conduce a una pregunta decisiva: ¿a quién queremos servir?</p>

  <p>En esta predicación, Ismael Gramaje nos invita a recuperar nuestra vocación como pueblo de Dios y a examinar con honestidad nuestra propia historia. Porque recordar la liberación también implica reconocer las ocasiones en que las comunidades de fe han reproducido la violencia, la exclusión o las formas de dominación que deberían superar.</p>

  <p>La promesa hecha a Abraham sigue iluminando nuestra misión: <strong>ser de bendición para todas las familias de la tierra</strong>. Una llamada que se concreta en la justicia, la paz, la dignidad humana y la acogida, tanto en nuestras relaciones personales como en la vida de la Iglesia.</p>

  <p>¿Qué valores gobiernan nuestras decisiones? ¿Qué clase de comunidad estamos construyendo? La reflexión nos anima a renovar nuestro compromiso con el Evangelio de Jesús y a hacer de nuestra presencia en Barcelona una oportunidad para llevar más vida a quienes nos rodean.</p>

  <h2>Escucha la predicación completa</h2>

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      title="Llamados... ¿pero a qué? - Predicación de Ismael Gramaje"
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  </div>

  <p>Te invitamos también a conocer nuestra comunidad y a
    <a href="https://www.esglesiasantpau.org/vine-al-culte-cast/">compartir con nosotros el culto</a>
    en la Església Protestant Sant Pau de Barcelona.
  </p>

</article>
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		<title>Un pueblo con una misión</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Edició EPSP]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 12 Oct 2026 20:24:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Predicacions]]></category>
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					<description><![CDATA[¿Qué significa ser un pueblo con una misión? Éxodo 19–20 nos invita a descubrir una libertad que nace de la gracia y se vive en comunidad.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
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<article>

  <blockquote>
    <p><em>«Os tomé sobre alas de águilas y os he traído a mí».</em></p>
    <p><em>Éxodo 19:4</em></p>
  </blockquote>

  <p>La libertad ocupa un lugar fundamental en nuestra manera de comprender la vida. Queremos decidir nuestro camino, desarrollar nuestras capacidades y vivir sin imposiciones que limiten nuestra dignidad. Pero la libertad también plantea una pregunta que no siempre resulta fácil responder: ¿qué hacemos con ella cuando nuestra vida está profundamente vinculada a la de otras personas? Porque nadie construye su existencia completamente a solas. Necesitamos relaciones, vínculos de confianza y espacios donde nuestra presencia tenga significado para los demás.</p>

  <p>Esta tensión entre libertad y pertenencia atraviesa uno de los momentos decisivos de la historia de Israel. Después de salir de Egipto, el pueblo llega al monte Sinaí. Ha dejado atrás la esclavitud, pero todavía tiene que aprender qué significa vivir libremente. Dios no lo ha rescatado para que cada persona siga un camino aislado, sino para formar una comunidad unida por una alianza y llamada a ser bendición. Los capítulos 19 y 20 del Éxodo nos muestran que la libertad recibida necesita encontrar una forma concreta de expresarse en las relaciones, en la responsabilidad compartida y en el cuidado de la vida. Podemos <a href="https://www.biblegateway.com/passage/?search=Exodo+19%3A3-7%3B20%3A1-17&amp;version=NVI" target="_blank" rel="noopener noreferrer">leer el relato bíblico en Éxodo 19:3-7 y 20:1-17</a>.</p>

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    </div>
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  <h2>La libertad también necesita aprender a vivir en comunidad</h2>

  <p>La salida de Egipto representa mucho más que el final de una situación de opresión. Durante generaciones, la vida de los israelitas había estado sometida al poder del faraón. Otros decidían sobre su trabajo, sus condiciones de existencia y su futuro. La liberación abre una posibilidad completamente nueva: vivir sin aquella dominación y comenzar a construir una historia propia. Sin embargo, abandonar la esclavitud no significa que desaparezcan de inmediato las formas de pensar y relacionarse que esta ha dejado tras de sí. Un pueblo que ha conocido la opresión necesita aprender a convivir sin reproducirla.</p>

  <p>Cuando Israel llega al Sinaí, aproximadamente tres meses después de salir de Egipto, se encuentra ante una nueva etapa. La pregunta ya no es solamente cómo escapar de un poder injusto, sino cómo organizar una vida en común que sea diferente de aquello que han dejado atrás. ¿Cómo relacionarse sin imponer la voluntad del más fuerte? ¿Cómo respetar la dignidad de cada persona? ¿Cómo construir vínculos que permitan vivir con confianza y responsabilidad? La libertad necesita algo más que la ausencia de cadenas: necesita una manera de vivir que la haga posible para todos.</p>

  <p>Esta cuestión continúa siendo profundamente actual. A veces confundimos la libertad con la posibilidad de prescindir de los demás, de evitar compromisos o de considerar cualquier responsabilidad compartida como una limitación. Pero las relaciones que dan sentido a nuestra vida también requieren tiempo, paciencia y disponibilidad. Una familia, una amistad o una comunidad se sostienen porque hay personas dispuestas a cuidar los vínculos incluso cuando hacerlo exige esfuerzo. La libertad madura cuando descubrimos que podemos elegir comprometernos y que ese compromiso, lejos de empobrecer nuestra existencia, puede hacerla más humana.</p>

  <h2>Antes de pedir una respuesta, Dios recuerda su gracia</h2>

  <p>El encuentro en el Sinaí comienza con un gesto significativo. Antes de presentar las condiciones de la alianza, Dios invita a Israel a recordar lo que ya ha hecho por él. Le recuerda su liberación de Egipto y utiliza una imagen de extraordinaria ternura: lo ha llevado sobre alas de águilas y lo ha acercado a sí. La imagen expresa protección, cuidado y una relación que nace de la iniciativa divina. Israel no llega al Sinaí para conseguir que Dios se interese por su destino; llega porque Dios ya ha actuado en favor de su vida y de su libertad.</p>

  <p>Este orden es esencial para comprender la alianza. Primero está la liberación; después, la respuesta del pueblo. Primero aparece la gracia; después, la responsabilidad de vivir conforme a ella. La obediencia no se presenta como un precio que Israel deba pagar para merecer el amor de Dios, sino como la posibilidad de dar forma a una vida transformada por ese amor. Los mandamientos que vendrán más adelante tienen su fundamento en esta experiencia previa: el Dios que llama a vivir de una manera nueva es el mismo que ha escuchado el sufrimiento de su pueblo y lo ha sacado de la esclavitud.</p>

  <p>También nuestra relación con Dios cambia cuando comprendemos esta prioridad de la gracia. La fe deja de ser una carrera por alcanzar una aceptación siempre pendiente y se convierte en una respuesta agradecida a un amor que nos precede. Desde esa confianza podemos reconocer nuestras limitaciones, aprender de los errores y asumir responsabilidades sin vivir sometidos al miedo. La gracia no elimina las exigencias de la convivencia; les da un fundamento distinto. Nos invita a cuidar la vida porque hemos sido alcanzados por un amor que cuida, y a reconocer la dignidad de los demás porque nuestra propia dignidad ha sido afirmada por Dios.</p>

  <h2>Un pueblo elegido para ser bendición</h2>

  <p>En Éxodo 19, Dios ofrece a Israel una identidad y una misión. Lo llama su especial tesoro, un reino de sacerdotes y una nación santa. Estas expresiones hablan de una relación singular, pero también de una responsabilidad que va más allá del propio pueblo. La elección no puede comprenderse únicamente como un privilegio que distingue a unos de otros. Forma parte de una historia más amplia, iniciada con la promesa a Abraham, en la que la bendición recibida está destinada a alcanzar a todas las familias de la tierra.</p>

  <p>La imagen de un reino de sacerdotes ayuda a comprender esa vocación. La función sacerdotal remite a la relación con Dios y al servicio que hace posible el encuentro. Ser un pueblo sacerdotal significa vivir de tal manera que otros puedan reconocer, a través de esa comunidad, algo del carácter de Dios: su justicia, su misericordia, su fidelidad y su preocupación por la vida humana. La santidad, en este horizonte, no consiste en una superioridad moral que permita mirar a los demás desde lejos. Se expresa en una forma de existencia orientada por Dios, capaz de mostrar una alternativa a las relaciones de dominación y exclusión.</p>

  <p>Por eso la identidad de Israel está inseparablemente vinculada a su misión. Haber experimentado la liberación lo compromete con una manera de vivir que dé testimonio de ella. Haber recibido cuidado lo llama a cuidar. Haber sido acogido en una alianza lo invita a construir relaciones marcadas por la fidelidad. La bendición de Dios no se detiene en quienes la reciben, sino que encuentra su sentido más profundo cuando alcanza a otras personas. Una comunidad descubre así que su razón de ser no se agota en conservar su propia existencia: está llamada a contribuir al bien de un mundo que necesita justicia, reconciliación y esperanza.</p>

  <h2>Pertenecer significa contar unos con otros</h2>

  <p>La alianza del Sinaí también nos invita a pensar qué significa realmente pertenecer a una comunidad. Podemos participar en actividades, asistir a encuentros o compartir determinadas convicciones sin que eso llegue a transformar nuestras relaciones. La pertenencia adquiere otra profundidad cuando sabemos que hay personas que cuentan con nosotros y que nosotros podemos contar con ellas. Entonces dejamos de ser presencias ocasionales para convertirnos en parte de una historia compartida, en la que nuestras decisiones y nuestra disponibilidad tienen consecuencias para la vida de los demás.</p>

  <p>Esta forma de pertenencia resulta especialmente significativa en una sociedad donde muchas relaciones se organizan alrededor de las preferencias individuales y de la satisfacción inmediata. Es posible acercarse a una comunidad religiosa buscando aquello que puede ofrecernos: una celebración que nos guste, una enseñanza que nos interese o un espacio donde sentirnos bien. Todas esas necesidades pueden ser legítimas. Sin embargo, la vida comunitaria alcanza su verdadera dimensión cuando pasamos de preguntarnos únicamente qué recibimos a descubrir también qué podemos aportar. La Iglesia no es simplemente un lugar al que acudimos para obtener algo; es una comunidad de personas que aprenden a sostenerse mutuamente.</p>

  <p>Ese compromiso tiene expresiones sencillas y concretas. Se manifiesta en la atención a quien atraviesa una dificultad, en la paciencia necesaria para convivir con diferencias, en la disposición a escuchar y en la responsabilidad de participar en aquello que construimos juntos. También supone aceptar que la comunidad está formada por personas reales, con capacidades, fragilidades e historias diversas. Su riqueza no depende de que todas piensen igual ni de que nunca surjan tensiones, sino de la voluntad compartida de cuidar los vínculos. Pertenecer significa reconocer que la vida de los demás nos importa y que nuestra propia vida también puede encontrar apoyo en ellos.</p>

  <h2>Los Diez Mandamientos y el aprendizaje de una vida libre</h2>

  <p>La liberación de Israel no termina con su salida de Egipto. Dios, que ha rescatado a su pueblo de la esclavitud y le ha confiado una misión, le ofrece ahora una manera de vivir en libertad. Los Diez Mandamientos forman parte de ese aprendizaje. Lejos de aparecer como exigencias aisladas de la historia que las precede, están dirigidos a una comunidad que ya ha experimentado el cuidado de Dios y que necesita construir relaciones distintas de las que conoció bajo el poder del faraón. Su finalidad se comprende mejor cuando los leemos desde esa experiencia de liberación.</p>

  <p>Los primeros mandamientos sitúan la relación con Dios en el centro de la vida del pueblo. El Dios que ha liberado a Israel no puede ser reducido a una imagen fabricada según los deseos humanos ni colocado al mismo nivel que los poderes que reclaman nuestra obediencia. Esta advertencia conserva su fuerza en un mundo donde también existen realidades capaces de ocupar un lugar absoluto en nuestra vida. El consumo, la búsqueda de reconocimiento, la dependencia de las redes sociales o determinados estilos de vida pueden terminar condicionando nuestras decisiones hasta hacernos perder parte de la libertad que creemos ejercer. Reconocer aquello que nos domina es un paso necesario para recuperar una relación más libre con nosotros mismos, con Dios y con los demás.</p>

  <p>Los mandamientos que regulan las relaciones humanas completan esta visión. El respeto a la vida, la fidelidad, la honestidad y el reconocimiento de lo que pertenece a otras personas permiten construir una convivencia donde nadie tenga que vivir permanentemente amenazado por el abuso, el engaño o la violencia. Incluso la prohibición de codiciar invita a mirar más allá de los actos visibles y a reconocer cómo nuestros deseos pueden deteriorar los vínculos cuando convertimos la vida ajena en objeto de posesión o comparación. La libertad de una persona no puede sostenerse a costa de la dignidad de otra.</p>

  <p>Esta lectura de los mandamientos como orientación para la vida ha formado parte de otras reflexiones compartidas en Sant Pau. Hemos profundizado en <a href="https://www.esglesiasantpau.org/diez-mandamientos-libertad-enfocada-vida/">los Diez Mandamientos como una libertad enfocada hacia la vida</a>, en <a href="https://www.esglesiasantpau.org/diez-mandamientos-espiritualidad-para-la-vida/">su sentido como espiritualidad para la vida cotidiana</a> y en <a href="https://www.esglesiasantpau.org/diez-mandamientos-projimo-exodo-20/">la responsabilidad hacia el prójimo que expresa Éxodo 20</a>. Estas dimensiones se complementan: la relación con Dios, el cuidado de nuestra propia libertad y el respeto a los demás forman parte de una misma vocación. La vida libre que Dios propone es una vida capaz de generar condiciones de libertad también para otras personas.</p>

  <h2>La Iglesia, una comunidad con identidad y misión</h2>

  <p>Muchos siglos después del Sinaí, la primera carta de Pedro recupera el lenguaje de la elección y del sacerdocio para dirigirse a las comunidades cristianas. En 1 Pedro 2:9-10 aparecen nuevamente las imágenes de un pueblo escogido y un sacerdocio real, vinculadas ahora a la misión de anunciar las obras de Dios. La Iglesia reconoce en estas palabras una llamada a vivir, desde el seguimiento de Jesucristo, una vocación de servicio y testimonio. La identidad recibida no constituye un motivo para encerrarse en sí misma, sino una invitación a mostrar mediante la vida comunitaria la misericordia de Dios.</p>

  <p>La misión cristiana comienza, por tanto, en la manera en que vivimos juntos. Una comunidad anuncia el Evangelio cuando sus relaciones hacen visible la acogida que proclama, cuando la dignidad de cada persona es respetada y cuando la compasión se convierte en una práctica cotidiana. También lo anuncia cuando sale al encuentro de las necesidades de su entorno, se interesa por quienes sufren y participa en la construcción de relaciones más justas. Las palabras de la fe encuentran profundidad cuando pueden reconocerse en los gestos, las decisiones y las prioridades de quienes las comparten.</p>

  <p>Esta vocación resulta especialmente valiosa para una iglesia que desea crecer como comunidad abierta en Barcelona. Su misión no se mide únicamente por el número de personas que participan en sus celebraciones ni por la cantidad de actividades que consigue organizar. También se expresa en la calidad de sus relaciones, en su capacidad de acompañar, en la hospitalidad con que recibe a quienes llegan y en su disposición a contribuir al bien común. Una iglesia pequeña puede ofrecer un testimonio significativo cuando vive con autenticidad aquello que anuncia. La misión comienza en lo cercano, pero su horizonte siempre es más amplio que sus propias paredes.</p>

  <h2>Una invitación para hoy</h2>

  <p>El camino de Israel desde Egipto hasta el Sinaí nos recuerda que la libertad es al mismo tiempo un don y una tarea. Dios libera, cuida y llama; el pueblo aprende a responder construyendo una vida compartida. La gracia recibida se convierte así en una invitación a vivir de otra manera. También hoy podemos preguntarnos qué vínculos estamos cultivando, qué responsabilidades estamos dispuestos a asumir y qué lugar ocupan los demás en nuestra comprensión de la libertad. Son preguntas que afectan tanto a nuestra vida personal como a nuestra manera de ser Iglesia.</p>

  <p>Tal vez uno de los signos más hermosos de una comunidad cristiana sea que cada persona pueda descubrir que su presencia importa. Que encuentre un lugar donde compartir la alegría, atravesar las dificultades, aportar sus dones y recibir acompañamiento. Que pueda experimentar una pertenencia construida desde la libertad y el cuidado mutuo. Cuando eso sucede, la comunidad comienza a expresar la misión para la que ha sido llamada: hacer visible una gracia que acoge, transforma y se comparte.</p>

  <p>En la <strong>Església Protestant Sant Pau</strong> queremos seguir aprendiendo a vivir esa fe comunitaria, abierta al encuentro y al servicio. Si deseas compartir este camino, conocer nuestra comunidad o participar en una celebración, te invitamos a <a href="https://www.esglesiasantpau.org/vine-al-culte-cast/">venir al culto y encontrarnos en Sant Pau</a>. Hay lugar para las preguntas, para las diferentes historias personales y para quienes desean descubrir cómo la fe puede convertirse en una experiencia de esperanza compartida.</p>

  <p><em>Església Protestant Sant Pau, una iglesia cristiana evangélica donde la fe se vive como gracia compartida, acompañamiento y esperanza. Una fe que acoge.</em></p>

  <p><em>Este artículo está basado en la predicación del pastor Ismael Gramaje, del 11 de octubre de 2026 en la Església Protestant Sant Pau.</em></p>

</article>
</div>



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		<title>Decir sí. ¿Y después? La parábola de los dos hijos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Edició EPSP]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 28 Sep 2026 12:32:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Predicacions]]></category>
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		<category><![CDATA[Parábola de los dos hijos]]></category>
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					<description><![CDATA[La parábola de los dos hijos en Mateo 21 nos pregunta qué hacemos con nuestro «sí» y recuerda que siempre podemos cambiar de rumbo y volver a empezar.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<blockquote>
<p><em>«“No quiero”, contestó, pero después se arrepintió y fue.»</em></p>
<p><em>Mateo 21:29, NVI</em></p>
</blockquote>

<p>Decir que sí puede ser sencillo. Podemos encontrar las palabras adecuadas, mostrar buena disposición e incluso aprender a responder exactamente como se espera de nosotros. Pero después llega la vida cotidiana, y con ella una pregunta mucho más profunda: <strong>¿qué hacemos con nuestro «sí»?</strong></p>

<p>En <a href="https://www.biblegateway.com/passage/?search=Mateo+21%3A23-32&amp;version=NVI" target="_blank" rel="noopener">Mateo 21:23–32</a>, Jesús se encuentra en Jerusalén en un ambiente marcado por la tensión. Ha entrado en la ciudad, ha actuado en el templo y vuelve a enseñar. Entonces se acercan los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle con qué autoridad hace aquellas cosas y quién le ha dado esa autoridad.</p>

<p>La pregunta parece centrarse en títulos, permisos y legitimidad. Sin embargo, Jesús transforma aquella confrontación en un espejo. Primero responde con una pregunta sobre Juan el Bautista y después cuenta una historia extraordinariamente sencilla: un padre pide a sus dos hijos que vayan a trabajar a la viña. Uno dice que no y finalmente va. El otro responde correctamente: «Sí, señor», pero termina sin ir.</p>

<p>La parábola desplaza así la atención desde lo que decimos hacia lo que hacemos, desde la apariencia hacia el corazón y desde nuestro punto de partida hacia la posibilidad de cambiar. Porque <strong>una primera respuesta no tiene por qué ser nuestra última respuesta.</strong></p>

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</div>
</figure>

<h2>Una pregunta sobre la autoridad</h2>

<p>La escena comienza con una confrontación. Las autoridades religiosas quieren saber con qué autoridad actúa Jesús. Para aquellos dirigentes, la autoridad estaba vinculada al linaje, a la formación religiosa y al reconocimiento de las instituciones correspondientes. Jesús, un maestro galileo que actúa con una libertad que escapa a esos mecanismos, les resulta incómodo.</p>

<p>La pregunta funciona además como una trampa. Si Jesús atribuye su autoridad únicamente a sí mismo, pueden desacreditarlo. Si afirma que procede de Dios, pueden utilizar esa declaración contra él.</p>

<p>Jesús responde preguntándoles por el bautismo de Juan: ¿procedía de Dios o de los seres humanos?</p>

<p>De repente son ellos quienes tienen que posicionarse. Si reconocen que Juan venía de Dios, tendrán que explicar por qué no creyeron. Si lo niegan, temen la reacción de la multitud que reconocía a Juan como profeta. Su respuesta es prudente y calculada: «No lo sabemos».</p>

<p>La cuestión de la autoridad comienza así a revelar algo más profundo. Aquellos dirigentes están preocupados por conservar el control y proteger su reputación. La pregunta ya no consiste solamente en saber cuál es la respuesta correcta, sino en descubrir <strong>qué hacemos cuando la verdad que tenemos delante nos obliga a reconsiderar nuestra posición.</strong></p>

<h2>La parábola que revela el corazón</h2>

<p>Jesús cuenta entonces la historia de un padre que pide exactamente lo mismo a sus dos hijos: que vayan a trabajar a la viña.</p>

<p>El primero responde abiertamente que no quiere ir. Su reacción inicial es rebelde. Sin embargo, más tarde reflexiona, cambia de actitud y acaba yendo.</p>

<p>El segundo responde con una educación impecable: «Sí, señor». Las palabras son correctas, la actitud parece respetuosa y la disposición parece completa. Pero finalmente no va.</p>

<p>Jesús pregunta cuál de los dos hizo lo que quería el padre. La respuesta resulta inevitable: el primero.</p>

<p>La diferencia entre los dos hijos no está en quién pronunció la respuesta más bonita. Está en lo que sucedió después. <strong>Uno pudo revisar su primera reacción y cambiar de rumbo; el otro permitió que su sí se quedara únicamente en palabras.</strong></p>

<p>La parábola comienza entonces a parecernos incómodamente cercana. Porque también nosotros podemos decir: «Sí, claro. Cuenta conmigo. Estoy aquí para lo que haga falta». Y después descubrir una distancia entre nuestras palabras y nuestra manera real de vivir.</p>

<h2>El síndrome del segundo hijo</h2>

<p>Podríamos llamarlo el <strong>«síndrome del segundo hijo»</strong>.</p>

<p>Es posible aprender el lenguaje de la fe. Aprendemos determinadas formas, sabemos cuándo decir amén, conocemos las canciones y podemos desenvolvernos perfectamente dentro de los códigos de una comunidad cristiana. Todo ello puede formar parte de nuestra vida de fe, pero la parábola pregunta por algo que va todavía más adentro.</p>

<p>Podemos estar físicamente en la iglesia y, sin embargo, descubrir que nuestro corazón está ausente. Podemos ocupar nuestro lugar, participar, pronunciar las palabras conocidas y, aun así, necesitar volver a situarnos por dentro.</p>

<p>Entonces aparecen preguntas que también forman parte del camino de la fe: ¿dónde estoy?, ¿qué estoy diciendo?, ¿qué estoy haciendo?</p>

<p><strong>Dios no busca burócratas de la religión.</strong> Busca personas reales. Hijos e hijas que a veces son rebeldes, que a veces dicen «no quiero», que a veces no tienen ganas, pero que pueden pensar de nuevo, darse cuenta, cambiar y terminar haciendo aquello que es bueno.</p>

<p>La rebeldía inicial del primer hijo no lo define para siempre. Y el sí correcto del segundo tampoco garantiza por sí solo una vida coherente. La parábola nos invita a mirar más allá de las primeras respuestas.</p>

<p>La fe no consiste en construir una apariencia de perfección. Está llamada a hacerse vida: disposición, amor, perdón, misericordia y atención hacia el prójimo.</p>

<h2>La valentía de cambiar de rumbo</h2>

<p>Después de la parábola, Jesús pronuncia unas palabras especialmente provocadoras para quienes lo escuchaban: los recaudadores de impuestos y las prostitutas van por delante de los dirigentes religiosos en el reino de Dios.</p>

<p>En aquel contexto eran personas profundamente despreciadas y estigmatizadas. Frente a ellas estaban quienes se consideraban guardianes de la ley y de la voluntad de Dios.</p>

<p>La diferencia fundamental no consiste en establecer quién ha pecado más o menos. La cuestión está en <strong>la capacidad de reconocer nuestra propia necesidad de Dios, de misericordia y de perdón.</strong></p>

<p>Nadie es perfecto. Nadie posee toda la verdad. Todas las personas llegamos con una historia concreta, un contexto, decisiones acertadas y equivocadas, heridas, aprendizajes y contradicciones.</p>

<p>Los recaudadores de impuestos y las prostitutas escucharon la llamada de Juan y cambiaron de rumbo. En la imagen de la parábola son como el primer hijo: comenzaron de una determinada manera, pero su historia no terminó allí.</p>

<p>Los dirigentes religiosos, en cambio, estaban protegidos por su reputación y convencidos de su propia justicia. Su dificultad consistía precisamente en reconocer que ellos también necesitaban gracia.</p>

<p>Por eso el arrepentimiento aparece aquí como <strong>la posibilidad de reconocer dónde estamos, revisar nuestro camino y orientarlo nuevamente hacia Dios.</strong></p>

<h2>Un canto de esperanza para quienes se sienten lejos</h2>

<p>El pasaje se convierte entonces en un canto de esperanza para quienes se sienten lejos, para quienes han sido marginados y para quienes pueden creer que su historia ya ha determinado definitivamente su futuro.</p>

<p>Muchas veces el pasado pesa. Podemos quedar atrapados en aquello que hicimos, en aquello que nos ocurrió o en la imagen que otras personas construyeron de nosotros. También podemos hacer eso con los demás: reducir a alguien para siempre a un error, una etapa difícil o una decisión de su pasado.</p>

<p>El Evangelio abre otra posibilidad.</p>

<p><strong>Con Dios siempre se puede volver a empezar.</strong></p>

<p>El pasado puede formar parte de nuestra historia sin convertirse en una condena. Lo importante no es únicamente cómo comenzó nuestro camino, sino aquello que permitimos que la gracia vaya haciendo en nosotros y la dirección que finalmente tomamos.</p>

<p>La misericordia de Dios alcanza a personas reales, con fragilidades, errores, contradicciones y heridas. No tenemos que presentarnos ante Dios como personas que ya lo tienen todo resuelto. Podemos reconocer lo que somos y descubrir que seguimos siendo llamados, perdonados y acompañados.</p>

<p>La gracia de Dios puede transformar incluso aquellas vidas que otras personas consideran irrecuperables. Y al mismo tiempo nos invita a abandonar la autosuficiencia que nos hace pensar que ya somos justos, que ya sabemos todo o que no necesitamos misericordia.</p>

<h2>Una comunidad que aprende a mirar de otra manera</h2>

<p>Esta reflexión alcanza también a la vida de las iglesias. Una comunidad cristiana puede conocer perfectamente sus costumbres, su lenguaje y sus celebraciones y, al mismo tiempo, seguir aprendiendo cada día a convertir la acogida en una realidad.</p>

<p>Estar al lado de las personas, comprender, aceptar y respetar forma parte de esa manera de vivir el Evangelio. Cada persona llega desde una historia distinta y merece ser mirada con dignidad, sin quedar reducida a su situación, sus errores o su pasado.</p>

<p>La misericordia que recibimos de Dios transforma también nuestra manera de mirar. Si Dios nos permite recomenzar, también nosotros estamos llamados a dejar abierta esa posibilidad para los demás.</p>

<p>La parábola nos invita a mirar más allá de las primeras impresiones. A recordar que una persona es siempre más que aquello que hizo. A acercarnos antes de juzgar. A escuchar antes de etiquetar. A dejar espacio para que la historia de alguien pueda continuar de otra manera.</p>

<p>En la <a href="https://www.esglesiasantpau.org/esglesia-evangelica-protestant-barcelona-qui-som/">Església Protestant Sant Pau</a> queremos vivir la fe como un camino compartido, donde personas diferentes puedan acercarse a Jesús, crecer y encontrar una comunidad que acompañe.</p>

<p>Esa vida comunitaria encuentra uno de sus espacios principales cuando nos reunimos para escuchar la Palabra, orar y compartir juntos. Puedes conocer mejor <a href="https://www.esglesiasantpau.org/culte-setmanal-esglesia-sant-pau-barcelona/">cómo vivimos nuestro culto semanal</a>.</p>

<h2>Una invitación para hoy</h2>

<p>Tal vez esta parábola pueda acompañarnos durante la semana con una pregunta sencilla: <strong>¿qué hacemos con nuestro «sí»?</strong></p>

<p>A veces somos como el primer hijo. Nuestra primera respuesta puede ser «no». Puede haber resistencia, cansancio, rebeldía o simplemente pocas ganas. Pero esa primera reacción no tiene por qué decidirlo todo. Podemos pensar de nuevo, reconsiderar nuestro camino y cambiar de dirección.</p>

<p>Otras veces nos parecemos más al segundo hijo. Decimos «sí», conocemos las palabras, participamos y estamos presentes. Y, sin embargo, podemos descubrir que en lo profundo estamos lejos, que nuestro corazón no está realmente allí o que nuestras acciones no acompañan aquello que decimos.</p>

<p>También ahí puede comenzar algo nuevo.</p>

<p>La misericordia de Dios nos permite mirarnos con sinceridad sin quedar encerrados en nuestras contradicciones. Podemos reconocer nuestras debilidades, nuestra rebeldía, nuestros errores y nuestros «sí» incompletos, y volver a abrazar la gracia de Dios en Jesucristo.</p>

<p><strong>Con Dios siempre se puede volver a empezar.</strong></p>

<p>Y esa misericordia recibida transforma también nuestra manera de mirar a los demás. Nos invita a acoger, a dejar espacio para que las personas cambien, a evitar encerrarlas en sus errores o en su pasado y a acercarnos a su interior antes de juzgarlas.</p>

<p>Podemos aprender a mirar más allá de las rebeldías, de las respuestas precipitadas y de aquello que una persona fue en otro momento. Cuando nos acercamos así, con misericordia y respeto, quizá descubramos mucho más de lo que esperábamos.</p>

<p>Decir «sí» puede ser solamente el comienzo. Después viene el camino. La viña. Las decisiones concretas. Y la oportunidad, una y otra vez, de permitir que nuestro sí se convierta en vida.</p>

<p>Si deseas compartir este camino, escuchar la Palabra y acercarte a nuestra comunidad, revisa nuestro <a href="https://www.esglesiasantpau.org/category/butlletins-mensuals/">boletin mensual</a>.</p>

<p><em>Església Protestant Sant Pau, una iglesia cristiana evangélica donde la fe se vive como gracia compartida, acompañamiento y esperanza. Una fe que acoge.</em></p>

<p><em>Este artículo está basado en la predicación del pastor Joan Medrano, del 27 de septiembre de 2026 en la Església Protestant Sant Pau.</em></p>
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		<title>Una reforma que sigue viva: raíces profundas y mirada abierta</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Edició EPSP]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 28 Sep 2026 11:14:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Butlletins mensuals]]></category>
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		<category><![CDATA[gracia]]></category>
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		<category><![CDATA[sacerdocio universal]]></category>
		<category><![CDATA[vida comunitaria]]></category>
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					<description><![CDATA[La Església Protestant Sant Pau recuerda la Reforma Protestante 2026 como una invitación a volver al Evangelio, vivir desde la gracia y mantener una mirada abierta.]]></description>
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<div class="wp-block-uagb-container uagb-block-5f509632 alignfull uagb-is-root-container"><div class="uagb-container-inner-blocks-wrap">
<h2>Una reforma que sigue viva</h2>

<p>Hay aniversarios que nos invitan a recordar el pasado. Otros pueden ayudarnos también a mirar el presente y preguntarnos hacia dónde queremos caminar. Cada 31 de octubre, las iglesias protestantes recuerdan la Reforma, pero hacerlo hoy puede significar algo más profundo que volver la mirada hacia un acontecimiento histórico.</p>

<p>La Reforma nació del deseo de volver a poner la fe en el centro y de preguntarse cómo podía la Iglesia vivir con mayor fidelidad al Evangelio. Esa pregunta continúa abierta. ¿Qué necesita seguir vivo? ¿Qué necesita ser revisado? ¿Qué formas de vivir y comunicar la fe siguen ayudándonos a anunciar a Jesucristo y cuáles necesitan ser transformadas?</p>

<p>Durante este mes de octubre, la Església Protestant Sant Pau quiere acercarse a la Reforma precisamente desde esa perspectiva: <strong>con raíces profundas y una mirada abierta</strong>. Reformar no significa cambiar por cambiar, sino conservar aquello que da vida y tener la valentía de revisar lo que ya no ayuda a comunicar el Evangelio.</p>

<h2>Volver al Evangelio</h2>

<p>Una de las intuiciones fundamentales de la Reforma fue recordar que ninguna tradición humana puede ocupar el lugar que corresponde al Evangelio.</p>

<p>Las tradiciones pueden acompañarnos, transmitir memoria y ayudarnos a vivir la fe. Pero también necesitan ser examinadas a la luz de Jesucristo. Una iglesia viva no convierte sus propias costumbres en algo intocable, sino que vuelve una y otra vez a preguntarse qué expresa realmente la buena noticia de Dios en cada tiempo.</p>

<p>Esta actitud no nace del desprecio por lo recibido. Nace precisamente del deseo de cuidar aquello que merece permanecer.</p>

<p>Por eso podemos hablar de una Reforma que sigue viva. No como una ruptura constante con el pasado, sino como una disposición a escuchar, discernir y dejarnos transformar cuando descubrimos que determinadas maneras de hacer las cosas ya no permiten comunicar con claridad la gracia y la esperanza del Evangelio.</p>

<h2>La gracia en el centro</h2>

<p>La Reforma también nos devuelve a una convicción esencial de la fe cristiana: <strong>nuestra relación con Dios comienza en la gracia</strong>.</p>

<p>No vivimos intentando demostrar constantemente nuestro valor ante Dios. Vivimos desde la experiencia de sabernos acogidos y amados.</p>

<p>Esta diferencia transforma profundamente la espiritualidad. Cuando la gracia ocupa el centro, la fe deja de ser una carrera para demostrar que somos suficientes y puede convertirse en una respuesta agradecida al amor recibido.</p>

<p>Desde ahí podemos crecer, comprometernos, revisar nuestra vida y aprender a caminar de otra manera. La gracia acoge y, precisamente porque acoge, abre posibilidades de transformación.</p>

<p>Esta manera de comprender la fe forma parte también de <a href="https://www.esglesiasantpau.org/esglesia-evangelica-protestant-barcelona-qui-som/">quiénes somos como Església Protestant Sant Pau</a>: una comunidad cristiana protestante que quiere vivir el Evangelio desde la gracia, la acogida, la reflexión bíblica y el compromiso con nuestro tiempo.</p>

<h2>Creer también significa pensar</h2>

<p>La Reforma puso nuevamente la Escritura en manos de la comunidad creyente y recordó la importancia de acercarnos personalmente a la Palabra.</p>

<p>Pero leer la Biblia no significa renunciar al pensamiento. Al contrario, la libertad de conciencia nos recuerda que <strong>creer también implica aprender a pensar desde la fe</strong>.</p>

<p>Esto requiere una lectura responsable, crítica y abierta de las Escrituras. Una lectura que dialogue con el contexto, que busque comprender y que mantenga a Jesucristo como centro del Evangelio.</p>

<p>La fe madura puede hacerse preguntas. Puede escuchar otras voces. Puede reconocer que nuestra comprensión también crece y necesita ser revisada.</p>

<p>Una comunidad protestante que conserva viva esta herencia no teme las preguntas. Las recibe como oportunidades para profundizar, discernir y buscar con mayor honestidad la voluntad de Dios.</p>

<h2>De la esclavitud a la libertad</h2>

<p>El primer domingo de octubre nos acercaremos a dos relatos atravesados por la experiencia de amenaza y liberación. El Evangelio recoge <a href="https://www.biblegateway.com/passage/?search=Mateo+2%3A13-15&amp;version=NVI" target="_blank" rel="noopener">Mateo 2:13–15</a>, donde José, María y Jesús deben huir a Egipto, mientras que la lectura de la predicación será <a href="https://www.biblegateway.com/passage/?search=%C3%89xodo+14%3A5-7%2C10-14%2C21-29&amp;version=NVI" target="_blank" rel="noopener">Éxodo 14:5–7, 10–14 y 21–29</a>.</p>

<p>En ambos relatos encontramos personas que atraviesan situaciones en las que la vida necesita ser protegida y donde el camino hacia la libertad no resulta sencillo.</p>

<p>El Éxodo ocupa un lugar fundamental en la memoria bíblica precisamente porque recuerda a un pueblo que Dios escucha en medio de la opresión y acompaña hacia una nueva posibilidad de vida.</p>

<p>También las iglesias pueden necesitar recordar de qué esclavitudes han sido liberadas y qué nuevas formas de libertad están llamadas a cultivar.</p>

<h2>Una fe que vuelve a sus fundamentos</h2>

<p>El segundo domingo escucharemos <a href="https://www.biblegateway.com/passage/?search=Mateo+5%3A17&amp;version=NVI" target="_blank" rel="noopener">Mateo 5:17</a> y nos acercaremos a <a href="https://www.biblegateway.com/passage/?search=%C3%89xodo+19%3A3-7%3B20%3A1-17&amp;version=NVI" target="_blank" rel="noopener">Éxodo 19:3–7 y 20:1–17</a>.</p>

<p>El texto nos devuelve a la alianza y a los diez mandamientos, a los principios entregados a un pueblo que acaba de experimentar la libertad.</p>

<p>La conexión resulta especialmente sugerente en un mes dedicado a la Reforma. Reformar también puede significar volver a los fundamentos para recordar qué sostenía nuestra fe desde el principio y preguntarnos cómo vivir esos principios en nuestro propio contexto.</p>

<p>La fidelidad no consiste necesariamente en repetir cada forma del pasado. Puede expresarse también en la capacidad de conservar el corazón del mensaje mientras encontramos maneras nuevas de encarnarlo.</p>

<h2>Elegir a quién servimos</h2>

<p>El tercer domingo el Evangelio será <a href="https://www.biblegateway.com/passage/?search=Mateo+4%3A8-10&amp;version=NVI" target="_blank" rel="noopener">Mateo 4:8–10</a> y la lectura de la predicación será <a href="https://www.biblegateway.com/passage/?search=Josu%C3%A9+24%3A1-15&amp;version=NVI" target="_blank" rel="noopener">Josué 24:1–15</a>.</p>

<p>Ambos textos plantean una cuestión de lealtad y discernimiento. Jesús rechaza una propuesta basada en el poder y reafirma que la adoración pertenece a Dios. Josué, por su parte, coloca al pueblo ante la responsabilidad de decidir a quién quiere servir.</p>

<p>La Reforma también puede leerse desde esta pregunta: ¿qué ocupa realmente el centro de nuestra vida y de nuestras iglesias?</p>

<p>Las instituciones, tradiciones y formas religiosas pueden ser valiosas, pero encuentran su sentido cuando permanecen al servicio del Evangelio. Cuando se convierten en un fin en sí mismas, necesitan ser nuevamente examinadas.</p>

<h2>Una iglesia donde todas las personas tienen voz</h2>

<p>Otra de las grandes herencias protestantes es el sacerdocio universal: la convicción de que la Iglesia no pertenece a una pequeña élite religiosa.</p>

<p>La comunidad cristiana está formada por personas llamadas a participar, discernir, servir y asumir responsabilidad.</p>

<p>Esto implica reconocer que cada persona aporta dones, experiencias, preguntas y miradas que pueden enriquecer a la comunidad. Una iglesia participativa aprende también a escuchar voces nuevas y a reconocer que el Espíritu puede hablarnos a través de personas y experiencias que quizá antes no habíamos sabido escuchar.</p>

<p>Por eso una Reforma que sigue viva necesita comunidades capaces de reconocer errores, aprender y responder a las preguntas de cada generación.</p>

<p>No se trata de perder nuestras raíces. Se trata de tener raíces suficientemente profundas para poder mirar con apertura el mundo que Dios nos invita a servir.</p>

<h2>Octubre: un mes para encontrarnos</h2>

<p>La vida comunitaria de octubre nos ofrecerá distintas oportunidades para seguir creciendo y compartiendo la fe.</p>

<p>Los estudios bíblicos continuarán cada jueves a las 19:30 h por Zoom, como espacio para acercarnos juntos a la Escritura, preguntar, dialogar y aprender.</p>

<p>El sábado 10 a las 18:00 h tendrá lugar la reunión de jóvenes en nuestra iglesia, y el viernes 30 a las 19:00 h se reunirá por Zoom el espacio Jesús Inclusivo.</p>

<p>Uno de los momentos centrales del mes será el <strong>Culto Unido de la Reforma</strong>, que celebraremos el domingo 25 de octubre a las 11:00 h en la <a href="https://www.esglesiatallers.org/" target="_blank" rel="noopener">Església Protestant de Barcelona-Centre</a>, en la calle Tallers, 26. Será una oportunidad para encontrarnos con otras comunidades y celebrar juntos una herencia de fe que continúa invitándonos a volver al Evangelio.</p>

<p>Y cada domingo seguimos reuniéndonos alrededor de la Palabra, la oración, el canto y la comunión. Si quieres conocer cómo vivimos estos encuentros, puedes visitar <a href="https://www.esglesiasantpau.org/vine-al-culte-cast/">Ven al culto</a>.</p>

<h2>Raíces profundas y mirada abierta</h2>

<p>Recordar la Reforma puede ser mucho más que recordar una fecha.</p>

<p>Puede convertirse en una oportunidad para preguntarnos qué necesita seguir siendo reformado en nuestras iglesias, nuestras comunidades y nuestra propia manera de vivir la fe.</p>

<p>Quizá algunas cosas necesiten ser cuidadas porque continúan dando vida. Otras pueden necesitar ser revisadas porque ya no ayudan a comunicar el Evangelio con claridad. Y habrá también caminos nuevos que solo podremos descubrir si aprendemos a escuchar.</p>

<p><strong>Una iglesia reformada sigue siendo una iglesia dispuesta a reformarse.</strong></p>

<p>Con raíces profundas y una mirada abierta, queremos continuar buscando una fe centrada en Jesucristo, alimentada por la Palabra, sostenida por la gracia y vivida en una comunidad donde todas las personas puedan encontrar dignidad, voz y responsabilidad.</p>

<p><em>Església Protestant Sant Pau, una iglesia cristiana evangélica donde la fe se vive como gracia compartida, acompañamiento y esperanza. Una fe que acoge.</em></p>

<p><em>Este artículo está basado en el boletín de octubre de 2026 de la Església Protestant Sant Pau.</em></p>
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		<title>Abraham: un llamado y una promesa que pasan por nosotros</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Edició EPSP]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 20 Sep 2026 21:22:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Predicacions]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Ultimas Publicaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Abraham]]></category>
		<category><![CDATA[bendición]]></category>
		<category><![CDATA[Comunidad cristiana]]></category>
		<category><![CDATA[Fe y camino]]></category>
		<category><![CDATA[Génesis 12]]></category>
		<category><![CDATA[Ismael Gramaje]]></category>
		<category><![CDATA[Llamado de Dios]]></category>
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					<description><![CDATA[El llamado de Abraham en Génesis 12 nos invita a caminar sin tenerlo todo resuelto y a descubrir una bendición destinada a alcanzar a todas las personas.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-uagb-container uagb-block-564b90f6 alignfull uagb-is-root-container"><div class="uagb-container-inner-blocks-wrap">
<blockquote>
<p><em>«Haré de ti una nación grande y te bendeciré; haré famoso tu nombre y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra!»</em></p>
<p><em>Génesis 12:2–3, NVI</em></p>
</blockquote>

<p>Hay momentos en los que la vida nos pone en camino sin entregarnos antes un mapa. Dejamos atrás lugares, seguridades, maneras de pensar o etapas que conocíamos bien, mientras aquello que tenemos delante todavía no está del todo claro. Caminamos, cambiamos, buscamos, aprendemos. Y muchas veces solo podemos descubrir hacia dónde vamos mientras avanzamos.</p>

<p>La historia de Abraham comienza precisamente así. En <a href="https://www.biblegateway.com/passage/?search=G%C3%A9nesis+12%3A1-9&amp;version=NVI" target="_blank" rel="noopener">Génesis 12:1–9</a>, Dios llama a Abraham a dejar su tierra, su parentela y la casa de su padre para dirigirse hacia una tierra que todavía desconoce. Hay una llamada y hay una promesa, pero el camino deberá descubrirse paso a paso.</p>

<p>Es una historia conocida, especialmente para quienes llevan años escuchando la Biblia. Abraham ha llegado hasta nosotros como «padre de la fe». Pero precisamente por conocer tanto su historia podemos correr el riesgo de acercarnos a ella sabiendo de antemano lo que esperamos encontrar.</p>

<p>La predicación del pastor Ismael Gramaje propone volver a mirar a Abraham desde otra perspectiva. La Biblia no nos presenta a un héroe perfecto ni a una familia idealizada. Encontramos personas profundamente humanas, con luces y sombras, decisiones acertadas y equivocadas, relaciones complejas y situaciones dolorosas. Y es precisamente en medio de esa humanidad donde comienza una historia de llamada, camino y bendición que también llega hasta nosotros.</p>

<p>Por eso la pregunta de este relato puede ser también nuestra pregunta: <strong>¿hacia dónde vas caminando tú?</strong></p>

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</div>
</figure>

<h2>Dios llama a personas reales</h2>

<p>Abraham recibe una llamada extraordinaria, pero su vida está lejos de responder a la imagen de un personaje perfecto. Tampoco su familia encaja fácilmente en una representación ideal de la vida familiar.</p>

<p>A su alrededor encontramos a Sarai, Lot, Agar, Ismael, Isaac y otras personas que irán formando parte de una historia atravesada por vínculos complejos, vulnerabilidades y contradicciones. La importancia de Abraham dentro de la tradición bíblica no borra esas sombras.</p>

<p>Esta mirada resulta especialmente significativa porque nos permite reconocer algo fundamental: <strong>Dios comienza a actuar a través de personas y familias profundamente humanas</strong>. La llamada no llega después de que Abraham haya resuelto todos los aspectos de su existencia. Dios lo encuentra dentro de su realidad y desde allí lo pone en camino.</p>

<p>También nosotros llevamos nuestras propias «mochilas». Tenemos historias, preguntas, relaciones, heridas, decisiones y contradicciones. La llamada de Dios no pertenece únicamente a quienes parecen haber alcanzado un modelo ideal de vida. Puede encontrarnos precisamente mientras seguimos aprendiendo a caminar.</p>

<h2>Caminar sin tener el mapa</h2>

<p>Uno de los detalles más sugerentes del relato es que Abraham recibe una dirección, pero no un itinerario completo. Sale hacia una tierra que Dios le mostrará. Tendrá que descubrir el camino mientras camina.</p>

<p>La imagen resulta cercana en un mundo donde muchas de nuestras brújulas parecen desconfigurarse. Podemos hacer planes, construir seguridades y pensar que conocemos el recorrido, pero la vida introduce cambios que nos obligan a volver a orientarnos.</p>

<p>La experiencia de Abraham permite entonces pensar la fe desde el camino. <strong>Seguir a Dios no exige tener previamente todas las respuestas.</strong> Hay llamadas y promesas que solo empiezan a comprenderse mientras avanzamos.</p>

<p>Esto tiene una dimensión personal y también comunitaria. Dios sigue hablando a nuestras existencias concretas, pero también puede llamar a una comunidad a moverse, discernir y descubrir nuevos caminos. La fe no siempre nos instala en lugares conocidos; también puede abrir procesos de cambio.</p>

<h2>Todos conocemos alguna forma de desplazamiento</h2>

<p>La salida de Abraham puede recordarnos una experiencia profundamente humana: dejar algo conocido para dirigirse hacia un lugar nuevo esperando encontrar otras posibilidades de vida.</p>

<p>La predicación señala con cuidado que la experiencia de Abraham no puede identificarse sin más con las migraciones contemporáneas. Las circunstancias históricas y geopolíticas son diferentes. Sin embargo, existe un punto de encuentro: la experiencia de abandonar referencias conocidas y afrontar la incertidumbre de un nuevo comienzo.</p>

<p>Muchas personas conocen ese camino físicamente. Han dejado una casa, una ciudad, un país, una lengua, unas costumbres o una familia. Es una experiencia que también forma parte de la realidad de nuestra propia comunidad.</p>

<p>Pero existen otros desplazamientos. Podemos atravesar <strong>cambios culturales, espirituales, mentales e intelectuales</strong>. A veces necesitamos revisar maneras de comprender la vida o la fe; otras veces buscamos una comunidad donde poder continuar nuestro camino espiritual. Cada etapa puede colocarnos nuevamente ante algo que todavía desconocemos.</p>

<p>Por eso Abraham resulta significativo precisamente cuando lo encontramos caminando. El «padre de la fe» aparece en movimiento, dejando atrás unas referencias y entrando en un proceso cuyo resultado todavía no puede contemplar.</p>

<p>Quizá esa sea también una manera de comprender nuestra propia experiencia cristiana: como personas que continúan en camino, abiertas a aquello que Dios todavía puede mostrarnos.</p>

<h2>Nadie camina solo</h2>

<p>Pero Abraham no emprende ese recorrido en solitario. Con él viajan Sarai, Lot y toda una estructura familiar y doméstica que hace posible el viaje.</p>

<p>Este detalle invita a desplazar por un momento la mirada del gran protagonista para prestar atención a quienes aparecen alrededor. ¿Qué significó aquel camino para Sarai? Ella también dejó su tierra, sus seguridades y el mundo que conocía. Además, lo hizo desde una situación de especial vulnerabilidad dentro de la sociedad de su tiempo.</p>

<p>Más adelante aparecerá Agar, mujer y esclava, cuya historia ocupará también un lugar importante en el relato de Abraham.</p>

<p>Prestar atención a estas figuras permite realizar una lectura más amplia y también más crítica. Reconocer a Abraham como figura de fe no convierte automáticamente todos los aspectos de su cultura y de su organización social en modelos para nuestro presente. El patriarcado, la esclavitud y las desigualdades que aparecen en estos relatos forman parte también de sus tensiones.</p>

<p><strong>La Biblia nos permite mirar a sus personajes con sus luces y sus sombras.</strong> Podemos reconocer la fe de Abraham y, al mismo tiempo, escuchar las historias de quienes tradicionalmente quedaron en segundo plano.</p>

<p>Esta perspectiva nos recuerda además que nuestros propios caminos tampoco se recorren en aislamiento. Caminamos acompañados por familias, amistades, hermanas y hermanos en la fe, y por personas que comparten inquietudes y búsquedas espirituales. La llamada puede ser personal, pero el camino tiene una profunda dimensión comunitaria.</p>

<h2>Bendecidos para bendecir</h2>

<p>Junto a la llamada aparece una promesa que constituye el segundo gran movimiento de este relato: Abraham recibe una bendición que está destinada a alcanzar a otras personas.</p>

<p><strong>Abraham es bendecido para bendecir.</strong></p>

<p>La bendición, por tanto, no funciona como un privilegio que permita situarse por encima de los demás. Se convierte en responsabilidad, apertura y misión. Lo recibido de Dios está llamado a producir bien más allá de nosotros mismos.</p>

<p>Esta idea cuestiona cualquier manera de vivir la fe desde la superioridad o la prepotencia. La misión cristiana encuentra aquí una orientación muy diferente: estamos llamados a ayudar, acompañar, hacer el bien y dejar algo bueno en la vida de las personas que encontramos en nuestro camino.</p>

<p>Seguir a Jesús puede expresarse precisamente así: <strong>ser una presencia que bendice</strong>. Una presencia que reconoce la dignidad, construye, acompaña y comparte esperanza.</p>

<p>Esta forma de comprender la misión está también en el corazón de la vida de la <a href="https://www.esglesiasantpau.org/esglesia-evangelica-protestant-barcelona-qui-som/">Església Protestant Sant Pau y de la comunidad cristiana que queremos seguir construyendo</a>: una fe que encuentra en el Evangelio una llamada a compartir la gracia recibida.</p>

<h2>Una bendición sin fronteras</h2>

<p>La promesa de Génesis amplía todavía más el horizonte: por medio de Abraham serán bendecidas «todas las familias de la tierra».</p>

<p>La palabra <strong>todas</strong> ocupa un lugar decisivo en la reflexión. La bendición alcanza a personas y familias reales, también a aquellas que no responden a determinados modelos ideales. La propia familia de Abraham, con toda su complejidad, forma parte de esa historia.</p>

<p>Esta amplitud permite mirar nuestra realidad desde la acogida. Las diferencias económicas, educativas, familiares o de género no establecen fronteras para el amor de Dios. Somos llamados a caminar con una mirada abierta hacia las personas que aparecen en nuestro recorrido.</p>

<p>La referencia a «todas las familias de la tierra» adquiere además una resonancia particular en el contexto del Tiempo de la Creación que acompañaba el culto de ese domingo. La bendición ensancha nuestra mirada hacia la tierra que habitamos y hacia el cuidado de la vida que compartimos.</p>

<p>La promesa recibida por Abraham, por tanto, nunca termina en Abraham. Se abre hacia otras personas, otras familias y hacia el mundo que compartimos.</p>

<h2>Una comunidad también llamada a caminar</h2>

<p>La predicación lleva finalmente la historia de Abraham hacia la iglesia. También una comunidad cristiana vive procesos, cambios e incertidumbres. Tampoco una iglesia necesita presentarse como una comunidad perfecta para responder a la llamada de Dios.</p>

<p>La gracia puede hacerse visible precisamente cuando reconocemos con humildad nuestra humanidad y descubrimos que Dios continúa obrando en medio de ella.</p>

<p>Para la Església Protestant Sant Pau, la llamada se concreta en el deseo de ser <strong>una comunidad abierta a todas las personas</strong>, donde la bendición recibida pueda convertirse en acogida, acompañamiento y bien compartido.</p>

<p>Una comunidad así continúa caminando. Escucha, aprende, discierne y se deja transformar. Y en ese recorrido procura que las personas que encuentra puedan experimentar algo de la bondad de Dios.</p>

<p>Si quieres seguir explorando reflexiones nacidas de nuestras predicaciones y otros contenidos para acompañar el camino de la fe, puedes visitar también <a href="https://www.esglesiasantpau.org/https-www-esglesiasantpau-org-esglesia-online-sant-pau/">Església Online</a>.</p>

<h2>Una invitación para hoy</h2>

<p>Tal vez la historia de Abraham pueda dejarnos esta semana una pregunta sencilla: <strong>¿hacia dónde vas caminando tú?</strong></p>

<p>Puede que estemos comenzando una etapa, dejando atrás algo conocido, atravesando una transición o intentando comprender hacia dónde orientar nuestra vida. Puede que el camino sea físico, emocional, intelectual o espiritual. Y puede que todavía no tengamos un mapa completo.</p>

<p>La experiencia de Abraham nos invita a reconocer que también allí puede comenzar una historia con Dios. Podemos caminar sin tenerlo todo resuelto. Podemos aprender mientras avanzamos. Podemos reconocer a quienes caminan a nuestro lado y prestar atención a las personas que fácilmente quedan fuera del centro de nuestra mirada.</p>

<p>Y podemos preguntarnos algo más: <strong>¿qué dejamos en la vida de quienes encontramos durante el camino?</strong></p>

<p>La promesa recibida por Abraham convierte la bendición en movimiento. Somos bendecidos para bendecir, para hacer el bien, acompañar, construir y compartir esperanza. La llamada no termina en nosotros; pasa por nosotros y continúa hacia otras personas.</p>

<p>Quizá por eso la historia de Abraham sigue siendo tan actual. Seguimos siendo personas en camino. Y en medio de nuestros cambios, incertidumbres, luces y sombras, podemos continuar descubriendo una llamada y una promesa que también pasan por nosotros.</p>

<p>Si deseas compartir este camino con otras personas, conocer cómo celebramos la fe y acercarte a nuestra comunidad, te invitamos a <a href="https://www.esglesiasantpau.org/vine-al-culte-cast/">Ven al culto</a>.</p>

<p><em>Església Protestant Sant Pau, una iglesia cristiana evangélica donde la fe se vive como gracia compartida, acompañamiento y esperanza. Una fe que acoge.</em></p>

<p><em>Este artículo está basado en la predicación del pastor Ismael Gramaje, del 20 de septiembre de 2026 en la Església Protestant Sant Pau.</em></p>
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		<title>Cuidando un jardín que no es nuestro: formamos parte de él</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Edició EPSP]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 13 Sep 2026 16:43:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Celebración dominical]]></category>
		<category><![CDATA[Predicacions]]></category>
		<category><![CDATA[Ultimas Publicaciones]]></category>
		<category><![CDATA[cuidado de la creación]]></category>
		<category><![CDATA[ecología]]></category>
		<category><![CDATA[Espiritualidad cristiana]]></category>
		<category><![CDATA[Génesis 2]]></category>
		<category><![CDATA[Ismael Gramaje]]></category>
		<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>
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					<description><![CDATA[Génesis 2 nos invita a cuidar la creación desde una mirada diferente: no somos sus propietarios, sino criaturas que formamos parte de ella.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-pullquote has-text-align-left has-ast-global-color-0-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1" style="padding-top:1px;padding-bottom:1px"><blockquote><p><em>«Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara.»</em></p><cite><em>Génesis 2:15</em></cite></blockquote></figure>



<p>Vivimos rodeados de señales que nos recuerdan la fragilidad de nuestro entorno: temperaturas cada vez más difíciles de reconocer como habituales, lluvias torrenciales, estaciones que parecen desajustarse, contaminación del aire y del agua, residuos que terminan en nuestros mares. Son cuestiones que nos interpelan como sociedad. Pero para quienes nos confesamos cristianos surge además una pregunta: <strong>¿tiene nuestra fe en Jesús algo que decir sobre nuestra relación con la creación?</strong></p>

<p>La pregunta nos conduce hasta <a href="https://www.biblegateway.com/passage/?search=G%C3%A9nesis+2%3A4-15&amp;version=NVI" target="_blank" rel="noopener">Génesis 2:4–15</a>. Allí encontramos la imagen de Dios plantando un jardín y colocando al ser humano en él para cultivarlo y cuidarlo. Sin embargo, el relato puede invitarnos a mirar más profundamente. Antes de preguntarnos qué debemos hacer con la creación, podemos preguntarnos <strong>quiénes somos nosotros dentro de ella</strong>.</p>

<p>Porque ese jardín no comienza con nosotros. Estaba allí antes. Y el ser humano tampoco llega desde fuera: procede de la misma tierra. Desde esta perspectiva, cuidar la creación adquiere una dimensión mucho más profunda. Cuidamos aquello de lo que nosotros mismos formamos parte.</p>

<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio">
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<div class="ast-oembed-container " style="height: 100%;"><iframe loading="lazy" title="Cuidando un jardín que no es nuestro | Ismael Gramaje" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/qr7KNbIIVQc?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
</div>
</figure>

<h2>Somos parte del jardín</h2>

<p>El relato de Génesis presenta una relación profundamente estrecha entre el ser humano y la tierra. El nombre Adán está relacionado con <em>adamá</em>, tierra o suelo. La imagen bíblica del ser humano formado del polvo expresa precisamente esta pertenencia: no llegamos a la creación como visitantes procedentes de otro lugar, sino que surgimos de ella.</p>

<p>Esta perspectiva modifica nuestra manera de entender el cuidado de la creación. Si nos situamos fuera de ella, podemos contemplarla como un objeto disponible para nuestro uso. Pero si reconocemos que somos parte de ella, descubrimos una realidad diferente: <strong>lo que hacemos a la creación también nos afecta a nosotros mismos</strong>.</p>

<p>La vida depende de una inmensa red de relaciones con otras criaturas y con la propia tierra. Dependemos del agua, del aire, de los suelos, de los ciclos naturales y de innumerables formas de vida. Somos parte de una comunidad de vida profundamente interdependiente.</p>

<p>Por eso, la propuesta de Génesis va más allá de entendernos únicamente como administradores de algo que pertenece a Dios. Somos criaturas dentro de la misma creación que estamos llamadas a cultivar y cuidar. El jardín que cuidamos es también el jardín al que pertenecemos.</p>

<h2>Un mundo que estaba aquí antes que nosotros</h2>

<p>Hay otro detalle fundamental en el relato: el ser humano llega después.</p>

<p>Es Dios quien crea el jardín, lo planta, lo hace crecer y le da vida. El ser humano no inventa el agua, los árboles, los animales ni los ciclos que sostienen la existencia. <strong>Recibe un mundo que ya estaba allí.</strong></p>

<p>Esta sencilla constatación puede transformar nuestra espiritualidad. La creación posee valor antes de que descubramos para qué puede servirnos. Una montaña tiene valor más allá de los minerales que podamos extraer de ella. Un bosque tiene sentido antes de convertirse en madera. Un río importa más allá del agua, la energía o los recursos que podamos obtener de él.</p>

<p>Génesis afirma que la creación ya era buena. Su valor no comienza cuando el ser humano encuentra una utilidad para ella.</p>

<p>Esta mirada nos invita a desplazar una visión excesivamente centrada en nosotros mismos. En lugar de preguntarnos constantemente «¿para qué me sirve?», podemos comenzar a reconocer la vida que existe ante nosotros y las relaciones que la hacen posible.</p>

<h2>De la lógica de la posesión a la lógica de Jesús</h2>

<p>Reconocernos como parte de la creación también cuestiona la lógica de la posesión. Si todo existe únicamente en función de lo que podemos obtener, la relación con el mundo termina fácilmente convirtiéndose en extracción, consumo y explotación.</p>

<p>Jesús nos conduce hacia otra manera de vivir. Su camino se expresa en el don compartido, en el servicio y en una vida entregada para que otras personas puedan vivir. Es una lógica profundamente distinta: <strong>en lugar de preguntarnos cuánto podemos obtener, preguntarnos cómo podemos dar vida</strong>.</p>

<p>Esta manera de comprender el Evangelio forma parte también de la identidad que queremos vivir como <a href="https://www.esglesiasantpau.org/esglesia-evangelica-protestant-barcelona-qui-som/">Església Protestant Sant Pau</a>: una fe que encuentra en Jesús una forma de relacionarnos con Dios, con las demás personas y también con el mundo del que formamos parte.</p>

<p>La reconciliación que encontramos en Jesús adquiere así una dimensión integral. Tiene que ver con nuestra relación con Dios, con nosotros mismos, con quienes nos rodean y con la creación. Jesús comparte nuestra carne, nuestra vulnerabilidad y nuestra condición de criaturas, y nos muestra una manera reconciliada de habitar la vida.</p>

<h2>Cultivar y cuidar</h2>

<p>Génesis resume la responsabilidad humana en dos acciones sencillas y profundas: cultivar y cuidar.</p>

<p>Cultivar significa trabajar para que la vida pueda desarrollarse y crecer. Cuidar significa guardar, proteger y preservar. Ambas acciones hablan de una <strong>ética del cuidado</strong>: una manera de relacionarnos con aquello que hemos recibido buscando favorecer la vida.</p>

<p>Por eso cultivar es muy distinto de explotar. Cultivar reconoce los límites, los ritmos y el valor de aquello que tenemos delante. Busca hacer posible que la vida continúe y pueda dar fruto.</p>

<p>Esta perspectiva conecta con otra afirmación bíblica evocada en la predicación: «Del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella». La tierra no comienza en nosotros ni termina en nosotros. La hemos recibido.</p>

<p>También hemos recibido la vida, el tiempo, los dones y los recursos. Todo ello puede llevarnos a una pregunta espiritual muy concreta: <strong>¿con qué lógica queremos vivir aquello que hemos recibido?</strong></p>

<h2>¿Cómo podemos dar vida?</h2>

<p>La pregunta puede formularse también comunitariamente. En lugar de pensar únicamente qué podemos obtener de las demás personas o de la creación, podemos preguntarnos: «¿Cómo podemos dar vida?».</p>

<p>La respuesta no tiene por qué comenzar con grandes proyectos. También puede expresarse mediante gestos pequeños que transforman hábitos y ayudan a tomar conciencia. En la propia comunidad, por ejemplo, empezar a separar los residuos que generamos durante el pica-pica puede parecer algo sencillo. Pero incluso un gesto así expresa una manera de mirar aquello que compartimos.</p>

<p>La espiritualidad cristiana también transforma nuestra relación con la creación porque modifica nuestra manera de comprender la vida. El cuidado deja de ser solamente una cuestión medioambiental para convertirse también en una expresión de nuestra fe.</p>

<p>Por eso estas preguntas forman parte de aquello que podemos compartir cuando nos reunimos. Nuestro <a href="https://www.esglesiasantpau.org/culte-setmanal-esglesia-sant-pau-barcelona/">culto semanal en la Església Protestant Sant Pau</a> es también un espacio para escuchar la Palabra, mirar la realidad que nos rodea y discernir juntos cómo vivir el Evangelio en ella.</p>

<h2>Una espiritualidad que sale del culto</h2>

<p>La reconciliación con Dios en Jesús no queda encerrada en el ámbito de las prácticas religiosas. La celebración de la fe está llamada a convertirse en una manera de vivir.</p>

<p>La imagen final de la predicación nos lleva hasta Ezequiel 47. Allí, del templo comienza a salir agua. Primero aparece como un pequeño hilo, pero va creciendo hasta convertirse en un río. Y allí donde llega ese río aparece la vida: los peces se multiplican, los árboles crecen, sus frutos alimentan y sus hojas sirven para sanar.</p>

<p>La imagen vuelve a evocar el jardín. Habla de una creación restaurada y de una vida que, en lugar de permanecer encerrada en el templo, fluye hacia fuera y hace posible nueva vida.</p>

<p>Esta imagen encuentra también un eco en Jesús. Junto a un pozo habla con una mujer acerca del agua que puede convertirse en fuente de vida. Más adelante invita a quienes tienen sed a acercarse y beber, y el Evangelio de Juan relaciona esa imagen con el Espíritu y con ríos de agua viva.</p>

<p>La espiritualidad cristiana puede entenderse desde esa misma imagen: <strong>recibir vida para compartir vida</strong>. Aquello que recibimos de Jesús está llamado a alcanzar nuestras relaciones, nuestras decisiones, nuestra comunidad y también nuestra manera de habitar y cuidar la tierra.</p>

<h2>Una invitación para hoy</h2>

<p>Quizá cuidar la creación comienza por aprender nuevamente a reconocernos dentro de ella.</p>

<p>Somos parte de una historia que comenzó antes que nosotros. Respiramos un aire que no hemos creado, bebemos un agua que recibimos, habitamos una tierra que sostiene nuestra vida y compartimos el mundo con una inmensa comunidad de criaturas.</p>

<p>Reconocerlo puede cambiar las preguntas que hacemos. Podemos pasar de «¿qué puedo obtener?» a «¿cómo puedo dar vida?». De contemplar el mundo únicamente desde su utilidad a descubrir el valor de aquello que Dios ha hecho vivir. De entender el cuidado como una obligación externa a experimentarlo como una forma de cuidar también la comunidad de vida de la que formamos parte.</p>

<p>La invitación de Génesis sigue siendo sencilla: <strong>cultivar y cuidar</strong>. Hacer crecer, guardar, proteger y preservar. Y hacerlo desde una espiritualidad alimentada por Jesús, capaz de salir del espacio del culto y convertirse en estilo de vida.</p>

<p>En medio de la crisis ecológica que vivimos, también aquí podemos ser sal y luz. Podemos nutrirnos de esos ríos de agua viva y preguntarnos, personal y comunitariamente, cuál es el pequeño gesto que podemos aportar para que la vida siga creciendo a nuestro alrededor.</p>

<p>Puedes encontrar otras reflexiones y <a href="https://www.youtube.com/@ProtestantSantPau">predicaciones de la Església Protestant Sant Pau en nuestro canal de YouTube</a>.</p>

<p>Si deseas conocer más de cerca nuestra comunidad, puedes visitar <a href="https://www.esglesiasantpau.org/vine-al-culte-cast/">Ven al culto</a> y descubrir cómo compartimos la fe y la vida comunitaria.</p>

<p><em>Església Protestant Sant Pau, una iglesia cristiana evangélica donde la fe se vive como gracia compartida, acompañamiento y esperanza. Una fe que acoge.</em></p>

<p><em>Este artículo está basado en la predicación del pastor Ismael Gramaje, del 13 de septiembre de 2026 en la Església Protestant Sant Pau.</em></p>



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		<title>«No me importa a la iglesia que vayas»: historia y significado de un antiguo corito cristiano</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Edició EPSP]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 12 Sep 2026 14:31:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Meditacions]]></category>
		<category><![CDATA[Ultimas Publicaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Calvario]]></category>
		<category><![CDATA[Coritos evangélicos]]></category>
		<category><![CDATA[Ecumenismo]]></category>
		<category><![CDATA[Historia protestante]]></category>
		<category><![CDATA[Unidad cristiana]]></category>
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					<description><![CDATA[Conoce la historia de «No me importa a la iglesia que vayas», un antiguo corito cristiano que pasó de comunidad en comunidad y se convirtió en canto de unidad.]]></description>
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<div class="wp-block-uagb-image aligncenter uagb-block-d2a30cec wp-block-uagb-image--layout-default wp-block-uagb-image--effect-static wp-block-uagb-image--align-center"><figure class="wp-block-uagb-image__figure"><img decoding="async" src="https://www.esglesiasantpau.org/wp-content/uploads/2026/09/historia-corito-no-me-importa-iglesia-que-vayas-1024x576.webp" alt="Himnario abierto con un antiguo canto cristiano mientras dos personas se dan la mano." class="uag-image-5994" width="1024" height="576" title="Historia del corito «No me importa a la iglesia que vayas»" loading="lazy" role="img" /></figure></div>
</div>



<p><strong>Una canción sencilla que pasó de comunidad en comunidad, atravesó distintas tradiciones cristianas y sigue recordándonos que la fe también puede tender puentes.</strong></p>

<p>Hay canciones que permanecen porque fueron cuidadosamente conservadas en los himnarios y otras que sobreviven de una manera mucho más sencilla: alguien las aprende en una iglesia, las canta después en otra comunidad y, casi sin darse cuenta, las transmite a una nueva generación. <em>«No me importa a la iglesia que vayas»</em> pertenece a esa memoria compartida. Para muchas personas que crecieron en comunidades evangélicas de América Latina, basta recordar unas pocas palabras para que vuelva también la melodía, junto con la imagen del Calvario, una mano tendida y el reconocimiento del otro como hermano o hermana.</p>

<p>Como sucede con muchos de aquellos antiguos coritos, resulta difícil reconstruir completamente su origen. La canción circuló durante años entre comunidades cristianas, adoptó diferentes formas y terminó siendo conocida mucho más allá del lugar donde pudo comenzar a cantarse. Precisamente por eso vale la pena detenerse en su historia: porque el recorrido del canto parece haber terminado expresando, de una manera inesperada, el mismo mensaje de unidad que contenía su letra.</p>

<p>Hay canciones que permanecen porque fueron cuidadosamente conservadas en los himnarios y otras que sobreviven de una manera mucho más sencilla: alguien las aprende en una iglesia, las canta después en otra comunidad y, casi sin darse cuenta, las transmite a una nueva generación. <em>«No me importa a la iglesia que vayas»</em> pertenece a esa memoria compartida.</p>

<p>Para muchas personas que crecieron en comunidades evangélicas de América Latina, basta recordar unas pocas palabras para que vuelva también la melodía. Una de las versiones más recordadas dice:</p>

<blockquote>
<p>
No me importa a la iglesia que vayas,<br>
si detrás del Calvario tú estás;<br>
si tu corazón es como el mío,<br>
dame la mano y mi hermano serás.
</p>

<p>
Dame la mano, dame la mano,<br>
dame la mano y mi hermano serás.
</p></blockquote>

<p>Es una letra muy breve, pero reúne imágenes que han acompañado al canto durante décadas: el Calvario, el corazón, la mano tendida y el reconocimiento del otro como hermano.</p>

<p>Como sucede con muchos de aquellos antiguos coritos, resulta difícil reconstruir completamente su origen. La canción circuló durante años entre comunidades cristianas, adoptó diferentes formas y terminó siendo conocida mucho más allá del lugar donde pudo comenzar a cantarse. Precisamente por eso vale la pena detenerse en su historia: porque el recorrido del canto parece haber terminado expresando, de una manera inesperada, el mismo mensaje de unidad que contenía su letra.</p>


<h2>Un corito que pasó de iglesia en iglesia</h2>

<p>Las referencias impresas que hemos podido localizar muestran que el canto ya circulaba a finales de la década de 1970. En aquellos años aparece en colecciones de coritos cristianos una versión conocida como <em>Dame la mano</em>. Algunos años después encontramos también otra forma del mismo canto, publicada bajo el título <em>De la misma iglesia tú eres</em> y relacionada con <a href="https://www.biblegateway.com/passage/?search=Efesios+4%3A4-6&amp;version=NVI" target="_blank" rel="noopener">Efesios 4:4-6</a>, donde la comunidad cristiana es descrita como un solo cuerpo unido por un mismo Espíritu, una misma esperanza, un solo Señor y una sola fe.</p>

<p>Estos testimonios permiten afirmar que el corito ya era conocido en aquella época, aunque hasta ahora no hemos encontrado una fuente suficientemente fiable que permita establecer quién lo compuso, en qué país surgió o cuándo comenzó exactamente a cantarse. Esa incertidumbre resulta bastante característica de muchos coritos que formaron parte de la vida evangélica durante el siglo XX. Se aprendían escuchándolos, se memorizaban con facilidad y viajaban con las personas de una congregación a otra. La canción terminaba perteneciendo a la comunidad que la cantaba, aunque nadie supiera ya quién había escrito por primera vez aquellas palabras.</p>

<p>Ese modo de transmisión ayuda también a comprender por qué encontramos distintas versiones. Algunas comunidades recuerdan el comienzo <em>«De la misma iglesia tú eres»</em>; otras aprendieron <em>«No me importa a la iglesia que vayas»</em>; y también circularon variantes que hablaban del lugar de procedencia de quien cantaba. Las palabras podían cambiar ligeramente, pero permanecía una misma escena: dos personas que se reconocen alrededor de Cristo y se ofrecen la mano como signo de fraternidad.</p>

<h2>Una canción que atravesó fronteras</h2>

<p>La sencillez del corito facilitó probablemente su difusión. No hacía falta un coro, una partitura compleja ni una gran preparación musical. Bastaba escuchar la melodía unas cuantas veces para poder cantarla. De ese modo llegó a formar parte de la memoria de muchas comunidades evangélicas latinoamericanas y encontró un lugar especialmente natural en encuentros donde coincidían cristianos procedentes de distintas iglesias.</p>

<p>Con el tiempo, su recorrido llegó también a algunos ambientes católicos latinoamericanos. Distintos cancioneros y materiales pastorales incorporaron versiones del mismo canto, de manera que una canción profundamente asociada a la memoria evangélica comenzó a escucharse también en comunidades de otras tradiciones cristianas. Su viaje resulta significativo: un corito que invitaba a reconocer al otro más allá de la iglesia concreta a la que perteneciera terminó pasando, efectivamente, de una iglesia a otra.</p>

<p>Tal vez ahí se encuentre una de las razones de su permanencia. La letra expresaba con palabras muy sencillas una aspiración que ha acompañado a muchas generaciones de cristianos: encontrarse alrededor de Cristo sin que las diferencias entre tradiciones impidan reconocerse mutuamente como hermanos y hermanas.</p>

<h2>¿Qué significa estar «detrás del Calvario»?</h2>

<p>Hay, sin embargo, una expresión del corito que puede resultar extraña cuando la escuchamos hoy: estar «detrás del Calvario». Más que intentar convertir esas palabras en una fórmula teológica exacta, podemos preguntarnos hacia dónde dirige nuestra mirada la canción. Y esa mirada conduce inevitablemente a Jesús.</p>

<p>El Calvario nos sitúa ante un amor que llega hasta la entrega. En Jesús encontramos a quien se acerca al sufrimiento humano, comparte la realidad de quienes conocen el rechazo y el dolor, y permanece junto a quienes necesitan esperanza. Mirar hacia el Calvario significa, por tanto, contemplar una manera de amar que transforma también nuestra relación con los demás.</p>

<p>Desde esa perspectiva, la unidad cristiana adquiere una profundidad mayor que la simple convivencia cordial entre denominaciones. La fe compartida en Cristo nos invita a aprender a mirarnos de otra manera. La carta a los Efesios utiliza precisamente la imagen de un cuerpo unido: <a href="https://www.biblegateway.com/passage/?search=Efesios+4%3A4-6&amp;version=NVI" target="_blank" rel="noopener">«un solo cuerpo y un solo Espíritu»</a>. También Jesús, en su oración por quienes creerían después de sus primeros discípulos, expresa el deseo de que sus seguidores caminen hacia la unidad, como podemos leer en <a href="https://www.biblegateway.com/passage/?search=Juan+17%3A20-23&amp;version=NVI" target="_blank" rel="noopener">Juan 17:20-23</a>.</p>

<p>La unidad cristiana encuentra así su centro en Cristo y se hace visible cuando aprendemos a reconocernos, escucharnos, acompañarnos y servir juntos. Puede haber diferencias de tradición, de sensibilidad o de manera de expresar la fe, pero el encuentro alrededor de Jesús abre un espacio donde esas diferencias pueden ser vividas desde el respeto y la fraternidad.</p>

<h2>La fuerza de una mano tendida</h2>

<p>Quizá por eso la imagen más sencilla del corito sigue siendo también la más poderosa: una mano que se ofrece a otra persona. Tender la mano es un gesto pequeño, pero expresa algo profundamente humano. Dice que hemos visto al otro, que reconocemos su presencia y que estamos dispuestos a compartir el camino.</p>

<p>La vida cristiana está llena de gestos así. Aparecen cuando una comunidad recibe a quien llega por primera vez, cuando alguien encuentra un espacio donde puede hablar y ser escuchado, cuando acompañamos a quien atraviesa una dificultad o cuando colaboramos con personas de otras iglesias para servir a quienes nos rodean. La fraternidad cristiana se construye en esos encuentros concretos.</p>

<p>La gracia de Dios también ensancha nuestra manera de mirar. Cuando una persona descubre que su vida ha sido recibida con misericordia, aprende a mirar con mayor compasión la vida de los demás. La acogida que experimentamos en Dios puede convertirse entonces en una manera de estar presentes en el mundo: con apertura, con respeto y con una disposición real para caminar junto a otras personas.</p>

<h2>Una unidad que se hace vida</h2>

<p>El ecumenismo nace precisamente de ese deseo de encuentro. Para nosotros significa reconocer aquello que compartimos con otros cristianos y descubrir espacios donde podemos orar, conversar, aprender y servir juntos. En la <strong>Església Protestant Sant Pau</strong> esta vocación forma parte de nuestra manera de entender la comunidad y de nuestra pertenencia a la <a href="https://iee-protestante.org/nuestras-comunidades/" target="_blank" rel="noopener">Iglesia Evangélica Española</a>, junto con otras comunidades protestantes presentes en diferentes lugares de España.</p>

<p>Nuestra tradición nos invita a mantener a Jesucristo en el centro, escuchar las Escrituras con responsabilidad y vivir la fe de manera comunitaria. Desde ahí buscamos también el encuentro con otras tradiciones cristianas, conscientes de que la unidad puede crecer cuando existen escucha, respeto y voluntad de caminar juntos.</p>

<p>Quizá aquel antiguo corito continúe siendo recordado precisamente porque consiguió expresar todo esto con una escena muy sencilla. Dos personas se encuentran, descubren aquello que las une y se tienden la mano. Después de tantas décadas, esa imagen conserva su fuerza porque sigue planteándonos una pregunta muy actual: ¿cómo hacemos visible hoy la fraternidad que confesamos?</p>

<h2>Para seguir caminando</h2>

<p>Las canciones forman parte de nuestra memoria, pero también pueden ayudarnos a mirar nuevamente nuestra propia fe. Recordar este corito puede invitarnos a preguntarnos de qué manera vivimos la unidad cristiana, cómo nos relacionamos con personas de otras tradiciones y dónde encontramos hoy a quienes necesitan una mano tendida.</p>

<p>En Sant Pau seguimos recorriendo estas preguntas desde la Biblia, la oración, la predicación y la vida compartida. En <a href="https://www.esglesiasantpau.org/online-2/"><strong>Església Online</strong></a> puedes encontrar nuestras últimas predicaciones y meditaciones para continuar profundizando en el Evangelio y acompañar tu propio camino de fe.</p>

<p>Si quieres conocer mejor nuestra comunidad, puedes visitar también <a href="https://www.esglesiasantpau.org/esglesia-evangelica-protestant-barcelona-qui-som/"><strong>quiénes somos</strong></a> y descubrir <a href="https://www.esglesiasantpau.org/culte-setmanal-esglesia-sant-pau-barcelona/"><strong>cómo celebramos nuestro culto</strong></a> en Barcelona.</p>

<p>Porque la fe también crece cuando escuchamos, compartimos y aprendemos a caminar juntos.</p>

<p><strong>Una fe que acoge.</strong></p>



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		<title>¿Por qué las pastoras y pastores protestantes llevan toga?</title>
		<link>https://www.esglesiasantpau.org/toga-protestante-pastoras-pastores/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Edició EPSP]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Sep 2026 12:29:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Activitats y Notícies]]></category>
		<category><![CDATA[Protestantismo]]></category>
		<category><![CDATA[Ultimas Publicaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Culto protestante]]></category>
		<category><![CDATA[església protestant sant pau]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia Evangélica Española]]></category>
		<category><![CDATA[Ministerio pastoral]]></category>
		<category><![CDATA[reforma protestante]]></category>
		<category><![CDATA[Toga protestante]]></category>
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					<description><![CDATA[La toga protestante tiene un origen académico vinculado a la Reforma. Descubrimos qué significa y qué nos habla sobre la Palabra, la formación, el sacerdocio común y el ministerio pastoral entendido como servicio.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-uagb-image aligncenter uagb-block-cfce99ac wp-block-uagb-image--layout-default wp-block-uagb-image--effect-static wp-block-uagb-image--align-center"><figure class="wp-block-uagb-image__figure"><img decoding="async" src="https://www.esglesiasantpau.org/wp-content/uploads/2026/09/toga-protestante-pastoras-pastores-1200-x-1600-225x300.webp" alt="Pastoras y pastores protestantes con toga negra y bandas blancas durante diferentes celebraciones y predicaciones." class="uag-image-5944" width="225" height="300" title="Pastoras y pastores con toga protestante" loading="lazy" role="img" /></figure></div>



<article>

<p><strong>La Església Protestant Sant Pau forma parte de la <a href="https://iee-protestante.org/" target="_blank" rel="noopener">Iglesia Evangélica Española (IEE)</a>, una iglesia protestante unida en la que confluyen las tradiciones reformada y metodista. En nuestros cultos, las pastoras y pastores pueden vestir la toga protestante, una prenda que forma parte de esta herencia y cuyo significado va mucho más allá de la indumentaria.</strong></p>

<p>La toga negra es una prenda de origen académico que la tradición protestante incorporó al ministerio de la Palabra. Su historia nos lleva hasta la Reforma y nos habla del estudio, la formación y la responsabilidad que supone interpretar y proclamar las Escrituras.</p>

<p>La toga protestante tiene sus raíces en el mundo académico europeo. En tiempos de la Reforma, la toga negra formaba parte de la indumentaria de doctores y profesores universitarios. Reformadores como Juan Calvino y Ulrico Zuinglio la vistieron, y acabaría siendo conocida como <strong>toga de Ginebra</strong>. El <a href="https://museeprotestant.org/notice/la-robe-pastorale-3/" target="_blank" rel="noopener">Musée protestant</a> la describe como una toga de doctor universitario y de ministro del Evangelio, vinculada a la responsabilidad de anunciar las Escrituras.</p>

<p>Por tanto, esta prenda procedente del mundo del estudio y la enseñanza expresa una responsabilidad: <strong>quienes han asumido el ministerio de la Palabra se han formado para ejercerlo y continúan preparándose para enseñar y predicar las Escrituras al servicio de la comunidad.</strong></p>

<figure style="margin:30px auto; text-align:center;">
  <img decoding="async"
    src="https://www.esglesiasantpau.org/wp-content/uploads/2026/09/pastor-toga-protestante-lectura-biblia-sant-pau-scaled.webp"
    alt="Pastor con toga protestante leyendo la Biblia durante el culto."
    title="La lectura de la Biblia en el culto protestante"
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    style="display:block; width:100%; max-width:650px; height:auto; margin:0 auto;"
  >
  <figcaption style="margin-top:8px; text-align:center;">
    La proclamación de la Palabra ocupa un lugar central en el culto protestante.
  </figcaption>
</figure>

<h2>La Palabra, el estudio y la responsabilidad de predicar</h2>

<p>La Reforma renovó el énfasis en la centralidad de las Escrituras y su predicación. Predicar implica mucho más que leer un texto bíblico y expresar una opinión personal sobre lo que dice. La Biblia reúne textos escritos en lenguas, épocas, culturas y géneros literarios muy diversos. Acercarse a ellos responsablemente requiere estudio, conocimiento del contexto, herramientas de interpretación y formación teológica.</p>

<p>Quien predica ejerce en el culto un ministerio muy concreto: <strong>servir a la comunidad mediante la proclamación de la Palabra</strong>. Su preparación busca ayudarnos a comprender mejor las Escrituras, escuchar las preguntas que plantean a nuestra vida y descubrir cómo el Evangelio puede orientarnos en el presente. El estudio no aleja la predicación de la vida cotidiana; al contrario, ayuda a ponerlas en diálogo.</p>

<p>Esta preparación continúa más allá de los estudios teológicos reglados. El ministerio de la Palabra requiere seguir leyendo, estudiando, reflexionando y aprendiendo, porque cada texto, cada comunidad y cada tiempo plantean nuevas preguntas.</p>

<p>Esta centralidad de la Palabra forma parte de nuestra manera de celebrar el culto. Si quieres conocer cómo intentamos poner las Escrituras en diálogo con la vida actual, puedes escuchar las <a href="https://www.youtube.com/@ProtestantSantPau" target="_blank" rel="noopener">predicaciones de la Església Protestant Sant Pau en nuestro canal de YouTube</a>.</p>

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    alt="Miembro de la comunidad participando en el culto de la Església Protestant Sant Pau, con la Biblia abierta y la cruz al fondo."
    title="Participación de la comunidad en el culto"
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    En el culto, diferentes miembros de la comunidad participan y ponen sus dones al servicio de los demás.
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<h2>Un ministerio dentro del sacerdocio común de todas las personas creyentes</h2>

<p>Una de las ideas fundamentales para comprender qué significa la toga en una iglesia protestante es el <strong>sacerdocio común de todas las personas creyentes</strong>. La Primera carta de Pedro habla de la comunidad cristiana como un pueblo sacerdotal llamado a proclamar las obras de Dios. Puedes leer <a href="https://www.biblegateway.com/passage/?search=1%20Pedro%202%3A9&amp;version=NVI" target="_blank" rel="noopener">1 Pedro 2:9 (NVI)</a>.</p>

<p>Dicho de una manera sencilla, la vida de la Iglesia es compartida. Todas las personas creyentes somos llamadas a vivir la fe, orar, servir, dar testimonio y poner nuestros dones al servicio de los demás. La propia <a href="https://iee-protestante.org/quienes-somos/presentacion/mision-vision-y-valores/historia/nuestra-fe/" target="_blank" rel="noopener">confesión de fe de la Iglesia Evangélica Española</a> afirma el sacerdocio universal de las personas creyentes y reconoce que dentro de la comunidad existen diferentes dones, responsabilidades y ministerios.</p>

<p>El ministerio pastoral es uno de estos servicios. Las pastoras y pastores asumen responsabilidades en la predicación, la formación bíblica, la celebración del culto y de los sacramentos y el acompañamiento pastoral. Este ministerio requiere vocación, formación y el reconocimiento de la Iglesia, pero no establece una diferencia de dignidad ante Dios. <strong>Compartimos la misma dignidad y servimos desde responsabilidades diferentes.</strong></p>

<p>Esto también se hace visible en nuestro culto: diferentes miembros de la comunidad presiden la celebración, leen las Escrituras, dirigen las oraciones, participan en la música y asumen otros servicios. La toga, cuando se utiliza, hace visible una responsabilidad ministerial concreta: el ministerio de la Palabra.</p>

<figure style="margin:30px auto; text-align:center;">
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    alt="Persona con toga protestante mientras le ajustan las bandas blancas antes de una celebración."
    title="La toga protestante y las bandas blancas"
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  <figcaption style="margin-top:8px; text-align:center;">
    La toga y las bandas blancas forman parte de una tradición vinculada al ministerio de la Palabra.
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<h2>Sobriedad, servicio y comunidad</h2>

<p>La toga tiene también una función visual sencilla. Cuando quien predica se la pone, su indumentaria personal queda en gran parte cubierta y pasan a un segundo plano elementos como la moda, las marcas, el precio de la ropa o el estilo particular. En una sociedad en la que la manera de vestir puede comunicar identidad o posición social, esta sobriedad adquiere un significado especial.</p>

<p>La persona que predica continúa presente con su voz, su sensibilidad, su preparación y su manera de comunicar. Pero la toga ayuda a desplazar la atención de su apariencia hacia la responsabilidad que ejerce. <strong>La predicación no es una exhibición personal, sino un servicio a la Palabra y a la comunidad.</strong></p>

<p>Por eso, el significado de la toga no depende únicamente de la prenda. La manera de vivir el ministerio es la que da contenido al símbolo: <strong>la cercanía, el cuidado y el servicio cotidiano muestran qué significa realmente esa responsabilidad.</strong></p>

<p>Las dos bandas blancas que suelen acompañar a la toga proceden también de antiguas formas de vestimenta académica y profesional europea. Con el tiempo han recibido diferentes interpretaciones simbólicas. Una de las más conocidas las relaciona con <strong>la Antigua y la Nueva Alianza</strong>, es decir, con la historia bíblica que leemos en el Antiguo y el Nuevo Testamento.</p>

<p>Existe, por tanto, una relación histórica entre la indumentaria académica de los reformadores y el carácter docente de la Reforma: <strong>la responsabilidad de estudiar y enseñar la Palabra.</strong></p>

<p>La Església Protestant Sant Pau vive hoy esta herencia desde su realidad en Barcelona y como comunidad de la Iglesia Evangélica Española. Si quieres conocer mejor quiénes somos, la tradición de la que formamos parte y cómo queremos vivir el seguimiento de Jesús, puedes visitar nuestra página <a href="https://www.esglesiasantpau.org/esglesia-evangelica-protestant-barcelona-qui-som/">Quiénes somos</a>.</p>

<h2>Para terminar</h2>

<p>Cuando vemos a una pastora o un pastor con toga en Sant Pau, esta prenda puede recordarnos la centralidad de las Escrituras, la responsabilidad de preparar la predicación, la importancia de la formación y un ministerio pastoral entendido como servicio. Y todo ello convive con una convicción fundamental: <strong>toda la comunidad comparte la misma dignidad ante Dios y está llamada a poner sus dones al servicio de los demás.</strong></p>

<p>Quizá aquí se encuentre una de las claves más hermosas de esta antigua prenda. La toga hace visible una responsabilidad sin convertir a quien la lleva en una persona espiritualmente superior. Señala un ministerio que solo tiene sentido dentro de una comunidad y a su servicio.</p>

<p>Y cuando comienza la predicación, quizá la toga incluso deje de llamarnos la atención. Quien predica pone su estudio, su formación, su fe y su voz al servicio de la comunidad. Entonces, lo que realmente importa es lo que todas y todos nos disponemos a hacer juntos: <strong>escuchar el Evangelio de Jesucristo, dejarnos interpelar por su Palabra y descubrir cómo vivirla en nuestro tiempo.</strong></p>

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		<title>Los Diez Mandamientos: no solo se trata de ti, se trata de tu prójimo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Edició EPSP]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 06 Sep 2026 17:39:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Celebración dominical]]></category>
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					<description><![CDATA[Los Diez Mandamientos y el prójimo: Éxodo 20:12–17 nos invita a vivir la libertad como responsabilidad, cuidado y respeto por la dignidad de los demás.]]></description>
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<figure class="wp-block-pullquote has-text-align-left has-ast-global-color-1-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2" style="margin-top:0;margin-bottom:0;padding-top:0;padding-bottom:0"><blockquote><p><em>No des falso testimonio en contra de tu prójimo</em></p><cite><em>Éxodo 20:16</em></cite></blockquote></figure>



<p>Hablar de libertad suele llevarnos a pensar en aquello que podemos hacer, elegir o decidir por nosotros mismos. Pero ¿qué ocurre cuando nuestra libertad entra en contacto con la vida de otra persona? ¿Hasta dónde llega lo que podemos hacer cuando nuestras decisiones afectan a su dignidad, su bienestar o su propia libertad?</p>

<p>En <a href="https://www.biblegateway.com/passage/?search=%C3%89xodo+20%3A12-17&amp;version=NVI" target="_blank" rel="noopener">Éxodo 20:12–17</a>, la segunda parte de los Diez Mandamientos dirige nuestra mirada precisamente hacia el prójimo. Honrar al padre y a la madre, no matar, no cometer adulterio, no robar, no dar falso testimonio y no codiciar pueden parecernos mandamientos muy diferentes. Sin embargo, todos ellos tienen algo en común: colocan límites a nuestro poder sobre la vida de los demás.</p>

<p>Para comprenderlos, necesitamos recordar el marco en el que Israel recibe el Decálogo. El pueblo acaba de ser liberado de Egipto. Dios se ha presentado como aquel que lo ha sacado de la esclavitud y ahora le muestra cómo vivir esa libertad. Después de los primeros mandamientos, centrados en la relación con Dios, la segunda tabla obliga a mirar al otro, al vecino, al prójimo.</p>

<p>La predicación nos propone acercarnos a estos mandamientos desde ahí: <strong>la libertad que Dios regala se convierte en responsabilidad por la vida del otro</strong>. Una libertad que aprende a reconocer que el otro no me pertenece y que, precisamente por eso, puede transformarse en cuidado.</p>

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<div class="ast-oembed-container " style="height: 100%;"><iframe loading="lazy" title="Los diez mandamientos. No sólo se trata de ti, se trata de tu prójimo | Ismael Gramaje" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/jGEjNzyGmbg?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
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<h2>De la liberación de Egipto a la dignidad del prójimo</h2>

<p>La historia comienza con una declaración que da sentido a todo el Decálogo: Dios es quien ha sacado a Israel de Egipto, de la casa de esclavitud. Antes de recibir los mandamientos, el pueblo ha experimentado a un Dios liberador.</p>

<p>Egipto representa una forma de entender el poder en la que unas personas pueden disponer de otras. El faraón utiliza seres humanos como instrumentos para sostener su propia realidad. Las personas dejan de tener valor por sí mismas y pasan a valer por aquello que pueden producir.</p>

<p>La segunda tabla de los mandamientos propone una visión radicalmente diferente: <strong>el otro no es un instrumento ni una cosa; es alguien que tiene valor en sí mismo y cuya dignidad debe ser reconocida y protegida.</strong></p>

<p>Por eso los mandamientos pueden leerse como algo mucho más profundo que una lista de prohibiciones morales. Enseñan a Israel a vivir de tal manera que la libertad recién recibida no termine destruyendo la libertad de los demás, instrumentalizándolos, cosificándolos o robándoles su dignidad.</p>

<p>Después de mirar a Dios, el Decálogo nos obliga a mirar al prójimo. Y es precisamente ahí donde las palabras de Jesús —amar a Dios y amar al prójimo como a uno mismo— ayudan a descubrir el sentido que atraviesa esta segunda tabla.</p>

<h2>La libertad comienza cuando reconozco que el otro no me pertenece</h2>

<p>Esta es la primera de las dos grandes ideas que propone la predicación: <strong>la libertad comienza cuando reconozco que el otro no me pertenece</strong>.</p>

<p>Honrar al padre y a la madre, no matar, no cometer adulterio, no robar y no dar falso testimonio ponen límites a nuestro poder sobre la vida de otras personas. La libertad es un regalo precioso, pero necesita aprender a convivir con la libertad y la dignidad del otro.</p>

<p>Podemos sentirnos libres para hablar, decidir o actuar y, sin embargo, utilizar esa libertad de una manera que destruya a otra persona. Por eso estos mandamientos introducen también una responsabilidad: no basta con preguntarnos qué podemos hacer; necesitamos preguntarnos qué produce nuestra libertad en la vida de quienes tenemos delante.</p>

<h2>Honrar al padre y a la madre: reconocer que vivimos vinculados</h2>

<p>El primero de estos mandamientos nos lleva a las relaciones entre generaciones. Ismael recuerda que el texto pertenece a un contexto histórico muy diferente al nuestro y que no necesitamos convertirlo en la legitimación de un único modelo familiar para todas las épocas y culturas.</p>

<p>Las formas familiares y las relaciones han cambiado. Lo que permanece es <strong>la dignidad humana que sostiene esas relaciones</strong>.</p>

<p>Desde ahí, el mandamiento puede llevarnos a algo más profundo que una obligación dirigida exclusivamente a los hijos respecto de sus progenitores: reconocer que nuestra vida no comienza con nosotros mismos.</p>

<p>Hemos recibido la vida. Hemos dependido de otras personas para llegar hasta aquí y llegará también un momento en el que otras personas dependerán de nosotros, sean nuestros hijos o no. La existencia humana está hecha de vínculos y responsabilidades mutuas.</p>

<p>Honrar esos vínculos significa reconocer que no somos individuos aislados. Nuestra libertad se vive dentro de una red de relaciones en la que recibimos cuidado y también somos llamados a cuidar.</p>

<h2>«No matarás»: la vida del otro no está a nuestra disposición</h2>

<p>Desde esos vínculos, la predicación pasa casi de manera natural al «No matarás».</p>

<p>El mandamiento protege, por supuesto, la vida física. Pero Ismael propone profundizar en la afirmación que existe detrás: <strong>la vida del otro no está a nuestra disposición</strong>.</p>

<p>No nos corresponde establecer qué vidas valen más y cuáles menos según si una persona piensa como nosotros, es pobre o vulnerable, tiene más o menos estudios, pertenece a otro grupo étnico o resulta útil para nuestros intereses.</p>

<p>Egipto había mostrado precisamente la lógica contraria: el poder podía disponer de la vida de los esclavos porque los consideraba suyos. El Decálogo introduce un límite radical: no tenemos poder sobre la vida de los demás.</p>

<p>Y esta cuestión continúa siendo actual. Existen formas evidentes de violencia física, pero también podemos deshumanizar mediante la indiferencia, el lenguaje, la exclusión, la polarización o la desinformación. Incluso podemos dejar de ver a determinadas personas porque aquello que representan nos resulta incómodo.</p>

<p>Una de las maneras más sencillas de hacerlo consiste en reducir a alguien a una etiqueta: «el inmigrante», «el pobre», «el gay», «la lesbiana», «el conservador», «el progresista», «el creyente», «el ateo». Cuando la categoría ocupa el lugar de la persona concreta, resulta mucho más fácil cosificarla, instrumentalizarla o despreciarla.</p>

<p>Por eso Ismael lleva el mandamiento nuevamente hasta la persona: <strong>«No matarás» a otro ser humano, no a una categoría.</strong> No destruirás la vida del otro para proteger tu propia manera de entender la realidad ni lo convertirás en alguien de quien puedes prescindir.</p>

<p>Esta lectura nos invita también a mirar nuestras propias relaciones. ¿Hay alguien a quien hemos reducido a una etiqueta? ¿Alguien cuya dignidad hemos dejado de ver porque nos resulta incómodo? ¿Alguna vida que hemos considerado menos importante porque no encaja en nuestros intereses?</p>

<p>La libertad cristiana comienza cuando entendemos que el otro no me pertenece. Y desde ahí empezamos también a comprender las palabras de Jesús: amar al prójimo como a uno mismo.</p>

<h2>La libertad se convierte en cuidado</h2>

<p>La segunda gran idea de la predicación reúne los últimos mandamientos bajo otra afirmación: <strong>la libertad se convierte en cuidado. No utilizarás al otro para ti.</strong></p>

<p>No cometer adulterio, no robar, no dar falso testimonio y no codiciar pueden leerse cada uno desde su propia particularidad. Pero juntos colocan delante de nuestro ego la existencia de otra persona y aquello que le pertenece: sus vínculos, sus bienes, su reputación, su dignidad.</p>

<p>El otro existe por sí mismo. No está ahí para satisfacer nuestras necesidades, nuestros deseos o nuestro bienestar.</p>

<h2>No cometerás adulterio: el otro tampoco es alguien de quien disponer</h2>

<p>Dentro de esta misma lógica, el mandamiento sobre el adulterio forma parte del límite que el Decálogo pone a nuestro poder sobre otras personas. Los vínculos y las relaciones del otro merecen respeto.</p>

<p>La cuestión de fondo vuelve a ser la misma: <strong>una persona no puede convertirse en objeto de nuestra apropiación ni en instrumento de nuestro deseo o beneficio.</strong></p>

<p>La libertad que dignifica reconoce que también en nuestras relaciones existen límites que protegen al otro. Amar al prójimo implica aprender a encontrarnos con las personas como sujetos de su propia vida y no como algo disponible para nosotros.</p>

<h2>No robarás: lo que pertenece al otro merece respeto</h2>

<p>«No robarás» hace visible esa misma responsabilidad en relación con los bienes. No podemos apropiarnos de aquello que pertenece a otra persona simplemente porque lo queremos o porque está a nuestro alcance.</p>

<p>El mandamiento va mucho más allá de pequeños hurtos cotidianos. Vuelve a poner un límite a la lógica según la cual mi libertad me permitiría tomar aquello que puedo conseguir.</p>

<p>La existencia del prójimo introduce otra pregunta: ¿qué le pertenece y qué estoy llamado a respetar? La libertad deja entonces de medirse únicamente por mis posibilidades y comienza a tener en cuenta los derechos y la dignidad de quien está a mi lado.</p>

<h2>No darás falso testimonio: proteger la reputación del otro</h2>

<p>El falso testimonio toca algo todavía más frágil: la reputación, el honor y la dignidad de una persona.</p>

<p>Nuestras palabras pueden destruir. Una mentira, un rumor o una acusación falsa pueden quitarle a alguien algo que quizá nunca podamos devolverle. Y este mandamiento adquiere una actualidad especial en un tiempo en el que una información puede recorrer miles de kilómetros en pocos segundos.</p>

<p>Podemos compartir algo sin comprobarlo, difundir una acusación, ridiculizar públicamente a alguien o convertir a una persona en objeto de burla. Un gesto aparentemente pequeño puede tener consecuencias enormes sobre una vida.</p>

<p>Por eso la predicación formula una idea especialmente clara: <strong>la verdad también es una forma de proteger al prójimo.</strong></p>

<p>Nuestra libertad de hablar lleva consigo una responsabilidad por aquello que nuestras palabras pueden producir en la vida de los demás.</p>

<h2>No codiciarás: cuando el mandamiento entra en nuestros deseos</h2>

<p>El último mandamiento introduce un movimiento especialmente interesante. El Decálogo ya no se ocupa solamente de aquello que hacemos externamente, sino que nos lleva hacia nuestros propios deseos.</p>

<p>Podemos no haber robado nunca nada a una persona y, sin embargo, vivir deseando permanentemente aquello que tiene. Podemos no hacerle daño físicamente y alimentar dentro de nosotros la comparación, la rivalidad, la competencia o la necesidad de poseer lo que pertenece al otro.</p>

<p>Entonces su éxito amenaza el nuestro. Su felicidad parece cuestionar la nuestra. Aquello que tiene despierta la necesidad de poseerlo también. Y poco a poco dejamos de encontrarnos con una persona digna para verla como competidora, como obstáculo o como alguien a quien necesitamos superar.</p>

<p>El mandamiento nos invita así a mirar también hacia dentro. <strong>La dignidad del prójimo se juega igualmente en la manera en que aprendemos a mirar aquello que es, aquello que tiene y aquello que vive.</strong></p>

<h2>Los mandamientos concretan el amor al prójimo</h2>

<p>Al recorrer estos mandamientos aparece una intuición que los une: amar al prójimo significa renunciar a convertirlo en un instrumento al servicio de nuestro bienestar.</p>

<p>Hablar de amor puede resultar sencillo. Lo difícil es concretarlo. Y esta segunda tabla del Decálogo concreta el amor de una manera profundamente práctica.</p>

<p>Amar significa proteger la vida. Significa no utilizar a una persona, no apropiarnos de lo que le pertenece, no destruir su reputación, respetar sus vínculos y aprender a revisar incluso los deseos que pueden convertirla en objeto de nuestra comparación o beneficio.</p>

<p>Los mandamientos dejan así de ser una lista abstracta para convertirse en preguntas sobre nuestras relaciones cotidianas: cómo hablamos, cómo miramos, cómo discrepamos, cómo respetamos límites y cómo reconocemos la dignidad de quienes tenemos delante.</p>

<h2>Una comunidad donde nadie vale por lo que aporta</h2>

<p>Ismael lleva finalmente esta lectura del Decálogo a la propia iglesia. También una comunidad cristiana puede caer en la tentación de instrumentalizar a las personas.</p>

<p>Podemos empezar a valorar a alguien por el dinero que aporta, por sus dones, por su capacidad de trabajo, por su compromiso o por su asistencia a las actividades. Y una comunidad de personas que creen en Jesús puede acabar funcionando, en palabras de la predicación, como una «fábrica de religión cristiana».</p>

<p>El Evangelio nos recuerda algo mucho más profundo: <strong>una persona vale porque es persona, porque es criatura de Dios y porque Dios la ama tal como es.</strong> Desde esa gracia y esa libertad podrá después aportar, participar y poner sus dones al servicio de los demás.</p>

<p>Esta convicción expresa también aquello que queremos vivir como <a href="https://www.esglesiasantpau.org/esglesia-evangelica-protestant-barcelona-qui-som/">Església Protestant Sant Pau</a>: una comunidad donde cada persona pueda ser reconocida y acogida en su dignidad.</p>

<p>Podemos aprender a cuidar nuestras palabras, escucharnos y crear un espacio suficientemente seguro para que las personas puedan expresar lo que llevan dentro. Podemos discrepar sin destruirnos y permitir que las diferencias existan sin convertirse en amenazas.</p>

<p>También nuestro <a href="https://www.esglesiasantpau.org/culte-setmanal-esglesia-sant-pau-barcelona/">culto semanal</a> forma parte de este camino compartido: escuchar la Palabra, pensarla juntos y permitir que ilumine la manera en que vivimos nuestras relaciones.</p>

<h2>Una iglesia que humaniza</h2>

<p>La predicación termina proponiendo una imagen que recoge todo el recorrido: <strong>una iglesia que humaniza, una iglesia como fuente de dignidad.</strong></p>

<p>Una comunidad donde el otro pueda seguir siendo otro sin dejar de ser digno. Donde nuestra libertad contribuya a que otras personas puedan vivir también con libertad y dignidad.</p>

<p>Dios ama al ser humano y le concede dignidad. Los mandamientos muestran cómo quienes reconocen a ese Dios pueden reproducir ese mismo cuidado hacia los demás. Por eso el Decálogo no aparece aquí como un mecanismo de control ni como una competición para comprobar cuántos mandamientos hemos conseguido cumplir. Nos muestra una manera de vivir la libertad que Dios ha regalado.</p>

<p>Esta mirada bíblica y comunitaria está presente también en <a href="https://www.esglesiasantpau.org/category/predicaciones/">otras predicaciones y reflexiones de la Església Protestant Sant Pau</a>, donde seguimos acercándonos a la Escritura para pensar juntos cómo vivir la fe en nuestro tiempo.</p>

<h2>Una invitación para hoy</h2>

<p>Al final, Ismael deja varias preguntas dirigidas tanto a cada persona como a la comunidad: <strong>¿las personas que están a nuestro alrededor son más libres cuando entran en contacto con nuestra vida? ¿Son más dignas cuando se relacionan con nosotros? ¿Son un poco más humanas después de haberse encontrado con nosotros o con nuestra iglesia?</strong></p>

<p>Son preguntas que permiten volver a mirar todo el recorrido de los mandamientos.</p>

<p>El Dios que libera a Israel de la esclavitud le enseña a vivir una libertad que reconoce la vida, los vínculos, los bienes, la reputación y la dignidad del prójimo. Una libertad que pone límites a nuestro poder sobre los demás y que finalmente se convierte en cuidado.</p>

<p>El camino permanece abierto. Como personas y como comunidad seguimos siendo vidas en transformación. Podemos continuar aprendiendo a mirar al otro como persona, a cuidar nuestras palabras, a revisar nuestros deseos y a construir relaciones donde nadie sea utilizado como instrumento de nadie.</p>

<p>Y quizá así podamos seguir haciendo concreto aquello que Jesús expresó de una manera tan sencilla y exigente: amar al prójimo como a nosotros mismos.</p>

<p>Si deseas conocer cómo vivimos esta fe en comunidad, puedes visitar el espacio dedicado al culto y a la vida comunitaria de la iglesia en <a href="https://www.esglesiasantpau.org/vine-al-culte-cast/">Ven al culto</a>.</p>

<p><em>Església Protestant Sant Pau, una iglesia cristiana evangélica donde la fe se vive como gracia compartida, acompañamiento y esperanza. Una fe que acoge.</em></p>

<p><em>Este artículo está basado en la predicación del pastor Ismael Gramaje, del 6 de septiembre de 2026 en la Església Protestant Sant Pau.</em></p>
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		<title>Agua viva: cuidar la creación para que la vida florezca</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Edició EPSP]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 Sep 2026 21:14:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Butlletins mensuals]]></category>
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					<description><![CDATA[La Església Protestant Sant Pau celebra el Tiempo de la Creación 2026 bajo el lema «Agua viva»: una invitación a cuidar la Tierra y proteger la vida.]]></description>
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<h2>Agua viva: cuidar la creación para que la vida florezca</h2>

<p>Hay imágenes bíblicas capaces de hablarnos de esperanza incluso cuando contemplamos una realidad herida. Una de ellas aparece en <a href="https://www.biblegateway.com/passage/?search=Ezequiel+47%3A1-12&amp;version=NVI" target="_blank" rel="noopener">Ezequiel 47:1–12</a>: del templo brota un río que avanza, crece y transforma todo aquello que encuentra a su paso. Allí donde llega el agua, la tierra vuelve a dar fruto y la vida puede florecer.</p>

<p>Durante este mes de septiembre, la Església Protestant Sant Pau se une al Tiempo de la Creación 2026 bajo el lema <strong>«Agua viva»</strong>. La visión de Ezequiel nos invita a contemplar nuevamente nuestra relación con la Tierra y a reconocer que formamos parte de una creación profundamente interconectada.</p>

<p>El agua, la tierra, los árboles, los animales y las personas compartimos una misma casa. Cuidarla forma parte de nuestra responsabilidad y también de nuestra espiritualidad. La fe puede ayudarnos a mirar la crisis ecológica desde la esperanza activa: reconociendo aquello que necesita restauración y preguntándonos qué cambios, pequeños o grandes, podemos asumir para proteger la vida.</p>

<h2>Un río que transforma lo que encuentra</h2>

<p>La visión de Ezequiel comienza con una corriente pequeña. El agua sale del templo y va creciendo hasta convertirse en un río suficientemente profundo como para dar vida allí donde antes había esterilidad.</p>

<p>La imagen resulta especialmente significativa porque la transformación se produce a medida que el agua avanza. La vida vuelve a aparecer, los árboles crecen y aquello que parecía incapaz de renovarse encuentra nuevas posibilidades.</p>

<p>También nosotros podemos dejarnos alcanzar por esa imagen. <strong>El cuidado de la creación comienza muchas veces en decisiones concretas que, unidas a las de otras personas, pueden producir cambios mayores.</strong></p>

<p>Consumir de manera más responsable, cuidar el agua, reducir aquello que desperdiciamos, proteger los espacios que compartimos o apoyar formas de vida más respetuosas con la Tierra pueden convertirse en expresiones sencillas de una espiritualidad que reconoce la creación como don de Dios.</p>

<p>La esperanza cristiana no nos aparta de la realidad. Puede impulsarnos precisamente a participar en su restauración.</p>

<h2>Cuidar la creación es cuidar la vida</h2>

<p>La visión de Ezequiel presenta una creación donde todo está relacionado. El agua transforma la tierra, la tierra alimenta los árboles y aquello que vuelve a florecer hace posible también la vida de las personas.</p>

<p>Esta interdependencia nos recuerda que el bienestar humano y la salud de la creación están profundamente unidos. Cuando los ecosistemas se deterioran, las consecuencias alcanzan también a comunidades, familias y personas, especialmente a quienes disponen de menos recursos para protegerse.</p>

<p>Por eso el cuidado de la creación forma parte del compromiso cristiano con la dignidad y con la vida. <strong>Cuidar la Tierra es también cuidar a quienes la habitan.</strong></p>

<p>Como comunidad cristiana podemos cultivar una espiritualidad que contemple, agradezca y proteja. Una fe que reconoce el regalo de la creación y que aprende a relacionarse con ella desde el respeto, la responsabilidad y la esperanza.</p>

<p>Este compromiso forma parte también de <a href="https://www.esglesiasantpau.org/esglesia-evangelica-protestant-barcelona-qui-som/">quiénes somos como Església Protestant Sant Pau</a>: una comunidad que desea vivir el Evangelio de manera comprometida con la dignidad humana, la justicia y el cuidado de la creación.</p>

<h2>Relaciones que protegen la vida</h2>

<p>El primer domingo de septiembre continuaremos nuestro recorrido por los diez mandamientos con <a href="https://www.biblegateway.com/passage/?search=%C3%89xodo+20%3A12-16&amp;version=NVI" target="_blank" rel="noopener">Éxodo 20:12–16</a>.</p>

<p>Después de los mandamientos que orientan la relación con Dios, el Decálogo dirige progresivamente nuestra mirada hacia la convivencia. Aparecen relaciones familiares, el respeto a la vida, la fidelidad y el cuidado de aquello que pertenece a otras personas.</p>

<p>La libertad recibida también se aprende en la manera en que vivimos juntos. Una vida digna necesita relaciones donde podamos reconocer el valor de las demás personas y construir espacios de respeto, confianza y cuidado.</p>

<h2>Una humanidad llamada a cuidar el jardín</h2>

<p>El 13 de septiembre celebraremos un <strong>culto especial del Tiempo de la Creación 2026</strong>. La lectura propuesta será <a href="https://www.biblegateway.com/passage/?search=G%C3%A9nesis+2%3A4b-15&amp;version=NVI" target="_blank" rel="noopener">Génesis 2:4b–15</a>.</p>

<p>El relato nos sitúa en el jardín y presenta al ser humano dentro de la creación, formando parte de ella y recibiendo la tarea de cultivarla y cuidarla.</p>

<p>Esta imagen dialoga de manera especial con el lema «Agua viva». La Tierra aparece como espacio recibido, habitado y confiado a nuestro cuidado. Nuestra relación con ella puede expresarse desde la gratitud y también desde la responsabilidad.</p>

<p>El culto será una oportunidad para orar, escuchar la Palabra y renovar comunitariamente nuestro compromiso con una creación que necesita cuidado y restauración.</p>

<h2>Salir, caminar y convertirse en bendición</h2>

<p>El tercer domingo nos acercaremos a <a href="https://www.biblegateway.com/passage/?search=G%C3%A9nesis+12%3A1-9&amp;version=NVI" target="_blank" rel="noopener">Génesis 12:1–9</a>, el relato de la llamada de Abram.</p>

<p>Dios lo invita a ponerse en camino hacia una realidad que todavía desconoce. La promesa está acompañada por una vocación: recibir bendición para convertirse también en bendición.</p>

<p>Esta dinámica puede ayudarnos a pensar nuestra propia fe. La relación con Dios abre caminos que nos llevan más allá de nosotros mismos. Aquello que recibimos puede convertirse en cuidado, servicio, hospitalidad y esperanza para otras personas.</p>

<p>También nuestra relación con la creación puede vivirse desde esa lógica: recibir con gratitud y aprender a devolver cuidado.</p>

<h2>La presencia de Dios en medio de los procesos</h2>

<p>El último domingo del mes la lectura será <a href="https://www.biblegateway.com/passage/?search=G%C3%A9nesis+39%3A1-23&amp;version=NVI" target="_blank" rel="noopener">Génesis 39:1–23</a>, un momento de la historia de José marcado por cambios profundos y circunstancias difíciles.</p>

<p>El relato acompaña a una persona cuya vida atraviesa situaciones que no ha elegido y muestra cómo la presencia de Dios continúa formando parte de su camino.</p>

<p>También nosotros vivimos etapas en las que resulta difícil comprender hacia dónde se dirige nuestra historia. La fe puede ofrecernos un espacio desde el cual atravesarlas, buscar sentido y continuar caminando acompañados.</p>

<p>La esperanza bíblica no depende de que todo resulte sencillo. Puede crecer también en medio de procesos complejos, sostenida por la confianza y por la presencia de otras personas que caminan a nuestro lado.</p>

<h2>Septiembre: un mes para encontrarnos</h2>

<p>La vida comunitaria de septiembre tendrá también momentos especiales para compartir la fe y fortalecer nuestros vínculos.</p>

<p>El domingo <strong>13 de septiembre a las 11:00</strong> celebraremos el culto especial del Tiempo de la Creación 2026 bajo el lema «Agua viva», una ocasión para unir oración, reflexión bíblica y compromiso con el cuidado de la Tierra.</p>

<p>Además, el <strong>26 de septiembre</strong> tendrá lugar el Día del Presbiterio en la Primera Església Protestant a Rubí, un encuentro entre comunidades pensado para estrechar los lazos fraternales y compartir juntos una jornada de convivencia.</p>

<p>Y cada domingo continuaremos reuniéndonos alrededor de la Palabra, la oración, el canto y la Cena del Señor. Si quieres conocer mejor cómo celebramos y qué puedes encontrar cuando nos visitas, puedes consultar <a href="https://www.esglesiasantpau.org/vine-al-culte-cast/">Ven al culto</a>.</p>

<h2>Una comunidad atravesada por el agua viva</h2>

<p>La imagen con la que comenzamos el mes puede acompañarnos durante todo septiembre: un río que avanza y deja vida a su paso.</p>

<p>También una comunidad puede preguntarse qué ocurre allí donde pasa. Si nuestras palabras cuidan, si nuestras decisiones protegen, si nuestras relaciones permiten que otras personas respiren y si nuestra manera de habitar el mundo contribuye a que la vida pueda seguir floreciendo.</p>

<p>El Tiempo de la Creación nos ofrece una oportunidad para renovar nuestra mirada. Podemos contemplar con gratitud aquello que hemos recibido, reconocer las heridas que necesitan atención y asumir compromisos posibles desde nuestra realidad cotidiana.</p>

<p><strong>Que el agua viva que procede de Dios renueve nuestra mirada y nuestro compromiso, para ser una comunidad que cuida la creación, protege la vida y trabaja con esperanza por su restauración.</strong></p>

<p><em>Església Protestant Sant Pau, una iglesia cristiana evangélica donde la fe se vive como gracia compartida, acompañamiento y esperanza. Una fe que acoge.</em></p>

<p><em>Este artículo está basado en el boletín de septiembre de 2026 de la Església Protestant Sant Pau.</em></p>
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