«No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.»(Gal. 5:26)

Jesús de Nazaret, la Palabra eterna de Dios hecha carne, ya puso de manifiesto que los seres humanos tenemos la tendencia a buscar la gloria, aunque sea mínima y esperpéntica, los unos de los otros (Juan 5:44; 12:43). El Apóstol Pablo, la llamó “gloria hueca”. De ahí que la única gloria que interesa a la persona guiada por el Espíritu es la gloria que proviene del benéplacito de Dios aquel día en que comparezcamos ante Él.

La búsqueda de gloria en el mundo de tejas abajo se origina en la envidia de la “gloria” del otro. De ahí que algunos entiendan la vida como una competición radicalmente humana y empobrecedora de nuestra humanidad, con el objetivo de ser ganadores, mujeres y hombres de éxito frente al resto de personas. Todo ello se origina en la envidia. Envidia que, como escribiera María Zambrano, “es pasión del otro, pasión de la identidad del otro, pasión de la libertad del otro”. De ahí que, al final, la existencia se convierta en un acto de constante provocación y desafío de los unos a los otros, a fin de alcanzar la gloria del triunfo sobre el otro, que es una forma de “matar” al prójimo que consideramos como nuestro competidor.

Y sucede que un momento, en un abrir y cerrar de ojos, cuando entendemos la vida como competición de los unos contra los otros, nos transformamos en la madrastra de Blancanieves, que al enterarse de que existe alguien más bella que ella, decide asesinar a su hijastra, eliminando así a la que compite con ella en belleza. ¡Nadie le va a quitar la gloria de su belleza!

Ahora bien, espero mejores cosas de los que me leen, ya que la persona guiada por el Espíritu eterno de Dios, encarnará lo dicho por Pablo en su epístola a los filipenses: ”No hagáis nada por egoísmo o vanagloria; al contrario, sed humildes y considerad que los demás son mejores que vosotros. Que cada uno busque no su propio provecho, sino el de los otros. Comportaos como lo hizo Cristo Jesús” (Fil 2:3-5 BTI). Así, solamente así, viviremos en cristiano.