”Se ha hecho manifiesto que la ira de Dios se abate desde el cielo sobre la impiedad y la injusticia de quienes, actuando inicuamente, cierran el camino a la verdad” ( Ro. 1:18 BTI )

La “ira” de un Dios que ama a los seres humanos, -uno a uno-, es creadora de un mundo de justicia y paz -en abierto contraste con la ira del ser humano (Stgo. 1:20)-; no vía la imposición que surge del deseo de poder y dominio (algo ajeno al mensaje de Jesús), sino a través de lo que no tiene atractivo, ni sabiduría, ni señales espectaculares, es decir, a través de la seducción del Espiritu del Mesías Crucificado (1 Cor. 1:22,23), que llama, sin hacer violencia, a la puerta de nuestro ser interior, a fin de compartir mesa con nosotros (Ap. 3:20). ¡Ese es el Dios de Jesús! ¡Ese es el Dios en quien creo!