Amar la vida

Hijos míos, ¡venid y escuchadme! Yo os enseñaré cómo venerar al Señor. ¿Quién es el que ama la vida, y desea días para ser feliz? Guarda tu lengua del mal, y tus labios de la mentira; aléjate del mal, haz el bien, busca la paz, marcha tras ella” (Sal. 34:12-15 BTI)

Venerar al Señor implica amar la vida. El amor a la vida es seguido por una triple opción existencial: hablar verdad, hacer el bien y buscar la paz. Afirma el salmista que el que así hace disfrutará de días felices. Sin embargo debemos tomar en cuenta que en medio de nuestra aldea global la felicidad corre el riesgo de ser infelicidad conforme al estilo de vida que propone el Imperio. La felicidad presente, conforme al mundo nuevo que anunció Jesús, la interpreto como aquella que surge de una limpia conciencia, de una vida sencilla y de un compromiso con la justicia del reino de Dios . En fin una vida que sobre todas las cosas venera al Señor.

Soli Deo Gloria

Ignacio Simal, pastor de Betel+Sant Pau

 església sant pau

Pongamos que hablo de Jesús de Nazaret

Pongamos que hablo de Jesús de Nazaret. A propósito del Evangelio según Juan, 3:16-21

Fue educado, desde la noche del no-tiempo, en la militancia por un mundo nuevo. Y así fue lanzado al mundo. El mundo, tú, yo y los otros, apenas le conocimos. ¡Qué lástima! Parece que meditar y contemplar su vida y su anuncio es incompatible con las tinieblas en las que estamos inmersos. De ahí que debamos hacer, desde nuestro recinto sagrado, una inmersión en su vida para que ésta nos ponga en nuestro sitio. Durante la inmersión debemos guardar silencio. Dejamos que su vida nos hablé, y nosotros, en ese momento, renunciamos a la palabra para dársela a él. Es entonces, solamente entonces, cuando iniciamos el camino de nuestra salvación-sanación interior. No tememos que su luz desenmascare nuestra conducta, nuestros pensamientos profanos. Es un momento doloroso, pero que nos abre los ojos a un nuevo horizonte: el mundo nuevo. Y de pronto sentimos que, como él, somos también lanzados al mundo para sembrar esperanzas entre nuestros maltratados compañeros de viaje, nuestros prójimos.

Ignacio Simal, pastor de Betel+Sant Pau

Tot és finit – Todo es finito

Tot és finit. No tot dura per sempre. Inevitablement la vida va passant i amb ella les oses i les persones que imaginàvem que sempre estarien aquí. Quan ets un nen, penses que els teus éssers estimats són immortals, fins que, un dia et despertes i sols veus l’absència i la memòria….. Ells ja no hi són. Els amics i les amigues amb els quals pensaves viure la teva vellesa i la seva amistat, per un raó o una altra, la seva presència s’ha convertit amb vuit..

Els projectes i somnis que havies imaginat a l’arribar a la vellesa s’han esvaït.. . I, així podríem continuar enumerant infinitat de situacions que creiem “eternes” i que mostren clarament la seva finitud.

Justament la nostra vida, a la seva mateixa finitud, té gravada la petjada de Déu. Per descobrir i atresorar la saviesa, és qüestió de permetre que els ulls de la nostra consciència vegin el que a simple vista, ningú és capaç de veure.

Soli Deo Gloria

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Todo es finito. No todo dura para siempre. La vida inevitablemente va pasando, y con ella las cosas y las personas que imaginábamos que siempre iban a estar ahí. De niño piensas que tus seres queridos son inmortales, hasta que un buen día te despiertas y sólo ves ausencia y memoria… Ellos ya no están. Amigos y amigas con los que pensabas vivir tu vejez y su amistad, por unas razones u otras han tornado su presencia en vacío. Proyectos y sueños con los que imaginabas llegar a viejo se desvanecieron. Y así podríamos continuar enumerando infinidad de situaciones que creíamos “eternas”, y que mostraron descaradamente su finitud.

Nuestra vida, justamente en su finitud, tiene estampada en sus entrañas la huella de Dios. Para descubrirla, y atesorar sabiduría con ella, es cuestión de permitir que los ojos de nuestras conciencias vean lo que nadie, a simple vista, es capaz de ver.

Soli Deo Gloria

Ignacio Simal, pastor de la Església Protestant Betel+Sant Pau

La gracia, fundamento del mundo distinto

«Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores?» (Mc. ‭2:16‬)

AcogidaLa comunidad cristiana, reunida en torno a la mesa de Jesús, es la casa del Dios de toda gracia. En ella hay lugar para aquellas personas que las que se consideran “justas” y “sanas” en cuerpo y alma las colocan en el paquete de “las otras”, las transgresoras impenitentes de la ley divina. En la mesa de la casa de Dios los primeros lugares están reservados para ellas.

Ya nos enseñó nuestro Maestro «que los publicanos y las rameras van delante de [los justos y sanos] al reino de Dios.» (Mt. ‭21:31‬)

Soli Deo Gloria

Ignacio Simal, pastor de Betel+Sant Pau

Las iglesias ¿signo del mundo distinto en medio de la historia?

“El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Mc. 1:15)

El centro de la buena noticia (Evangelio) de Jesús es la presencia del mundo distinto, según Dios, en medio de la historia. Solo la experiencia de ese otro posible (el reino de Dios se ha acercado) es la condición de posibilidad de que las personas caigan en la cuenta de que debieran dar otra dirección a su vida (arrepentimiento), y comprometieran su existencia con la buena noticia de Jesús (creer en el Evangelio).

Solo la manifestación del Espíritu y el poder de Dios a través de comunidades que visibilizan mundo distinto es lo que es capaz de persuadir a las personas a encauzar sus existencias a través del camino de Jesucristo (1Cor. 2:1-4). Solo cuando la santidad es entendida como separación del Imperio para hacer “contraimperio” es revolucionaria y trastoca el mundo no-distinto en el que nos movemos (Hch. 17:6).

De ahí que la pregunta que toda comunidad cristiana debiera hacerse constantemente, a modo de examen de conciencia, es: ¿qué signos-rastros del mundo distinto según Dios (reino de Dios) se palpan en su espacio? Ahí está el meollo de la cuestión que responderá acerca de nuestra fidelidad al camino de Jesucristo, al Evangelio de Dios.

Ignacio Simal, pastor de Betel+Sant Pau

¿Quién es el que ama la vida..?

“¿Quién es el que ama la vida..?” (Sal. 34:12 BTI)

Todo ser humano está convocado a amar la vida contracorriente. Las Escrituras nos enseñan que la persona que ama la vida lo manifiesta a través de su conducta, y desea vida tanto para él como para su prójimo. De ahí que guarde sus labios de hablar engaño, se aparte del mal que rige nuestro mundo, transite por el sendero del bien, busque incesantemente la paz haciéndose discípula de ella. Su opción existencial le motivará a la alegría como alguien que vive la plenitud la vida, pero no sin los males que provoca un caldo social que está construido para el mal y la muerte. Pero de todo le librará el Señor, pues le dará la fuerza necesaria para resistir sus embates. Ya desde antiguo se afirmó que “muchas son las aflicciones del justo (del que ama la vida a la manera de Jesús), pero de todos ellas le librará el Señor” (Sal. 34:19).

Soli Deo Gloria

Ignacio Simal, pastor de Betel+Sant Pau

Dónde se manifiesta el poder de la Cruz

El poder del Dios de Jesús y la radicalidad del Evangelio se ponen de manifiesto, especialmente, en el vigor de la vida interna de las comunidades cristianas. Tal vez, en ningún otro espacio se muestran tan claramente como en las comunidades que son de la fe de Jesús. De ahí que a través de la predicación del Evangelio se pone de manifiesto (en las comunidades de fe) la reconciliación obrada en la cruz de Cristo: ¡la Palabra de la cruz es poder de Dios en los que transitan el camino de salvación del sistema “imperial”! De otra forma haríamos vana la cruz de Cristo (1Cor. 1:17,18).

Soli Deo Gloria

Ignacio Simal, pastor de Betel+Sant Pau

Dios siempre nos mira con buenos ojos

Toda la felicidad que podamos experimentar en nuestra existencia, sea desbordante o serena, es subsidiaria de la gracia del Dios del cielo. Y cuando la vida nos sume en el trance del dolor, la gracia divina corre en nuestro auxilio fortaleciendo nuestra interioridad a fin de que no desfallezcamos. Todo es gracia, y en ella esperamos en todo momento, ya sea en el momento de la tristeza o en el momento de la alegría. Dios, nuestro Señor, siempre nos mira con buenos ojos. ¡Qué o a quién debemos tener! Miremos al pasado, al transcurrir de nuestra vida hasta aquí, y veremos cómo Dios ha estado con nosotros y ha conducido nuestros caminos para bien. Su gracia nos ha acompañado ¿no es así..? Por todo ello, hoy, nos encontraremos en nuestras respectivas comunidades a fin de dar gracias, junto a nuestras hermanas y hermanos, al Dios que se hizo carne el Cristo, y dio un giro benefactor a nuestra vida.

Soli Deo Gloria

Ignacio Simal, pastor de Betel+Sant Pau

¡Vivid con alegría!

Filipenses 4:4-9

¡Vivid con alegría! Que siempre se dibuje una sonrisa en vuestro rostro. Que todas las personas reconozcan en vosotros un carácter bondadoso a la manera de Cristo. Y cuando notéis que alguna circunstancia trate de desdibujar vuestra sonrisa o tornar vuestra bondad en acritud, haced oración en actitud agradecida por la vida. Entonces, solo entonces, la paz de Dios inundará vuestras entrañas. De tal manera será así que notareis que vuestro corazón será protegido de aquello que pretende distorsionar vuestra existencia. Tengamos esto presente en medio de las dificultades que la vida nos presente.

Soli Deo Gloria

Ignacio Simal, pastor de Betel+Sant Pau

Miércoles de ceniza, pleno de esperanza

Miércoles de ceniza, pleno de esperanza:

Regresaremos a la tierra y el barro. Destino inexorable de todo ser viviente. Pero no será un final. No, no será el final. Llegará el día en que el reloj de la historia marcará la hora de las esperanzas cumplidas, y despertaremos de nuevo a la vida.

Nuestros ojos volverán a ver los mil colores de la primavera, y nuestra nariz sentirá sus olores por siempre jamás. Y Dios, de nuevo, volverá a pasear por la tierra “al fresco de la tarde”. Y al escuchar sus pasos, saldremos presurosos en su busca. Le acompañaremos en su paseo, y conversaremos como buenos amigos acerca de la belleza de la vida. ¡Bendita esperanza! ¡resucitaremos!

Ignacio Simal, pastor de Betel+Sant Pau

Tal vez morderemos el polvo que queremos evitar

Lucas 18:9-14

Tal vez morderemos el polvo que queremos evitar. Sí, lo morderemos cuando comencemos a sentirnos mejores que los demás. Sí, lo morderemos cuando comencemos a depositar nuestra confianza en nuestro despliegue de piedad, y no en la gracia de Dios. Sí, lo morderemos cuando en nuestro fuero interior pensemos que se debiera anteponer a nuestro nombre el apócope de “santo”. En fin, lo morderemos cuando comencemos a mirar por encima del hombro a nuestras hermanas y hermanos.

¿Qué somos? Mujeres y hombres que, como el publicano de la parábola, solicitamos, de forma constante, la compasión divina; ya que, dicho en lenguaje bíblico, ¡somos pecadores! Hombres y mujeres que, como el apóstol Pablo, dicen de sí: «Realmente no acabo de entender lo que me pasa ya que no hago lo que de veras deseo, sino lo que detesto.» (Ro. ‭7:15‬ ‭BTI‬‬).

¡Humildad, hermanos, humildad! Necesitamos grandes dosis de humildad para evitar compararnos al alza con nuestro prójimo. Solo así viviremos nuestra cotidianidad envueltos en el perdón de Dios, y en cercanía fraterna a nuestros prójimos. De no ser así, no lo dudemos, morderemos el polvo que queremos evitar.

14 de febrero de 2018, miércoles de ceniza

Ignacio Simal, pastor de Betel+Sant Pau

La Palabra viene a nosotros

Silencio acompañado por el constante sonido del ventilador del calefactor. Hace frío. Leo textos antiguos. Textos que, a través de los siglos, han resucitado de la muerte a infinidad de corazones heridos. Millones de ojos han fijado su mirada en ellos. Ansiaban inundar sus pupilas de esperanzas ciertas, y su deseo se veía cumplido.

Sin embargo, aunque faltaran esos sagrados textos, Dios no nos golpearía con el silencio. Vendría a nosotros, llenaría nuestro corazón con una Palabra de estímulo y de consolación, tal y como cuentan que hacía en el pasado con sus amigos los profetas. Y es que como escribiera un cristiano antiguo, ¡Nadie puede encadenar la Palabra de Dios! (2 Tim. 2:9b). La Palabra de Dios goza de la libertad más absoluta para salir a nuestro encuentro a través de las formas y medios más extraños. Aunque es verdad que siempre corremos el peligro, al igual que le sucedió al joven Samuel (1Sam. 3:1ss.), de confundir la voz de Dios con las voces humanas, y viceversa.

Por todo ello oro a favor de los que me leen, y digo con palabras antiguas, “que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre a quien pertenece la gloria, os otorgue un espíritu de sabiduría y de revelación que os lo haga conocer. Que llene de luz los ojos de vuestro corazón para que conozcáis cuál es la esperanza a la que os llama, qué inmensa es la gloria que ofrece en herencia a su pueblo y qué formidable la potencia que despliega en favor de nosotros los creyentes, manifestada en la eficacia de su fuerza poderosa” (Efe.1:17-19 BTI).

Señor, ¡gracias! ¡gracias por ofrecer a nuestros corazones heridos el confortable refugio de los sagrados textos!

Soli Deo gloria

Ignacio Simal, pastor de Betel+Sant Pau

Gracias por nuestras hermanas y hermanos

Hermanos, debemos dar gracias a Dios sin cesar por vosotros. Es justo que lo hagamos así porque progresáis extraordinariamente en la fe y es cada vez mayor el amor mutuo que os tenéis todos vosotros. Por eso, nos sentimos orgullosos de vosotros en medio de las iglesias de Dios; orgullosos de vuestra entereza y vuestra fe ante el cúmulo de persecuciones y pruebas que soportáis y que son una señal del justo juicio de Dios que quiere haceros dignos del reino por el cual ahora sufrís. (2 Tes. 1:3-5 BTI)

El texto que acabo -acabamos- de leer ha suscitado en el silencio de mi alma el siguiente pensamiento: 2 Tesalonicebeses, o desde la casa de al lado. Sentirse orgulloso de hombres y mujeres, amigos y amigas, que progresan en la fe en Jesús, y observan un amor hacia su prójimo que a cada paso que da, crece en su proyección ¡es un lujo!

Un lujo que la gracia de Dios nos concede, mediante su actuación en la vida de nuestros hermanos y hermanas. No es que nosotros tengamos algo que ver en su progreso, ya que -como acabamos de decir- todo el mérito recae en el Espíritu de Dios que obra en ellos.

Por ello, cuando el día está a punto de romper la noche, hacemos memoria de todos aquellas personas (que son muchas) que han mostrado tal amor hacia nosotros, y hacia el resto de sus hermanos, que nos ha ayudado a ascender escalones en la calidad de nuestra vida de seguimiento de Jesús de Nazaret. Hacemos memoria de ellos, y expresamos nuestra gratitud a Dios por habérnoslos concedido en medio del camino de nuestra peregrinación.

El camino de la fe es un sendero que, a pesar de encontrar circunstancias adversas en su recorrido, merece la pena transitarlo, ya que es una ruta que logra que saquemos todo el jugo posible de la vida. Perseverar en la fe cuando transitamos por valles oscuros nos hace dignos de participar en el mundo nuevo que Adviento nos anuncia.

De ahí que hoy dé gracias a todas aquellas comunidades que me dieron cobijo en el pasado, y las que me conceden en el presente participar de su vida comunitaria. Lo que tengo claro al leer el texto paulino que da inicio a nuestra meditación matinal es que debo ser agradecido (Col. 3:15). Agradecido a Dios, y agradecido a los hermanos y amigos que me son concedidos a través de la vida. Ellos son el buen óleo que augura la bendición plena y la vida perdurable que más allá de las estrellas nos espera.

Soli Deo Gloria

Ignacio Simal Camps, pastor de Betel + Sant Pau

Cantar el futuro de Dios

¡Aleluya! ¡Qué bueno es cantar a nuestro Dios!
¡Qué grata una hermosa alabanza!
El Señor reconstruye Jerusalén,
reúne a los dispersos de Israel;
sana a los de corazón dolido
y venda sus heridas.
(Sal. 147:1-3 BTI)

¡Cantar esperanza! ¡Cantar sueños de Utopía! Cantar el futuro de Dios, como si éste fuera ya una realidad. Mediante el cántico del pueblo de Dios, mediante la alabanza al Dios del Éxodo, experimentamos la suspensión de la historia, y lo que esperamos se realiza en nuestro ser interior. Por un momento, la canción nos traslada al futuro que esperamos. Es una buena experiencia, grata y hermosa, porque nos permite recuperar el resuello para seguir trabajando a favor de la justicia del mundo nuevo que traerá Jesús de Nazaret.

Cuando cantamos, cuando entonamos alabanzas con los cinco sentidos puestos en la letra que nos propone el salmista, iniciamos una ruptura con el presente, tal vez doloroso. Y comenzamos a “ver” a Dios reconstruyendo el mundo, y reuniendo a nuestros hermanos y hermanas que viven en la diáspora. Sentimos que el Señor ya ha comenzado a sanar nuestros corazones heridos, y a vendar nuestras heridas. ¡El futuro ya está aquí! y salimos de la experiencia comunitaria llenos de un optimismo -exento de ingenuidad-, que nos permite navegar contracorriente de la realidad que este mundo injusto e inmisericorde nos impone, o pretende imponernos.

Es evidente que, tanto el acto de cantar como el acto de leer, nos hacen entrar en lo leído o cantado, de tal manera que experimentamos lo que el escritor ha expresado en lo compuesto mediante el noble arte de unir palabras y/o notas musicales, revelando sentimientos alegres o dolorosos, pero bañados en la fe esperanzada en el Dios de Jesús de Nazaret.

Por ello en esta mañana, y en medio del tiempo litúrgico de Adviento, confesamos a voz en grito con el salmista, “¡Aleluya! ¡Qué bueno es cantar a nuestro Dios! ¡Qué grata una hermosa alabanza!”.

Soli Deo Gloria

Ignacio Simal, pastor de Betel + Sant Pau

No somos dueños del tiempo de nuestra vida

«Tú los arrastras al sueño de la muerte… Setenta años dura nuestra vida, durará ochenta si se es fuerte; pero es su brío tarea inútil, pues pronto pasa y desaparecemos.»
‭‭SALMOS‬ ‭90:5, 10‬ ‭BTI‬‬

Desde que nacemos emprendemos un viaje hacia el sueño de la muerte. Cada año que cumplimos nos hace más conscientes de ello. Es más, cuando una muerte inesperada ocurre a nuestro lado, nos damos cuenta de que la vida, nuestra vida, pende de un hilo. De ahí que la sabiduría bíblica nos enseñe que no somos dueños del tiempo de nuestra vida, que debemos exprimirlo al máximo. Y no en beneficio propio, sino en el despliegue, por la gracia de Dios, del mundo nuevo según Jesús de Nazaret. Ello implica cultivar la relación orante y meditativa con aquel nos ama desde antes de fundación del mundo, y poner nuestra vida a disposición de nuestras hermanas y hermanos.

Permitidme que lo diga de otra manera: debemos aprovechar cada minuto de la existencia en poner sonrisas en el rostro de los tristes, y esperanza en el corazón de los desesperanzados. Y eso implica dar a Dios a Dios lo que es de Dios, es de decir la totalidad de la vida. En el seguimiento de Jesús no vale la doble militancia.

Soli Deo Gloria

Ignacio Simal, pastor de Betel + Sant Pau

Señor, afianza la obra de nuestras manos

Que descienda sobre nosotros la gracia del Señor, nuestro Dios. Afianza la obra de nuestras manos; sí, afianza la obra de nuestras manos. (SALMOS 90:17 BTI)

¿Por qué las cosas no se desarrollan como deseamos? ¿Será porque algo estamos haciendo mal? ¿Por qué rogamos a Dios, y sin embargo no nos responde? En ocasiones pienso que hacemos y rogamos con “intenciones torcidas” (Stgo. 4:3). Como escribía hace tiempo, tal vez estemos buscando a través de nuestro trabajo, y nuestros ruegos al Señor, la obtención de beneficios personales que nos permitan sobresalir sobre nuestros hermanos y hermanas en la común fe en Jesucristo. Tal vez, no lo sé. Sinceramente, hay cuestiones que para un servidor, en algunos casos, son un auténtico misterio.

De lo que sí tengo certeza es que cualquier fruto de nuestro trabajo a favor del mundo nuevo de Dios y Su pueblo, es resultado de la gracia de nuestro Señor. Dicho fruto no responde a nuestros méritos, a nuestra inteligencia a la hora de trazar planes y estrategias, sino a la gracia de Dios. De ahí que el salmista solicite, y nosotros con él, “que descienda sobre nosotros la gracia del Señor, nuestro Dios“. Eso es lo que las comunidades de fe necesitamos sobre todas las cosas. Es la gracia del Señor la única capaz de afianzar nuestra labor.

De ahí que lo que nos toca es acercarnos confiadamente al Señor -que no es mérito-. “Limpiar nuestras manos” -que no es mérito-. Y purificar nuestros corazones en su presencia -que no es mérito- (Stgo. 5:8ss.). Nada de lo mencionado es mérito, simplemente estaremos haciendo lo que nos corresponde, ni más, ni menos. Tal vez entonces, a su debido tiempo, Dios nos conceda el fruto que sembramos con lágrimas.

No obstante, y aunque no tengamos respuesta certera a las preguntas escritas al principio de esta meditación, lo que nos toca es seguir el ejemplo de las generaciones pasadas, que si bien “murieron sin haber recibido lo prometido, […] lo vieron de lejos con los ojos de la fe y lo saludaron, reconociendo así que eran extranjeros y gente de paso sobre aquella tierra. Los que así se comportan demuestran claramente que están buscando una patria. Ahora bien, si lo que añoraban era la patria de la que salieron, a tiempo estaban de regresar a ella. Pero ahora suspiraban por una patria mejor, la patria celestial. Precisamente por eso, al haberles preparado una ciudad, no tiene Dios reparo en que lo llamen “su Dios” (Heb. 11:13-16 BTI).

Por ello oramos diciendo, “Señor, que tu gracia afiance la obra de nuestras manos. Que tu gracia nos capacite para perseverar en la búsqueda de tu mundo nuevo, y la justicia que le corresponde. Y que ello lo hagamos sin hacer depender nuestra perseverancia de los resultados que obtengamos. Sólo buscamos tu gloria, y la del precursor de la fe, tu Hijo, y nuestro hermano, Jesucristo. Amén”

Soli Deo Gloria

Ignacio Simal, Pastor de Betel + Sant Pau

Primer domingo de Adviento

Primer domingo de Adviento

(Palabras dichas antes de encender la primera vela de Adviento)

Imaginaos que estáis en una habitación invadida por la oscuridad. Atisbáis delante vuestro una puerta. Por sus rendijas se filtra luz. No sabéis lo que encontraréis al otro lado. Y con temor, pero expectantes, la vais abriendo poco a poco, hasta que la luz ilumina toda la estancia antes sumida en la oscuridad. Toda la estancia se llena de luz. Y ¿qué veis al otro lado del umbral? El mundo nuevo que Dios nos ha prometido. Mundo presidido por el Buen Pastor, que con los brazos abiertos nos acoge para siempre jamás. Adviento es el tiempo en el que la memoria espera ver realizadas las promesas que Dios, en Jesús de Nazaret, nos ha hecho. Promesas que en Dios son ¡sí y amén!

…/…

El profeta Isaías, en un momento el que reinaba en su mundo la más densa de la oscuridades, exclamó: ¡Ah, si rasgases el cielo y bajases! ‭‭(Isa.‬ ‭64:1) Y nosotros, viviendo en un mundo similar, decimos un sonoro “amén “, a la exclamación del profeta. Y oramos, “Señor, que este primer domingo de Adviento abras nuestros ojos a la esperanza del reino que viene. Haz que nuestras vidas vivan a la luz de la esperanza para llevar a cabo la tarea de traer luz a la oscuridad que reina en nuestro mundo. Señor, ¡apiádate de nosotros, tu Pueblo! Amén.”‬‬‬

El sembrador de luz

«La luz se esparce sobre los justos, y la alegría sobre los rectos de corazón. Alegraos en el Señor, vosotros los justos, y alabad su santo nombre.» ‭‭Salmo‬ ‭97:11-12‬ ‭NVIC‬‬

Independientemente de las circunstancias, Dios, nuestro Señor, “esparce” (o “siembra”, RV60) luz sobre nuestras existencias. Tal vez una luz tenue, tal vez deslumbrante, pero luz al fin y al cabo.

“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino”, afirma el/la creyente. Y es que tanto en las Escrituras, como en nuestro interior, y en la compañía de creyentes podemos notar como el Señor siembra luz en nuestros corazones, y ello nos llena de tanta alegría como la que cubrió el corazón de los pastores cuando recibieron el anuncio del nacimiento del Mesías. De ahí que con el salmista confesamos que nuestra alegría más veraz se encuentra en el Señor, en el Cristo. Y ello nos lleva, ciertamente, a alabar constantemente el nombre de nuestro Señor, Jesús de Nazaret.

Soli Deo Gloria

 

Ignacio Simal, pastor de Betel+Sant Pau

Adviento, un tiempo propicio para el reencuentro

Eres cristiana. Eres cristiano. Probablemente hace algún tiempo que no asistes a las celebraciones de la comunidad cristiana. Tal vez sientes nostalgia de aquellos días pasados, o tal vez no. No lo sé, pero no te juzgo.

De lo que sí tengo la certeza es de que el Dios que celebramos y bendecimos tiene un interés especial en tu persona. Te ama, y te convoca -nos convoca a todos- a la reconciliación, al seguimiento de Jesús y a su reino.

El próximo domingo, 3 de diciembre, se abre un nuevo año en el calendario cristiano. El calendario se inicia con el tiempo de Adviento, una ocasión para la esperanza, y para hacer memoria de aquel que, por medio de un ángel, anunció a los pastores, en los aledaños de Belén, una buena nueva: “No tengáis miedo, porque vengo a traeros una buena noticia, que será causa de gran alegría para todo el pueblo. En la ciudad de David os ha nacido hoy un Salvador, que es el Mesías, el Señor […] — ¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres que gozan de su favor!” (Luc. 2:10-11, 14 BTI)

Adviento es un tiempo propicio para un nuevo comienzo, para tomar aire y reiniciar tu caminar acompañado de hermanas y hermanos que te acogen incondicionalmente, y que compartirán, sin duda, tus tristezas y tus alegrías.

¡Hoy puede ser el momento de regresar a casa!

Ignacio Simal, pastor de Betel+Sant Pau