A modo de testimonio

Ignacio Simal

En muchos temas, de esos que nos encaminan al dolor, dos palabras acuden a mi lengua, “no sé”. Camino envuelto de misterios irresolubles a este lado de la vida. Sin embargo, mi creencia en Jesús de Nazaret me impide (y sí, digo ¡me impide!) pensar que solo contamos con nuestras manos para afrontar la existencia, que, de facto, estamos solos, lanzados a la suerte del devenir de la vida. Creo que Dios, en el Cristo, nos acompaña y actúa, reconduciendo los senderos torcidos que en ocasiones tomamos o, que la misma vida, inexorablemente, nos presenta como la única opción por la que transitar. Sí, para muchas situaciones que vivimos, solo tengo dos palabras que expresan mi ignorancia, “no sé”. Pero lo que sí siento en lo más profundo de mi ser es que Dios está ahí, amándome y abrazándome. No lo puedo explicar. Las palabras son del todo insuficientes. Simplemente puedo decir que lo siento así, y que confío plenamente en Dios, mi-nuestro Salvador.

Mt. 5:14-16

La “ciudad sobre el monte” es una metáfora del pueblo de Dios, ese espacio social donde debieran crecer personas constructoras del mundo distinto que viene. (Mateo 5,14-16). Ese tipo de personas solo pueden crecer en comunidades que encarnen, ¡aquí y ahora!, la justicia sistémica del mundo que soñaron los profetas y profetisas de antaño. Sin duda, el llamado “sermón de la montaña” ilumina la interioridad relacional de las comunidades de fe.

Cuando la teología cristiana se transforma en “dogmática”, traiciona los Textos de los que dice beber.

Ignacio Simal

Dios, en el Espíritu que nos da el Resucitado, nos concede la gracia de consolar, de enjugar lágrimas y de orar los unos por los otros.

Ignacio Simal

Salvación

La salvación mesiánica no debe ser reducida a una mera experiencia religiosa de transformación moral.

-Ignacio Simal, pastor de Betel+Sant Pau