Entonces dijo Dios: — ¡Que exista la luz! Y la luz existió” (‭‭Gén. ‭1:3‬ ‭BTI‬‬)

Vivimos tan acostumbrados a vivir entre penumbras, que pensamos que ello es la inevitable normalidad dentro de la existencia humana. Sin embargo, el testimonio de las Escrituras confiesa que Dios es luz, que no hay tinieblas en Él, de tal manera que el que vive y es en Dios, Su luz ilumina todas las estancias de su existencia. Ya no le es necesario acudir a luces artificiales, porque la Luz de la vida, por fin, alumbra su camino, posibilitando así la visión de todo el bosque -no solo los árboles- por el que transita. Y así hasta la eternidad.

¿Qué sería del mundo sin la buena gente?

«Los isleños nos trataron con una solicitud poco común; y como llovía sin parar y hacía frío, encendieron una hoguera y nos invitaron a todos a calentarnos.» ‭‭HECHOS‬ ‭28:2‬ ‭BTI‬‬

Qué sería de nuestro mundo si no hubiera gente buena, con corazones cargados de humanidad. Personas que, sin ser creyentes a nuestra manera o no siéndolo, muestran de una forma muy palpable la marca indeleble del ADN divino en sus acciones de cuidado. Son sal y luz. Sí, lo son. ¡Gracias, Señor, por ellos!

¿Unidad?

Juan 17:21

La unidad del pueblo de Dios no puede ser un espejismo, no puede ser algo que de vez en cuando ocurre, no puede ser una ficción. La unidad, como gracia, no se fundamenta en opiniones, sino en la experiencia de encuentro con el Resucitado. Sin unidad, la misión que se nos ha encomendado es un imposible.

(De una predicación que expuse el pasado domingo en Zaragoza)

¡Siembra!

Los que siembran entre lágrimas, cosecharán entre cánticos.” (Sal‬ ‭126:5‬ ‭BTI‬‬); “Yo os envío a recolectar algo que no habéis labrado; otros trabajaron y vosotros os beneficiáis de su trabajo.” (Jn 4:38‬ ‭BTI‬‬)

¡Sé una sembradora de luz! ¡Sé un sembrador de esperanza! Siembra siempre, aún sabiendo que tal vez no formes parte de los que recogerán la cosecha. A fin de cuentas, sembrar esperanza, es sembrar un futuro que, por serlo, no se ve. Sembramos en la esperanza de la resurrección.

Pareciera…

Zaragoza, enero, 2020

Veo amanecer en Zaragoza. Y mientras la luz rompe la noche, leo unas líneas que dicen: “Podemos ver la ciudad sobre una colina, pero parece tan lejana. Podemos imaginar la constitución de una sociedad justa, igual y sostenible en la que todos tengan acceso al común y lo compartan, pero las condiciones para hacerla real todavía no existen” (Hardt – Negri).

A continuación pienso el pueblo del Dios de Jesús. Pienso que “en ocasiones pareciera que viviéramos en un tiempo premesiánico.  Con ello quiero decir que vivimos como si el Mesías Jesús no hubiera venido. Y al instante, oro: Señor, vengan los nuevos cielos y la nueva tierra. Hágase tu buena voluntad, como en el cielo, así también en la tierra (Mt. 5:10). Amén

Ignacio Simal

¡Dejadme mirar el cielo!

¡Dejadme mirar al cielo! ¡dejadme observar el firmamento! Dejadme contemplar la obra del Dios en quien creo desde hace muchos años.

Contemplando la creación de Dios no experimento arrobamientos, no veo ángeles ni escucho voces del cielo… sólo oigo un silencio que penetra a través de todos los poros de mi piel hasta llegar a lo más profundo de mi ser. Y entonces, sólo entonces, recibo el don de ver que todo, absolutamente todo lo bueno y excelente de la creación proclama la grandeza y la gloria de Dios. Y en ese instante “mágico”, recibo la vitalidad suficiente para continuar en el camino de Jesús, proclamando el Evangelio. Una buena noticia que dice que el ser humano es susceptible de salvación, es susceptible de tomar otra dirección en su existencia teniendo como horizonte el reinado de Dios. Y todo ello por la gracia y misericordia del Dios de Jesús. ¡Dejadme mirar al cielo!

Ignacio Simal

Estem a les mans del Senyor

Una queridísima hermana de mi comunidad cristiana, cuando transitamos por momentos difíciles, comunes a todo ser humano, suele decir, “estem a les mans del Senyor” (estamos en las manos del Señor). Y, ¡cuánta verdad encierran esas palabras!

Dios, el Dios que se manifestó en la persona de Jesús de Nazaret, nos conoce más que la madre que nos dio a luz. Bien dice el salmista hebreo: Conoce cuando nos sentamos y cuando nos levantamos; nuestros trajines y descansos los conoce. Aún en la distancia conoce nuestros pensamientos (Sal. 139:1-4). Pero sobre todas las cosas, “su protección nos cubre por completo, nos cubre con la palma de su mano” (Sal. 139.5), y ahí se encuentra, como seguidores y seguidoras de Jesús, nuestra confianza y nuestro descanso. Como dice mi querida hermana, “estem amb les mans del Senyor”. De ahí que en momentos de debilidad y dolor podamos, si ponemos atención, escuchar en nuestro interior la voz del Espíritu que nos dice, ¡bástate mi gracia!, ya que, en la fe de Jesús, en medio de la debilidad podemos sentirnos fuertes, con esa fuerza que procede de lo Alto (2 Cor.12:7-10).

Posiblemente no estés pasando por buenos momentos, pero no olvides, recuerda que estás en las manos del Señor.

Sola gracia, solo a Dios la gloria. Amén

Ignacio Simal

A cada instante creamos futuro

El pasado lo tenemos delante de nuestros ojos para aprender a no repetir errores, y ¿el presente..? El presente siempre es efímero, siempre es fugaz. A cada instante creamos futuro. Es nuestro destino, ¡crear futuro!

A modo de testimonio

Ignacio Simal

En muchos temas, de esos que nos encaminan al dolor, dos palabras acuden a mi lengua, “no sé”. Camino envuelto de misterios irresolubles a este lado de la vida. Sin embargo, mi creencia en Jesús de Nazaret me impide (y sí, digo ¡me impide!) pensar que solo contamos con nuestras manos para afrontar la existencia, que, de facto, estamos solos, lanzados a la suerte del devenir de la vida. Creo que Dios, en el Cristo, nos acompaña y actúa, reconduciendo los senderos torcidos que en ocasiones tomamos o, que la misma vida, inexorablemente, nos presenta como la única opción por la que transitar. Sí, para muchas situaciones que vivimos, solo tengo dos palabras que expresan mi ignorancia, “no sé”. Pero lo que sí siento en lo más profundo de mi ser es que Dios está ahí, amándome y abrazándome. No lo puedo explicar. Las palabras son del todo insuficientes. Simplemente puedo decir que lo siento así, y que confío plenamente en Dios, mi-nuestro Salvador.

Mt. 5:14-16

La “ciudad sobre el monte” es una metáfora del pueblo de Dios, ese espacio social donde debieran crecer personas constructoras del mundo distinto que viene. (Mateo 5,14-16). Ese tipo de personas solo pueden crecer en comunidades que encarnen, ¡aquí y ahora!, la justicia sistémica del mundo que soñaron los profetas y profetisas de antaño. Sin duda, el llamado “sermón de la montaña” ilumina la interioridad relacional de las comunidades de fe.

Solo creéis…

[Juan 4:46-54]

Tenías razón cuando dijiste, “solo creéis si veis milagros y prodigios”. Pero sabes bien, Señor, que en algunos momentos de nuestra existencia los necesitamos más que el agua. Por eso, como aquel oficial de la corte que narra el Evangelio, te insistimos y clamamos hasta la saciedad pidiendo sanidad, redención y liberación para hoy, no para mañana. Tal es nuestro grado de necesidad. Bien lo sabes.


Sola Gratia

Ignacio Simal, pastor de Betel+Sant Pau

Oí tus pasos…

Te oí en el jardín, y tuve miedo…” (Gn. 3:10)

Señor, escucho tus pasos en mi bosque interior. No me espantan, ni me invitan a la huida. Más bien me convidan al encuentro, al abrazo y al amor. Ellos anuncian el descanso inmerecido del alma.

Ignacio Simal, pastor de Betel + Sant Pau