Pareciera…

Zaragoza, enero, 2020

Veo amanecer en Zaragoza. Y mientras la luz rompe la noche, leo unas líneas que dicen: “Podemos ver la ciudad sobre una colina, pero parece tan lejana. Podemos imaginar la constitución de una sociedad justa, igual y sostenible en la que todos tengan acceso al común y lo compartan, pero las condiciones para hacerla real todavía no existen” (Hardt – Negri).

A continuación pienso el pueblo del Dios de Jesús. Pienso que “en ocasiones pareciera que viviéramos en un tiempo premesiánico.  Con ello quiero decir que vivimos como si el Mesías Jesús no hubiera venido. Y al instante, oro: Señor, vengan los nuevos cielos y la nueva tierra. Hágase tu buena voluntad, como en el cielo, así también en la tierra (Mt. 5:10). Amén

Ignacio Simal

¡Dejadme mirar el cielo!

¡Dejadme mirar al cielo! ¡dejadme observar el firmamento! Dejadme contemplar la obra del Dios en quien creo desde hace muchos años.

Contemplando la creación de Dios no experimento arrobamientos, no veo ángeles ni escucho voces del cielo… sólo oigo un silencio que penetra a través de todos los poros de mi piel hasta llegar a lo más profundo de mi ser. Y entonces, sólo entonces, recibo el don de ver que todo, absolutamente todo lo bueno y excelente de la creación proclama la grandeza y la gloria de Dios. Y en ese instante “mágico”, recibo la vitalidad suficiente para continuar en el camino de Jesús, proclamando el Evangelio. Una buena noticia que dice que el ser humano es susceptible de salvación, es susceptible de tomar otra dirección en su existencia teniendo como horizonte el reinado de Dios. Y todo ello por la gracia y misericordia del Dios de Jesús. ¡Dejadme mirar al cielo!

Ignacio Simal

Estem a les mans del Senyor

Una queridísima hermana de mi comunidad cristiana, cuando transitamos por momentos difíciles, comunes a todo ser humano, suele decir, “estem a les mans del Senyor” (estamos en las manos del Señor). Y, ¡cuánta verdad encierran esas palabras!

Dios, el Dios que se manifestó en la persona de Jesús de Nazaret, nos conoce más que la madre que nos dio a luz. Bien dice el salmista hebreo: Conoce cuando nos sentamos y cuando nos levantamos; nuestros trajines y descansos los conoce. Aún en la distancia conoce nuestros pensamientos (Sal. 139:1-4). Pero sobre todas las cosas, “su protección nos cubre por completo, nos cubre con la palma de su mano” (Sal. 139.5), y ahí se encuentra, como seguidores y seguidoras de Jesús, nuestra confianza y nuestro descanso. Como dice mi querida hermana, “estem amb les mans del Senyor”. De ahí que en momentos de debilidad y dolor podamos, si ponemos atención, escuchar en nuestro interior la voz del Espíritu que nos dice, ¡bástate mi gracia!, ya que, en la fe de Jesús, en medio de la debilidad podemos sentirnos fuertes, con esa fuerza que procede de lo Alto (2 Cor.12:7-10).

Posiblemente no estés pasando por buenos momentos, pero no olvides, recuerda que estás en las manos del Señor.

Sola gracia, solo a Dios la gloria. Amén

Ignacio Simal

A cada instante creamos futuro

El pasado lo tenemos delante de nuestros ojos para aprender a no repetir errores, y ¿el presente..? El presente siempre es efímero, siempre es fugaz. A cada instante creamos futuro. Es nuestro destino, ¡crear futuro!

A modo de testimonio

Ignacio Simal

En muchos temas, de esos que nos encaminan al dolor, dos palabras acuden a mi lengua, “no sé”. Camino envuelto de misterios irresolubles a este lado de la vida. Sin embargo, mi creencia en Jesús de Nazaret me impide (y sí, digo ¡me impide!) pensar que solo contamos con nuestras manos para afrontar la existencia, que, de facto, estamos solos, lanzados a la suerte del devenir de la vida. Creo que Dios, en el Cristo, nos acompaña y actúa, reconduciendo los senderos torcidos que en ocasiones tomamos o, que la misma vida, inexorablemente, nos presenta como la única opción por la que transitar. Sí, para muchas situaciones que vivimos, solo tengo dos palabras que expresan mi ignorancia, “no sé”. Pero lo que sí siento en lo más profundo de mi ser es que Dios está ahí, amándome y abrazándome. No lo puedo explicar. Las palabras son del todo insuficientes. Simplemente puedo decir que lo siento así, y que confío plenamente en Dios, mi-nuestro Salvador.