Cuando se desbordan las aguas…

«Por eso todo fiel te implora en los momentos de angustia; y aunque a raudales se desborde el agua, no les podrá dar alcance.» ‭‭Salmo ‭32:6‬ ‭BTI‬‬

No me cansaré de decir y/o escribir sobre la importancia de fortalecer nuestro ser interior. Es en el recinto de nuestro espíritu donde se inician y consuman tanto las victorias como los fracasos existenciales, cuando “a raudales se desbordan las aguas” a nuestro alrededor. Que éstas alcancen nuestra interioridad dependerá de nuestra fuerza y resiliencia, y ello no se consigue de la noche a la mañana. Lo sabéis, lo sabemos. De ahí que, reitero, nos conviene implorar constantemente el nombre de Jesús, el Cristo. Y lo debemos hacer, especialmente, en los tiempos de bonanza, pues en ellos nos preparamos para cuando se “desborden las aguas”. De hacerlo así, la calamidad solo afectará la superficie, no al centro neurálgico del ser humano, es decir a su espíritu. Así, con el salmista, podremos decir, “aunque se desborden a raudales las aguas a nuestro alrededor, éstas nos nos alcanzarán”. La gracia del Espíritu obrando en nuestro espíritu nos sostendrá. En ello nos alegramos, ¡aleluya!

Ignacio Simal

En momentos críticos, no pienses, “todo está perdido”; ya que no es así, no todo está perdido. ¡Huyamos del catastrofismo existencial! La gracia de Dios posibilita nuevos comienzos, la gracia hace posible infinitas resurrecciones existenciales.

Siete veces cae el justo

Caemos una y otra vez, y otras tantas veces nos levantamos. La persona justa se sabe envuelta en yerros. Ya nos dirá la sabiduría que “siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse” (Pr. 24:16). La experiencia vital nos lo confirma.

De ahí que decir, o dar la impresión, de que nunca erramos, es hacer a Dios mentiroso, pone en evidencia que no hay verdad en nosotros, y que la Palabra no es la brújula que encamina nuestra existencia, viviendo así engañando, y engañándonos, hiriendo e hiriéndonos (1 Jn. 1:8-10).

Las personas justas, al saberse envueltas en yerros, son profundamente misericordiosas con los errores ajenos, y sus palabras siempre funcionan como buen ungüento sobre los corazones heridos.

-Ignacio Simal

La corrección

Hermanos [y hermanas], si alguno incurre en falta, vosotros, los animados por el Espíritu, corregidlo con amabilidad” (Gál. ‭6:1‬ ‭BTI‬‬)

Toda exhortación, toda corrección, si es que estamos guiados por el Espíritu de Jesús, debe ser envuelta en mansedumbre y amabilidad. La corrección áspera y bronca nunca logra su objetivo: crecer juntos en el camino de la fe y el conocimiento del Cristo.

Cristo, esperanza del mundo

Ni el pueblo de Dios, ni las gentes que lo componen deben considerarse el ombligo del mundo. Tampoco se anuncian a sí mismos. Más bien la iglesia anuncia la gracia de Dios manifestada en la acción del Espíritu del Mesías renovando la vieja creación, recreando el mundo (Isaías 65:17; 2 Pedro 3:13).

Ignacio simal

Conforme pasan los años, vamos cayendo en la cuenta de que no estamos aquí para siempre. Además, en el devenir de la vida ves que van faltando personas que creías eternas, ya que ilusamente pensabas que siempre iban a estar ahí. Entonces adquieres conciencia de que el día del paso de la frontera se va acercando para ti también, si es que no nos sorprende de sopetón, sin previo aviso.

De ahí que debamos invertir nuestras fuerzas –sean muchas o pocas- en lo que realmente merece la pena: la búsqueda del reinado de Dios y su justicia. El resto, como escribiera alguien cuyo nombre no recuerdo, son añadiduras tangenciales. ¡Aprovechemos la vida! ¡Es pura gracia!

La taula de Jesús – La mesa de Jesús

La mesa de Jesús es una mesa a la que son invitadas la personas heridas, aquellas que se saben imperfectas. El tomar del pan y beber de la copa, nos introduce en el abrazo sanador de la gracia de Jesús, nuestro único Señor y Maestro.

La taula de Jesús és una taula a la qual són invitades les persones ferides, les qui es reconeixen imperfectes. Prendre’n el pa i beure’n la copa ens introdueix a l’abraçada sanadora de la gràcia de Jesús, el nostre sol Senyor i Mestre.

Acto de rebeldía

”Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes.” (Daniel‬ ‭6:10‬)

“Presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.” (Romanos‬ ‭6:13‬)

El primer acto de rebeldía, ante la cotidianidad que se nos quiere imponer, se inicia al comenzar el día; y consiste en abrir nuestras ventanas al Dios del Éxodo, presentándonos como vivos en medio de un mundo que nos quiere autómatas, y decidiendo que cada palabra que digamos, cada acto que decidamos realizar, sean una herramienta puesta al servicio de la justicia del otro mundo posible según el Dios de Jesús.

Solamente entonces nuestra vivencia de lo cotidiano se convertirá en una microrevolución que cambiará la propia historia, y la historia de los que nos rodean, desafiando así al Imperio de la productividad y el consumo.

  • Ignacio Simal

No temas

Si la mirada de Dios es aterradora para el que se siente mirado entonces, como escribe María Zambrano, “la esperanza estará prisionera del terror”.

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No te olvides del Señor tu Dios

“Ten cuidado, no sea que te olvides del Señor tu Dios” (Deut. 8:11 ss.)

Cuando más conviene mantener viva la llama de la fe no es cuando caminamos en medio del desierto. En absoluto. En la experiencia de desierto lo tenemos, paradójicamente, muy presente. Lo tenemos presente como abandono, y lo expresamos a través de la queja y/o la duda. Es así. Cuando más conviene mantener viva la llama de la fe es cuando la existencia se nos presenta con su mejor rostro, ya que es en ese momento, cuando las cosas nos van bien, o relativamente bien, cuando corremos el peligro del olvido de Dios, nuestro bondadoso benefactor. Nos sentimos autosuficientes, y comenzamos a pensar, de entrada tímidamente, que nos merecemos que la vida nos muestre su rostro risueño. Y hay que decir claramente, que si olvidamos a Dios en la experiencia del bien, no estaremos pertrechados para cuando el desierto abra su horizonte delante de nuestros ojos. Y os aseguro que los desiertos están a la mano, y en cualquier momento, como el que no quiere la cosa, podemos despertar en medio de un páramo, y entonces, qué haremos… Cuando más nos conviene mantener viva la llama de la fe no es cuando caminamos en medio del desierto. En absoluto. Ya lo sabéis. Ya lo sabemos.

-Ignacio Simal

Para mí es como si no existiera…

“Para mí es como si no existiera”. Más de una vez, y más de dos, he escuchado esa frase en boca de cristianos. Por alguna razón han tenido alguna desavenencia entre ellos, y ante la incapacidad de reconciliación, dicen el uno del otro, “para mí es como si no existiera”. Y así condenamos a la “muerte” al hermano con el que hemos tenido un conflicto, lo suficiente serio -en nuestra opinión-, como para pronunciar tan graves palabras. Y así, la verdad sea dicha, no podemos vivir, si es que nos confesamos seguidores del Cristo. Para mí es como si no existiera…

Señor, como aquellos discípulos y discípulas que te acompañaron por las tierras de Palestina, también nosotros te solicitamos que nos enseñes a orar. ¡Lo necesitamos!

Pensamos que conocemos a Jesús

«Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos» (Mc. 6:6)

Pensamos que conocemos a Jesús. Y escribo «lo pensamos», porque nos creemos familiarizados con su persona. ¡La cristología nos ha enseñado tantas cosas¡ Tantas cosas, que sabemos lo que Él puede y no puede hacer. De tal manera lo sabemos, que le hemos encorsetado en nuestras estructuras de pensamiento teológico. Y tal vez, sólo tal vez, ello, en lugar de inspirar fe en nosotros, los que decimos seguirle, inspira incredulidad cuando no asombro, si el Resucitado actúa en contra, o al margen, de nuestras convenciones teológicas.

Pensamos que conocemos a Jesús

Entonces dijo Dios: — ¡Que exista la luz! Y la luz existió” (‭‭Gén. ‭1:3‬ ‭BTI‬‬)

Vivimos tan acostumbrados a vivir entre penumbras, que pensamos que ello es la inevitable normalidad dentro de la existencia humana. Sin embargo, el testimonio de las Escrituras confiesa que Dios es luz, que no hay tinieblas en Él, de tal manera que el que vive y es en Dios, Su luz ilumina todas las estancias de su existencia. Ya no le es necesario acudir a luces artificiales, porque la Luz de la vida, por fin, alumbra su camino, posibilitando así la visión de todo el bosque -no solo los árboles- por el que transita. Y así hasta la eternidad.

¿Qué sería del mundo sin la buena gente?

«Los isleños nos trataron con una solicitud poco común; y como llovía sin parar y hacía frío, encendieron una hoguera y nos invitaron a todos a calentarnos.» ‭‭HECHOS‬ ‭28:2‬ ‭BTI‬‬

Qué sería de nuestro mundo si no hubiera gente buena, con corazones cargados de humanidad. Personas que, sin ser creyentes a nuestra manera o no siéndolo, muestran de una forma muy palpable la marca indeleble del ADN divino en sus acciones de cuidado. Son sal y luz. Sí, lo son. ¡Gracias, Señor, por ellos!