La gracia de Dios lo empapa todo

La gracia de Dios, su cielo, lo empapa todo, tanto lo bueno como lo malo.

Me rodeas por delante y por detrás, posas tu mano sobre mí. Me supera este saber admirable, tan elevado que no puedo entenderlo. Salmo 139,5 al 6.

El verdadero cielo está en todas partes, aun en ese lugar donde estás. Jacob Böhme, en “Confesiones”.

No, no puedes huir de Dios, ¡de ninguna manera! Pues Dios está en todo lugar, tanto entre la espesa tiniebla que, en ocasiones, nos envuelve, como en ese reino que todo ser humano teme, el “reino de los muertos” (Salmo 139). Así que, abramos nuestro interior a Dios en medio de cualquier circunstancia, y los ojos que la fe nos procura verán el cielo de Dios.

De modo que, en lugar de huir de Dios, acerquémonos a él a pecho descubierto, sin poner freno a nuestros sentires, y más, cuando los peligros de la existencia nos acosen. Sabiendo que lo que experimentamos como un mal, siempre, y digo ¡siempre!, contra toda apariencia, milita para nuestro bien, ya que Dios en su infinita bondad y misericordia lo encamina para nuestro bien, y nuestros ojos, a su tiempo, lo verán (Romanos 8,28).

La certeza de la fe nos procura un caminar con la cabeza bien alta, sin temer ni a la vida, ni a la muerte en sus diversas manifestaciones. En medio de “prisiones”, seremos capaces de entonar salmos e himnos espirituales (Hechos 16,25), y en medio del acoso, por muy violento que este sea, el cielo se abrirá delante de nuestros ojos (Hechos 7,56). Sí, ya dice bien Böhme, “el verdadero cielo está en todas partes, aún en ese lugar donde estás”. La gracia de Dios, su cielo, lo empapa todo, tanto lo bueno como lo malo. Amén

Ignacio Simal

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