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Gracia, compasión y consuelo

Sin duda, el amor a la manera de Jesús de Nazaret, tiene sus prioridades. Desde mi atalaya privilegiada -privilegiada por la gracia de Dios- observo el pueblo de Dios -del que formo parte- y veo corazones abatidos y humillados, y sufrimiento del alma en silencio. Algunos toman fuerzas y me escriben expresando, desde la distancia que procuran las redes, sus cuitas y dolores. Lamentablemente no encuentro el tiempo suficiente para responder a todos, causando así dolor a mi corazón.

Decía que el amor a la manera de Jesús tiene sus prioridades. Y no son las que discierno en mi pueblo. Más bien las prioridades que leo son luchas que procuran visibilidad social a través de la denuncia de los “pecados” relacionados, explícita o implícitamente, con lo que se entiende por moral sexual. Una moral sexual estancada en la convención de siglos pasados y en textos mal leídos. Y ello me apena, y ¡mucho!

Creo, con todas las fuerzas de las que dispongo, que los que nos autocalificamos “iglesia”, ponemos obstáculos al Evangelio de Jesús. Hacemos del camino por el que transita la Gracia barreras infranqueables para las personas “humildes y abatidas”. Y debemos allanar el camino para que la Gracia de Dios cumpla su propósito, que no es otro que “reanimar el espíritu abatido, y reanimar el corazón humillado”. Esa es la prioridad que debemos hacer nuestra.

Por una parte, el Dios de Jesús dice a través del viejo profeta, ”no estaré siempre con pleitos, no me irritaré de continuo, pues ante mí sucumbiría el espíritu, el hálito de vida que he creado” (‭‭Is. ‭57:16‬ ‭BTI‬‬). Y mientras, nosotros, transitamos por otro camino, siempre irritado, siempre con pleitos entre nosotros y con ese mundo al que adjetivamos de inmoral (como si nosotros fuéramos un dechado de virtudes). Las banderas que ondeamos, llenos de orgullo, hacen sucumbir el espíritu y el hálito de vida de los que sufren en silencio la vida. Lo sé, lo vivo, y lo leo en la realidad que me rodea.

Tengo la certeza (la certeza de la que es capaz un ser humano) de que la gracia de Dios, a pesar de nuestras andanzas erradas, quiere mostrar compasión y dar consuelo. De ahí que Dios, a través del profeta, diga: “yo soy testigo de sus andanzas. Pero lo sanaré compadecido, lo recompensaré con consuelos; y a los que hacen duelo con él crearé en sus labios este canto: “Paz, paz al lejano y al cercano dice el Señor, voy a sanarlo” (Is. 57:18-19 BTI).

Grito, y lo hago desesperadamente, que la leyenda de la bandera que debe ondear a la vista de todo el mundo, debe decir, “gracia, compasión y consuelo”. Esa leyenda es la que logrará crear en los labios de los seres humanos un cántico nuevo y pletórico de esperanza. Nada más, ni nada menos. De esa manera haremos nuestra la locura de Dios tal y como se manifestó en la cruz del Cristo. De ese Cristo que murió implorando perdón para sus torturadores.

Sola Gracia. Solo Cristo. Solo a Dios la gloria.

Ignacio Simal, pastor de Betel+Sant Pau